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El
dictador Francisco Franco es uno de esos pocos personajes a los que Juan
Carlos de Borbón se refería “como su segundo padre”. No es para menos.
Bajo su tutela se hizo rey y jefe de Estado, desplazando del trono a su
propio padre, don Juan de Borbón.
El pacto de silencio de la “nueva sociedad española” no quiere recordar
nada que perturbe la sagrada imagen del rey. Hasta la Página Oficial
de la Casa de Su Majestad el Rey (http://www.casareal.es/)
miente y pretende borrar la historia.
Allí se lee: “Su Majestad el Rey Don Juan Carlos (...) Por expreso deseo
de su padre, su formación fundamental se desarrolló en España”. ¿A qué
viene esa aclaratoria? Muy simple, es conocido que Franco asumió la
educación del príncipe como un asunto de Estado, y fue él quien decidió
que estudiara en España bajo su tutela y orientación, desde que cumplió
los 10 años de edad.
Más adelante, la Web Real señala que fue “Designado sucesor a la Jefatura
del Estado en 1969”. Así de sencillo. Para nada dice quién lo designó.
¡Que desagradecidos!, al no mencionar a “su segundo padre”. Tampoco
menciona que ante esta designación su padre, don Juan de Borbón, lo
confrontó y le recordó que él era el heredero del trono y que se reservaba
el derecho de revocar, en lo formal, cualquier decisión de Franco.
Para
entender el fenómeno de la monarquía de Juan Carlos de Borbón es necesario
indagar en la historia del franquismo. ¿Por qué, cuándo y cómo Franco
decide sustituir a don Juan de Borbón del trono y promover a su hijo Juan
Carlos? Vale la pena recurrir nuevamente al historiador e hispanista Paul
Preston, y ver los hechos desde su libro Franco “Caudillo de España”
(Editorial Grijalbo Mondadori, 1998).
El 31 de marzo de 1947 llegó a casa de los Borbón el ministro Carrero
Blanco, mano derecha de Francisco Franco y redactor de la Ley de Sucesión,
que se aprobaría ese mismo día, para informarle a don Juan de Borbón que
con esta Ley sería Franco quien nombraría al monarca del reino “cuando lo
considere conveniente”. Además, le comunicó a don Juan -heredero del
trono- que podría “ser Rey de España, pero de la España del Movimiento
Nacional, católica, anticomunista y antiliberal…”.
Después de ese día -relata Paul Preston en su libro de 1.043 páginas- don
Juan de Borbón y sus consejeros se inclinaron a “reforzar sus lazos con la
oposición antifranquista de izquierda. El 7 de abril de 1947, don Juan
hizo público el Manifiesto de Estoril, en el que denunciaba la ilegalidad
de la Ley de Sucesión que se proponía alterar la naturaleza de la
monarquía sin consultar ni con el heredero del trono ni con el pueblo.
Franco, Artajo y Carrero estuvieron de acuerdo en que don Juan se había
eliminado a sí mismo, a partir de ese momento, como sucesor adecuado del
Caudillo (...); desataron una furiosa campaña de prensa contra don Juan en
la que se le juzgaba como instrumento de la masonería y el comunismo
internacional”.
Desde el 18 de julio de 1947, como resultado de la Ley de Sucesión, Franco
actuaría como el monarca del recientemente proclamado reino de España,
considerando que el trono estaba vacante.
EDUCADO POR EXPRESO DESEO DE FRANCO
El futuro de Juan Carlos I se selló el 25 de agosto de 1948, cuando Franco
concertó una entrevista con don Juan de Borbón, en su yate, el Azor, en el
golfo de Vizcaya. Allí Franco le “manifestó un inmenso interés en que el
hijo de diez años del pretendiente [don Juan, quien nunca fue rey], Juan
Carlos, completara su educación en España (…) En el fondo, sin embargo,
don Juan estaba convencido de que no habría restauración contra la
voluntad de Franco”, y accedió bajo la promesa de “que el periódico
monárquico ABC podría informar libremente y que se levantarían
las restricciones de las actividades monárquicas…”.
Desde ese día, el franquismo sabría que Juan Carlos de Borbón, “por la
Gracia Divina de Dios y del Caudillo”, sería rey de España; por encima de
su propio padre y de quien se interpusiera. Así, Juan Carlos, nacido y
residenciado en Roma, llegó a España el 9 de noviembre de 1948 y fue
recibido por Franco en su residencia de El Pardo, donde le dijo que su
educación estaría a cargo de un grupo de profesores de firme lealtad al
franquismo.
