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El
truco de la autocrítica
Francisco Fernández Buey *
El País, 18 marzo 2007
No
seré yo quien vaya a negar la evidencia. Que bastantes personas que se
decían de izquierdas, e incluso revolucionarias, en la década de los sesenta o
los setenta, se han hecho luego de derechas es un hecho. Se suele hablar de los
casos más llamativos en el ámbito político, el de aquellas personas que un día
fueron la izquierda de la izquierda y hoy son la derecha de la derecha. Pero el
proceso es más amplio y más profundo. Afecta también a intelectuales de lo
que un día fue la izquierda moderada o “social-demócrata”,
El
fenómeno no es nuevo. El transformismo de los intelectuales es algo tan
antiguo y tan repetido que volver sobre el asunto resultaría tedioso si no
fuera porque en ese paso hay implicadas algunas tragedias que a veces se
olvidan. Sólo recordaré una: la conversión de Benito Mussolini, paladín
Así
que por ahí nada nuevo bajo el sol. Vamos con las novedades. En España
hay dos que subrayar. Una es la práctica
consistente en agrandar el propio pasado revolucionario para luego, bajo la
apariencia de estar haciendo razonable autocrítica, poner a parir, por
antiguos, a los colegas que sí fueron de izquierdas y siguen siéndolo. La
operación suele dar buenos dividendos en la sociedad
La otra particularidad recurrente en la sociedad mediática de la España actual consiste en llamar intelectual a cualquier cosa. En esto los medios de intoxicación de masas de la derecha política vienen jugando un papel preponderante. Primero desprestigian a los pocos intelectuales serios que hay y luego elevan a la categoría de intelectual al tránsfuga que en el pasado fue, a lo sumo, un politicastro o un escribidor de catecismos. Elevado el tal a los altares de la intelectualidad, lo colocan a continuación en la lista de los objetos consumibles. Y así se hincha la nómina de los supuestos intelectuales que fueron rojos y ahora son azules.
Una
de las consecuencias perversas de estas dos cosas es que al final, y el final es
ahora, el amable lector acaba creyéndose lo que dice el intelectual que dice
que fue de izquierdas y lo que dicen los medios de la derecha del politicastro
convertido en intelectual por arte de biribirloque. La otra prensa, los
otros medios que no se quieren de derechas, suelen hacer eco. Y así vamos
perdiendo cualquier concepto serio de las palabras “intelectual” e
“izquierda”.
Paralelamente
se recorta (a veces hasta el doloroso olvido) la lista de quienes, con los
distingos de rigor, se han mantenido leales a los valores de la izquierda que
defendieron en el pasado. La visión periodística de la historia, el
presentismo y la tendencia a convertirlo todo en espectáculo, en titular o en
publicidad tienen mucha culpa en esto. Y es ya evidente para cualquier lector
habitual de periódicos y semanarios culturales que la culpa de la hinchazón de
aquella nómina y
Me
pregunto, y pregunto a los que leen, si en vez de seguir hinchando el globo de
los tuis y de los politicastros que se pasan a la derecha, no sería
mejor hacer algo, ahora que estamos en lo de la memoria que se quiere histórica,
para honrar a los intelectuales de izquierdas que se han mantenido leales. Sobre
todo a aquellos que han seguido trabajando, escribiendo y actuando a favor de
los de abajo sin mayor impacto mediático. Lo que queda de izquierda digna de
ese nombre debe mucho a éstos, varones y mujeres. Son los intelectuales que han
enlazado los ideales social-comunistas o libertarios de la izquierda de ayer con
las luchas de hoy en favor de la democracia participativa, de la diversidad en
la igualdad, de la economía social ecológicamente fundamentada, de los anhelos
de los anónimos a los que un día llamamos pueblo. Honremos, pues, lo que éstos
han hecho
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* Francisco Fernández Buey es catedrático de Filosofía en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.