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Tres Traidores

Manuel Rico 

Periodismo incendiario 28 de Enero de 2007

 

En los dos últimos siglos, España ha tenido tres gobernantes traidores a su propio pueblo. Tres sujetos que tomaron graves decisiones despreciando la voluntad popular, decisiones que provocaron dolor y muerte a muchos seres humanos inocentes. Sus nombres son Fernando VII, Francisco Franco y José María Aznar. En el caso de los dos primeros, la mayoría de sus víctimas fueron españolas; en el último caso, la mayoría de sus muertos son iraquíes.

La destrucción provocada por sus actos de gobernantes felones es motivo suficiente para que los nombres de estos tres sujetos figuren para siempre en el basurero de la historia, en el espacio dedicado a los infames. Pero hay más. No sólo generaron dolor y muerte, sino que por el camino aprovecharon para enriquecerse. No cabe para sus actos la eximente de locura, bien por incapacidad mental o bien porque estuvieran cegados por su ideología. Como una vez escuché decir a un importante asesor del PP, en referencia al bandolero Jiménez, "su locura nunca le lleva a ponerse a repartir billetes de 500 euros en una plaza. Más bien se dedica a enriquecerse con el insulto". Pues los tres grandes felones igual: para ellos la muerte ajena tiene un precio.

Escuchar al carnicerito de las Azores, también conocido como el empleado de Murdoch, sus deposiciones insultantes sobre Zapatero o sobre el PNV provoca náusea a cualquier ser humano decente. Antes de reconvenir a nadie, lo que tiene que hacer el infame es explicar a cuánto le sale el muerto de Bagdad. Es una operación muy sencilla: que sume todos los ingresos que recibe por orden de Bush (conferencias, consejos de administración...) y que lo divida por el número de víctimas en la guerra ilegal de Irak que copatrocinó. Y la cifra resultante es la TETA (Tasa de Enriquecimiento del Traidor Aznar).

Existe la idea de que cada pueblo tiene a los gobernantes que se merece. Quizá sea así como normal general, pero sin duda hay excepciones: no creo que los rusos se merecieran a Stalin, ni los alemanes a Hitler. Desde luego, los españoles no se han merecido ni a Fernando VII, ni a Franco, ni a Aznar.

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