DE
PORTO ALEGRE A BOMBAY
Carlos
Taibo *
Dos
tipos de eventos --las contracumbres y los foros-- han sido asiento fundamental
del crecimiento de los movimientos que han decidido plantar cara a la
globalización en curso. Si las primeras vieron la luz con el designio de dar réplica
a los cónclaves que organizaban unas u otras instancias oficiales, los segundos
respondieron al propósito de aportar recintos de debate que permitiesen dejar
atrás la condición, a menudo estrictamente protestataria, que atenazaba, a los
ojos de muchos, a las contracumbres.
Nadie en su
sano juicio se atreverá a negar que los eventos que nos ocupan --tanto foros
como contracumbres-- han exhibido muchas virtudes. Han fortalecido, por lo
pronto, el discurso crítico característico de los movimientos y han dotado a
éstos de una sesuda batería de propuestas alternativas. Han generado, por otra
parte, un muy saludable sentimiento de comunidad entre gentes que otrora
trabajaban por separado. Han servido, en fin, de reclamo para que las redes de
contestación alcanzasen mayoría de edad a los ojos de muchos medios de
comunicación. Todo ello invita a afirmar,
sin lugar para la duda, que contracumbres y foros han servido de formidable
catapulta para que los movimientos sean hoy lo que son: una realidad viva que ha
despertado inusitadas esperanzas en el conjunto del planeta.
Nada sería más desafortunado, sin embargo, que olvidar que con el paso
del tiempo las instancias que nos ocupan se han ido revelando, también, como
una fuente de problemas delicados. El primero de ellos, y a buen seguro el más
oneroso, lo aporta la posibilidad de que contracumbres y foros acaben por
sustituir, en los hechos, a los movimientos. Urge subrayar que unas y otros sólo
tienen sentido si en el ámbito local existen, con anterioridad, redes
organizadas o, en su defecto, si sirven para acelerar la creación y la
consolidación de éstas.
Uno está
obligado a preguntarse, por ejemplo, qué huella ha dejado en nuestras ciudades
y pueblos la muy nutrida presencia de jóvenes, el pasado noviembre, en el Foro
Social de París. No vaya a ser que las reuniones internacionales se conviertan
en el quehacer principal de unos movimientos que, entonces, desatenderían los
menesteres cotidianos más inmediatos. El futuro de esos movimientos en modo
alguno se dirime, sin embargo, y como pudiera parecer, en Porto Alegre, en
Bombay, en Génova, en París o en Barcelona: depende, casi en exclusiva, del
trabajo en los escenarios que nos son más próximos.
Y al respecto
se antoja cada vez más urgente que las redes tomen conciencia de que
contracumbres y foros apenas guardan relación con el asentamiento organizativo,
con el trabajo realizado con vocación de permanencia o con las campañas de
sensibilización. Uno de los muchos activistas que trabajó denodadamente en la
organización de la contracumbre barcelonesa de marzo de 2002 puso el dedo en la
llaga al glosar los equívocos que se derivaban del desmesurado optimismo que
levantó la macromanifestación del día 16 de aquel mes: "Lo que a mi me
gustaría saber es dónde están esas 400.000 personas los 364 días restantes
del año". Aunque los movimientos disponen, en otras palabras, de energía,
y de capacidad de convocatoria, en la mayoría de los lugares carecen de los
canales que permitan iluminar barrios y pueblos.
Otra dimensión
delicada que acompaña, de un tiempo a esta parte, a los foros --las
contracumbres se prestan menos al juego correspondiente-- es la que hace de aquéllos
un lugar propicio para el desembarco de fuerzas políticas y sociales cuya
relación con los movimientos reales es más bien liviana. El ejemplo más
granado de esas fuerzas lo ofrecen segmentos significados, acaso los más
ilustrados, de la socialdemocracia europea, que de un tiempo a esta parte, en
Porto Alegre, en París o en Bombay, han recalado en la playa de la resistencia
global. Aunque lo suyo es celebrar la presencia de esas gentes en los foros
--configura, por lo pronto, un indicador halagüeño del atractivo de éstos--,
es inevitable que muchos activistas muestren sus recelos al respecto y subrayen
que los protagonistas del desembarco, remisos a trabajar en los movimientos,
bien se cuidan, en cambio, de procurar el repetidor mediático que las reuniones
internacionales dispensan.
En la dimensión
que ahora nos interesa, los foros se han convertido, por añadidura, en el
escenario más apropiado para que saquen adelante sus propuestas los sectores más
moderados de cuantos se dan cita en los movimientos. Tal es el caso, por citar
el ejemplo más reciente, de los que han dado en impulsar un concepto tan
discutible como es el que reivindica una globalización alternativa. El ascenso
de esas propuestas se antoja con frecuencia inseparable, por lo demás, del
desmesurado predicamento del que disfrutan santones intelectuales y liberados de
organizaciones políticas en detrimento del trabajo de activistas menos
vistosos. Cada vez resulta más palpable que los primeros suscitan entre los
segundos sospechas que no siempre son injustificadas.
No es difícil
barruntar una conclusión general del balance que acabamos de trazar: una de las
prioridades de los movimientos decididos a plantar cara a la globalización que
padecemos estriba en calibrar cuáles son las aristas negativas de contracumbres
y foros que, pese a ellas, siguen siendo un activo importantísimo para explicar
por qué tantas conciencias están empezando a despertar.
Carlos
Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid.
FRASES
DE ACOMPAÑAMIENTO
Contracumbres y foros han permitido generar un sentimiento de comunidad,
y dotar de una imagen mediática, a muchas redes que antes trabajaban por
separado.
Los foros sólo adquieren sentido pleno si en ellos el protagonismo
corresponde a movimientos que, de antes, trabajan efectivamente en el ámbito
local.