En 1954 el general Franco continuaba orientando personalmente la senda de
la educación del joven Juan Carlos de Borbón, después de culminada la
secundaria. A pesar de que don Juan le había escrito al “Caudillo”, el 16
de julio de 1954, que ya era hora que su hijo comenzara estudios en la
Universidad de Lovaina (Bélgica), Franco orientó su ingreso en la Academia
Militar de Zaragoza y después en la Universidad Complutense de Madrid, y
unas “pasantías en el arte de gobernar” al lado del dictador español.
En carta a don Juan de Borbón, escribió Franco el 2 de diciembre de 1954:
“estimo indispensable que la formación del Príncipe discurra no sobre una
parcela física de nuestro territorio, sino dentro de los principios que el
Movimiento Nacional [falangista] inspira…”.
En 1956, Franco designa al general Carlos Martínez Campos como tutor del
joven Juan Carlos, luego del trágico disparo a su hermano menor Alfonso. A
tal punto llegaba la influencia de Franco en la vida del futuro rey de
España, que con su aprobación Doña Sofía de Grecia se convirtió en esposa
de Juan Carlos de Borbón, en 1962.
CONTRA SU PADRE, SUCESOR DE FRANCO
El 12 de julio de 1969, Franco le comunica a Juan Carlos que sería su
sucesor y lo proclamaría rey de España. A la vez le pidió que no informara
nada a su padre, hasta que se concretara su decisión en las Cortes
Españoles. Don Juan de Borbón se molestó mucho al enterarse de ello, y
denunció a “una monarquía que estaba irrevocablemente ligada a la
dictadura”. Es decir, su hijo y Franco.
Para tranquilidad de Juan Carlos de Borbón, “en febrero de 1971, el
general Vernon A. Walters, segundo jefe de la CIA, visitó Madrid en nombre
del presidente Nixon; [le preguntó] al Caudillo qué ocurriría en España
tras su muerte. Franco le respondió a Walters que la sucesión de Juan
Carlos tendría lugar sin ningún disturbio…”; continúa narrando Paul
Preston en su libro Franco “Caudillo de España”, al reseñar las
memorias de Walters.
Las huelgas obreras y estudiantiles, la corrupción de los funcionarios, la
represión policial y el asesinato de dirigentes de izquierda era lo común
en aquellos días. Para el régimen español la convulsión social no era más
que una conspiración de masones y comunistas contra el ‘Generalísimo’ y el
derecho a la sucesión tranquila de Juan Carlos I.
El 19 de julio de 1974, el dictador de España, gravemente enfermo, firmó
la aplicación del artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado para que Juan
Carlos asumiera como Jefe de Estado y rey, luego de su muerte. Tal como lo
había previsto Franco desde 1948, todo se consumó el 22 de noviembre de
1975. Dos días después de su muerte seguía mandando.
Franco tuvo hasta el poder de instaurar el salto en la línea de sucesión y
designar rey a Juan Carlos. Según la tradición monárquica española la
sucesión debía recaer en su padre, don Juan de Borbón, tercer hijo y
heredero del rey Alfonso XIII. “Dicho salto fue aceptado por el príncipe
Juan Carlos, creando un conflicto interno en la Casa Real de Borbón”.
De tal magnitud fue la confrontación que el padre de Juan Carlos dejó de
hablarle y le retiró la Cruz de la Victoria, símbolo del Principado de
Asturias y del heredero de la Corona española. Y no fue sino hasta el 14
de mayo de 1977 que don Juan de Borbón renunció oficialmente a sus
derechos sucesorios y a la jefatura de la Casa Real en beneficio de su
hijo Juan Carlos, una vez que hubo constatado la imposibilidad de acceder
al trono.
A partir de ese momento, “Su Majestad Don Juan Carlos I de Borbón y
Borbón, Rey de España”, también heredaría los títulos de Rey de Castilla,
de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de
Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Cerdeña, de Córdoba, de
Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar,
de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, de las
Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Además de Archiduque de Austria.
Así de absurda es la monarquía que, doscientos años después de la
Independencia de América, todavía ostenta el título de rey de “las Indias
Occidentales”. Por si acaso.-
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