El
valor de la Fraternidad
Jaume d'Urgell
UCR
31 de octubre de 2007Es innegable: la República está en el aire. La Fraternidad es el árbol del que se obtiene la paz, la solidaridad, la amistad y el reparto equitativo de la riqueza. La Fraternidad convierte a los ciudadanos en amigos y a los amigos en hermanos.
Al ser preguntada, Doña Emilia se refirió al «destierro voluntario» como el pasar «una temporada entre los hermanos musulmanes». Valiente afirmación para un miembro de la 'nobleza'. He aquí la defensa de un valor genuinamente republicano: el de la Fraternidad. Fraternidad, entendida como un vínculo cuasi familiar, que incluiría a todos los individuos de la Humanidad.
La Fraternidad es el árbol del que se obtiene la paz, la solidaridad, la amistad y el reparto equitativo de la riqueza. La Fraternidad convierte a los ciudadanos en amigos y a los amigos en hermanos. Fraternidad es el principio generador de la unión que nos permite restablecer la Justicia cada vez que el interés general se ve atacado por el particular, a consecuencia de la codicia de los defensores de lo arbitrario.
Fraternidad es comprensión, diálogo y entendimiento. Fraterno es el perdón de los Pueblos; el valor de los obreros; el respeto a la diversidad; el recuerdo equilibrado y todo camino hacia la paz. Fraterna es toda sociedad consciente, como fraterna es la honradez; la mirada de los humildes; la razón de los justos; la convicción de los héroes… el vínculo de la amistad. Fraterno es el proceso creador y fraterna es —por antonomasia—, la aparición de una familia.
Ayer, sábado 27 de octubre de 2007, tuvo lugar un hecho que, a pesar de su singularidad, pasó inadvertido no solo para el gran público, sino también para buena parte de los invitados a su celebración… la celebración de una boda un tanto especial: la boda de un republicano. Doy por hecho que a estas alturas más de uno pensará que «no hay para tanto», pues bien, sí lo hay, y a continuación explico el por qué:
Bodas hay muchas, cierto, pero pocas como la de ayer. En primer lugar, porque ambos contrayentes adoptaron la decisión de excluir a este Estado de algo tan íntimo y crucial para sus vidas. Decisión que cabe interpretar como una especie de súper abstención activa… una muestra del rechazo provocado por la mafia que acapara buena parte de las instituciones públicas, convirtiendo la política en un desprecio a la más elemental representatividad popular.
Nuria y Antonio excluyeron al Estado —el mismo Estado que muchos consideramos ajeno, superfluo… preso de una banda de ladrones hostiles—, excluyeron al Estado, pero no por ello renunciaron a lo que verdaderamente importa: en pie, ante nosotros, se encontraba una pareja de trabajadores —íntegros y sencillos—, haciendo público deseo de constituirse en una familia, sobre la base del amor, la ternura, el respeto, la confianza y la solidaridad.
Entre los asistentes, lo miembros del colectivo de agitación intelectual «La Periferia», continuadores de lo que fuera la Unión de Republicanos de la Isla, a cuya labor se debe la recuperación de «La Semana Republicana» de San Fernando de Cádiz. Y digo esto, para tratar de describir algo que supera el alcance de las palabras: no se trata de simple camaradería, ni siquiera de amistad, así, en minúsculas… En la ciudad que hace casi dos siglos viera la luz uno de los más avanzados textos constitucionales que ha tenido este país de países, en el día de ayer, volvimos a sentir la emoción de lo inminente.
Sensación de compromiso cívico, de plenitud política e idoneidad histórica… a escasos metros del lugar donde yacen los caídos por causa de la dignidad de la mayoría, mezclados con tierra, junto a nuestros padres, con nosotros, lejos de la falsa altura y el mármol frío que sirven para no olvidar el apellido del cabecilla de los genocidas… Ahí, junto al recuerdo, la brisa de la bahía trajo consigo el viento del Pueblo, empujando las velas de lo inexorable.
Aprovechándonos de la convocatoria nupcial —acaso complementándola— , lo que hasta ayer no era más que un grupo de amigos, tornó en nueva y vasta familia: una familia de trabajadores conscientes de su clase; súbditos renacidos en miembros de la Ciudadanía… causa y efecto de la Fraternidad, de la empresa común, el sueño libertario, juventud que no sabe de años… casi con todo por hacer, pero arropados por la seguridad de conseguir todo lo que nos propongamos.
Ayer, la República se dejó sentir en el aire, golpeando nuestras caras con súbita frescura; en la ilusión de nuestros abrazos; en el brillo y la serenidad de cada reflexión; en la firmeza al darnos la mano; en la alegría de nuestras charlas; en el frescor de la arena en los pies; en las palabras de nuestros padres…
Mucho hablamos de la Libertad, es decir, del 'qué'; y con frecuencia hablamos también de la Igualdad, o sea, del 'por qué'; pero sin Fraternidad, nos olvidaríamos del 'cómo', exponiéndonos a la posibilidad de dejar ser nosotros mismos.
¡Salud y República!
Jaume
d'Urgell. Cádiz, octubre de 2007