Coincide la visita de Rice a España con una desgraciadísima actuación de la
fiscalía, recurriendo la imputación de los asesinos de José Couso. Si ese
recurso tiene algo que ver con esa visita, sí que se podría hablar de
sacrificar a las víctimas para alcanzar acuerdos con los violentos: ahí
quiero ver yo a Alcaraz. Pero el problema no es que se dialogue con la Rice,
sino que es impensable que nuestro gobierno se reúna con ella para intentar
solucionar problemas como el iraquí y el palestino y consiguiera que los
gobiernos estadounidense renuncien a inaugurar un genocidio por legislatura.
Si se obtuviera el compromiso firme de que se han acabado las invasiones
asesinas, de que se entrega a los iraquíes y a los afganos la plena soberanía
sobre su territorio, ayudándoles en todo lo que se pueda a reconstruir sus
destrozados países, si se posibilitase una paz en Palestina que no incluyese
la humillación, la masacre y el hambre... Si consiguiéramos todos esos
compromisos, daría por buenos ciertos sacrificios, como la renuncia a
encarcelar a los asesinos de Couso o incluso a juzgar
a Aznar, empeño que se pondrá en marcha aprovechando la visita de la señora
Rice.
Pero no parece que vayan por ahí los tiros. La visita de Rice será un
instrumento para rendir pleitesía, para lavar unos supuestos pecados y
obtener un cierto perdón por parte del Emperador. Incluso el mero diálogo
por el diálogo sería aceptable: es una estupidez pedir que no se dialogue
mientras haya violencia, pues se trata de dialogar para conseguir que deje de
haberla. Pero los que nos venden puritanismos internos según los cuales sólo
podría uno dialogar con Gandhi, nos tienen que explicar por qué no hay
problema en dialogar con esta señora.
Por ser claro: ¿es más asesino Josu Urrutikoetxea que George Bush? ¿O
simplemente es menos poderoso?