JAVIER
ORTIZ
Dice Rodríguez Zapatero que el
equipo de asesores que ha nombrado tendrá la misión de «iluminar los pasos»
de la dirección socialista durante la campaña electoral.
Bono, uno de los diez designados, se apresuró a destacar la importancia que en la labor de este equipo de iluminación tendrá «la lealtad a España».
Ignoro
qué es eso, pero constato que el secretario general socialista no ha incluido
en el grupo a nadie significado por su sensibilidad hacia los problemas históricos
causados por el uniformismo nacional, tan caro a las castas dirigentes del
Estado español. Por el contrario, ha decidido rodearse de políticos que se
caracterizan precisamente no ya por su nula sensibilidad hacia esos problemas,
sino por su pretensión de que ni siquiera existen. Hasta el propio origen político-geográfico
de los elegidos parece una caricatura de esa opción: todos proceden del centro
y del sur de España.
Así
iluminados los pasos de Zapatero, es de temer que del Ebro para arriba sólo se
vea su sombra. Con Bono, Rodríguez Ibarra y Peces-Barba como cerebros de la
asesoría, el papel de las llamadas «nacionalidades históricas» en la campaña
electoral socialista tiene muchas posibilidades de ser de celofán.
En
paralelo a este error de criterio, no confeso, Zapatero ha incurrido en otro
proclamado a los cuatro vientos: ha decidido poner en el centro de su campaña
electoral a varios caracterizados representantes del equipo que acompañó a
Felipe González durante su trecenato en La Moncloa. «Es un capital humano
valiosísimo», dice.
En
lugar de hacer lo imposible para que los del PP se vean obligado a desterrar de
una vez la cantinela del «pues mira que lo que hicisteis vosotros», él les da
facilidades. ¿Qué clase de imagen renovadora puede ofrecer alguien que conjura
fantasmas de un pasado del que quizá él esté muy orgulloso, pero que buena
parte de la población identifica con una política económica y una política
exterior antecesoras de las actuales, con negocios privados hechos con dinero público,
con prácticas policiales planeadas a imagen y semejanza de las terroristas, con
unos medios de comunicación estatales tan al servicio del Gobierno como ahora y
con todo lo demás?
El
director de campaña del PP, Gabriel Elorriaga, declaró anteayer que no vale la
pena debatir las propuestas programáticas del PSOE, porque todo el mundo sabe
que los socialistas no van a conseguir los votos suficientes para gobernar en
solitario; que a lo único que pueden aspirar es a gobernar formando una gran
coalición con el resto de los partidos, cosa que, de producirse, les obligaría
a trazar un programa conjunto, diferente del que van a llevar a las elecciones.
Él lo planteó como crítica, pero a mí me parece una ventaja. Me da que sólo la necesidad de aliarse con otros partidos puede reconducir al PSOE por caminos mejor iluminados.
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