Preguntas
para una izquierda diferente
Cádiz
Rebelde
4-1-04
Por aquello
de que creemos que la izquierda, en esta época y siempre, es bueno que tenga más
preguntas que respuestas, hemos llenado este editorial de cuestiones, de
interrogantes que, en algún momento hemos podido hacernos todas y todos, y
cuyas respuestas pueden contribuir a ir tejiendo, enhebrando algo diferente, a
partir de la necesidad de nuestra subjetiva y militante forma de interpretar la
realidad.
Es obvio que un montón de gente de izquierdas, hoy por hoy, se encuentran huérfana
de representación en el actual marco jurídico e institucional, en el actual
reparto partidario del poder, pero no es menos cierto, que no se resigna a
aceptar con desaliento el divorcio que parece haber nacido entre la izquierda
institucional y la izquierda social, entre los que han acomodado la ideología a
sus propios intereses con la esperanza de verse con despachos y coches
oficiales, y las buenas gentes que siguen pensando en la izquierda como la única
alternativa de superar un presente oscuro y mísero.
Aquí no se desanima nadie, porque somos muchos los que no acabamos de ver las
bondades del capitalismo por ningún lado, y que sin embargo nos preguntamos,
para empezar el célebre ¿qué hacer?, pero además, ¿administrar el
capitalismo, con buenas maneras, es la máxima aspiración que puede tener la
izquierda? ¿Ser como, parecerse a, estar con la socialdemocracia es el triste,
único y último destino para la izquierda alternativa? ¿Qué dirían de ello
tantas gentes que pagaron con su vida, o con sufrimientos mil, el derecho a
vivir en una sociedad socialista de verdad? ¿Por qué siempre renovarse y
modernizarse son sinónimos de derechizarse, de buscar electorado en sectores
sociales que no quieren cambios profundos, y olvidar así a los sectores más
combativos de la sociedad? ¿Por qué hay que limitar el accionar político a la
búsqueda desesperada de votos? ¿Cómo va a organizar la izquierda la
resistencia contra la maquinaria más poderosa de aniquilar que son los EEUU?
Cuando la izquierda se junta con la ideología nacionalista de los países por
hacer, ¿se trata de una alianza táctica, estratégica, o simplemente una
bandera a la que engancharse en una época de crisis? ¿Confiar en los medios de
comunicación del enemigo (falsimedia), es inocencia, ignorancia, impotencia, o
simplemente que no los ven tan enemigos?, ¿Es la izquierda consciente de la
necesidad de ahorrarse lideres sempiternos, que se creen salvadores
imprescindibles y que se pegan a los cargos con la más que dudosa excusa de que
son referentes y personas conocidas por las masas? ¿Se puede tener credibilidad
al defender una sociedad mejor, cuando para ganar Congresos y Asambleas es
necesario amenazar y descalificar, trucar censos, falsificar firmas, ofrecer
cargos remunerados, recurrir a asalariados de la organización, o a gente muy
mayor cargada de símbolos y que votan al líder sin preguntar más, cual brazos
de yeso? ¿Merece ser de izquierdas el dirigente que prefiere diez minutos de
televisión a cien mil militantes en las calles? ¿Qué responsabilidad tenemos
en la izquierda por haber construido una sociedad tan de derechas? ¿Quién ha
prestado atención al hecho de que la ideología que decimos combatir, se ha
colado hasta el tuétano en las propias organizaciones que dicen ser de
izquierdas?, ¿Y si el imperialismo invade Cuba o Venezuela, qué vamos a hacer,
una manifestación de repulsa en el Mc Donald más cercano, o pediremos –quizás-
que la ONU haga una resolución de condena? ¿Seguiremos enfermos de
institucionalismo parlamentario hasta el final de nuestros días? ¿Por qué los
que mandan en las organizaciones de izquierda jamás se preguntan nada?