El
Periódico de Catalunya
Se dijo hace año y medio en esta misma columna y no nos
equivocamos: que España sabría recompensar al Ejército por la reconquista del
islote de Perejil, de irrenunciable identidad española, que la Morería aviesa
había ocupado.
Lo que no nos podíamos imaginar es que la acción militar, que no tuvo nada de
heroica, se premiara con tanta generosidad. 72 cruces al Mérito Militar, nada
menos, se han concedido por la participación de la tropa en una operación
castrense que sólo ocupó un ratito y que no exigió ni el disparo de balas de
fogueo. El enemigo se entregó sin resistencia, cuando comprobó que llevaba las
de perder, pues España se había tomado muy en serio lo que no parecía más
que una broma.
Uno tiene sus dudas sobre si se habrán magnificado los hechos, para que la
concesión de tantos y tan preciados galardones se ajustara al reglamento de
distinciones militares. Por encargo del señor Trillo, quizá se puso un
poco de heroicidad a la recuperación del islote, convirtiendo en una gesta lo
que más parecía un supuesto táctico o unas maniobras que una acción bélica.
O una guerra como de las de Gila.
Han sido 72 medallas, que los militares condecorados lucirán con orgullo,
aunque les resulten difíciles de explicar los méritos contraídos para
merecerlas. Pueden parecer muchas, pero al Ejército del Aire le parecen pocas,
pues, en el reparto, 64 correspondieron a las tropas de Tierra, 8 a la Armada y
ninguna ha sido para la aviación, a pesar de que los F-18 con los colores de
España estuvieron sobrevolando la zona, en previsión de que aparecieran los
reactores del enemigo.
Habrá que arreglarlo. Los del Aire saben cómo fue la operación y podrían
irse de la lengua.