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Carta abierta a Felipe de Borbón por el día de su cumpleaños,aspirante a jefe del Estado Español y jefe de las fuerzas armadas.
El Mercurio Digital
David Arrabalí Campos
Sr. Borbón:
Usted se ha declarado aspirante a jefe del Estado y de las fuerzas armadas, por
lo que me permito dirigirle esta carta pública por el día de su cumpleaños y
aprovecho la misma para felicitarle.
No seré yo quien le niegue entre las españolas y los españoles su legitimidad a
la hora de aspirar a llegar a la jefatura del estado español, ni a usted, ni a
ningún otro candidato o candidata, como es lógico.
Nuestro actual sistema político de democracia representativa y monárquica, nos
la trajeron con muchas concesiones y sufrimientos nuestros padres. Unos,
renunciaron al monopolio absoluto y violento del poder y los otros, a no pedir
cuentas por la gestión de ese monopolio.
Nuestros padres, lo definieron como la reconciliación nacional, así lo
decidieron y así se ha respetado. Tenían el objetivo común, de abandonar
definitivamente una etapa de la historia Española, gris y dolorosa. Ellos,
trabajaron por abandonar esa etapa, a nosotros, nos queda trabajar porque el
abandono de esa etapa sea definitivo.
En mi opinión, lo que nuestros padres llamaron transición es una obra inacabada
y que corresponde a nuestra generación. No sé si compartirá esta opinión, pero
usted sabrá que algo queda por hacer, cuando siendo adolescente le costaba
entender por qué no podían ser alguna de sus hermanas mayores las que cargaran
con la pesada tarea de ser jefas de estado.
Mientras yo no tenga el derecho efectivo de ser también aspirante, a ser
elegido como jefe del estado, estoy obligado a considerar que la transición esta
por cerrar. Nuestros padres dejaron para mañana la consulta popular sobre la
España Republica, sobre la elegibilidad de la jefatura del estado y las
garantías de los derechos sociales, para todos y todas sin excepciones.
Le pido su apoyo para mi legitima aspiración, se que usted podría ayudarme, su
formación y su influencia entre muchos españoles haría que muchos más me
escucharan.
Tengo presente, que ninguno de los dos, hemos elegido con libertad nuestro
destino, hemos heredamos compromisos de otros, tomados en otras circunstancias y
con muchas tareas pendientes por hacer. Además, se nos exige estar a la altura
de las nuevas circunstancias.
El tren de la historia, lleva treinta años esperando un empujón para llegar a la
estación de la libertad, de la igualdad y la fraternidad solidaria, entre todas
las personas y todos los pueblos que conviven en España. Algunos, un tanto
ambiciosamente, lo llaman la segunda transición.
Usted goza de todos los derechos. Considero que en lo que a usted se refiere la
transición cumplió su objetivo, es por ello que entiendo que la transición para
usted sea una cuestión del pasado, pero no para muchos españoles y españolas.
Somos muchos, los que aspiramos a que el estado garantice los derechos
constitucionales y estoy segura que usted compartirá conmigo que deben
extenderse esos derechos de forma plena a toda la ciudadanía: vivienda, trabajo,
educación, sanidad de calidad, democracia participativa, respeto a la libre
decisión, a un planeta ecológicamente sostenible y donde la paz sea un medio y
un fin.
No obstante, no puedo ocultarle que me gustaría debatir con usted, alguno de los
derechos constitucionales que disfruta en exclusividad, me refiero por ejemplo,
al derecho constitucional para su persona de estar por encima de la ley.
Somos ya más de la mitad los españoles que no votamos la constitución, no
teníamos capacidad de votar y muchos ni uso de razón, incluso ni habían nacido.
Tenemos derecho por lo tanto a opinar sobre como dar por finalizada la obra
inacabada, conocida como transición.
Es importante, que temas tan serios como los que nos ocupan, los tratemos de
forma seria, por eso le planteo si usted estaría dispuesto a apoyar un
referéndum para que los españoles podamos decidir el modelo de estado, podamos
decidir entre elección o sucesión, podamos elegir, en definitiva, entre
Monarquía o República. Perdone mi osadía, pero tenía que decirlo.
Atentamente,
David Arrabalí Campos |