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TRES mujeres por la paz. Textos íntegros de los discursos de  Rosa Regàs, Olga Rodríguez y Pilar del Río a la finalización de la manifestación en Madrid, el 17 de Marzo de 2007

 

Rosa Regàs

 

Esta es una manifestación convocada contra la guerra en todo el mundo. Madrid no podía faltar a ella.

Hace cuatro años, cuando ignorando el clamor de cientos de miles de ciudadanos de todo el mundo, el siniestro trío de las Azores inició una guerra injusta, cruel e ilegal contra Irak, basándose, sin ningún rubor, en la tenencia por parte de Irak de armas de destrucción masiva. Sabían que no las había porque habían oído los testimonios de los expertos de las Naciones Unidas. Sin embargo intentaron –y en parte lo consiguieron- convencer al mundo de que era su deber invadir y destruir Irak para salvarnos, a nosotros los occidentales, de la destrucción y de la muerte.

Cuando los ciudadanos de este país y de muchos otros salimos una y otra vez a la calle para mostrar nuestro rechazo a la guerra, teníamos conciencia de que la destrucción y la muerte serían precisamente lo que conseguiría la intervención, pero no de los occidentales sino precisamente de los iraquíes. Lo que no sabíamos es que además de la destrucción y la muerte, la guerra sería inacabable como lo demuestra este cuarto aniversario, ni que se desestructuraría la sociedad entera, se destruirían todos los signos de identidad de un pueblo y de su cultura como museos, bibliotecas, universidades y escuelas, se encarcelaría sin juicio y sin respetar sus derechos civiles y políticos a cientos de miles de ciudadanos iraquíes cuyo único delito es la lucha contra el invasor, se los torturaría, escarnecería y humillaría. Tampoco sabíamos que los escuadrones de la muerte tendrían carta blanca para asesinar a decenas de catedráticos, profesores, bibliotecarios y libreros, que los soldados de la llamada coalición gozarían del privilegio de encarcelar y torturar que siguen utilizando hoy, ni que se crearía una situación tan insegura y peligrosa que obligaría a más de dos millones de ciudadanos a elegir el camino del exilio. Menos aún sabíamos que se exacerbaría la lucha entre comunidades para esgrimir el pretexto de una guerra civil alimentada por el invasor y justificar con ello la violencia de las tropas de la coalición y su permanencia en el territorio.

Nadie podía imaginar tampoco que morirían varios centenares de miles de ciudadanos ni que los Estados Unidos encontrarían en Irak el segundo gran fracaso de toda su historia.

Todos los invasores que en el mundo han sido, saben que destruyendo los signos de identidad de un pueblo se trabaja por su desaparición. Y si además, como hacen ahora, asisten impávidos cuando no colaboran con los asesinatos de quienes pueden transmitir esos signos, es decir, su cultura, aceleran a pasos agigantados la desaparición de la identidad del pueblo, del pueblo mismo como comunidad, como nación.

Para esta guerra injusta, cruel e ilegal no hay justificación posible. Como no la hay viendo el dolor y la destrucción que se ha inflingido a un pueblo que ya llevaba muchos años de sufrimiento político y económico. Contra esta guerra seguimos estando como lo estábamos cuando se inició. Y aunque nos duele haber tenido tanta razón, queremos recordar a quienes contra toda evidencia afirman que la guerra de Irak pertenece al pasado, que nuestras acciones no son contra una guerra que ya tuvo lugar, sino contra una guerra que sigue más viva que nunca por más que quieran engañarnos con sus noticias manipuladas.

¿Quien queda en el mundo que no se dé cuenta de la injusticia que se está cometiendo con este país, que se traduce en más violencia, no sólo en el campo de batalla sino en las aldeas y ciudades?

¿Quién queda que no entienda que fuimos blanco de la brutalidad del terrorismo como lo fueron todos los países que un día estuvieron oficialmente a favor de esta guerra?

Estamos en contra de todos los terrorismos, y también del terrorismo de Estado, y compartimos con todas las víctimas del terrorismo nuestra solidaridad y nuestro dolo.
Y si hoy cito a José Couso lo hago porque es quien más está relacionado con el inicio de la guerra de Irak y porque creo que en nuestro imaginario las representa a todas en nuestro corazón y en nuestro recuerdo, sea quien sea que las haya asesinado.

Y aunque hemos asistido con profundo alivio a la retirada de las fuerzas españolas de Irak, seguiremos exigiendo la de las fuerzas de la coalición del territorio iraquí no sólo por una cuestión de justicia y de solidaridad sino porque además nos anima el deseo de vivir en paz con una parte del mundo cuya cultura ha sido y es tantas veces menospreciada en aras de una superioridad moral de occidente que esta guerra anula si que alguna vez hemos tenido ingenuidad o la mala fe de creer que tal superioridad realmente existió.



Un mundo mejor es posible ¡No a la guerra!

   Rosa Regàs


   Olga Rodríguez

 

 

Olga fue corresponsal de guerra de la Cadena Ser durante la guerra de Iraq. Era amiga de José Couso ('click') y , como narra en su discurso , estaba  en Bagdad junto a él cuando fue asesinado por las tropas de Estados Unidos que bombardearon el Hotel Palestina, sede de todos los corresponsales de guerra durante el conflicto de Iraq.

Esta no es la única manifestación que se celebra hoy contra la ocupación de Iraq. En este instante, en varias ciudades europeas y en la capital estadounidense miles y miles de personas se están congregando para expresar su oposición a la guerra. La protesta en Washington va a realizar el mismo recorrido que tuvo otra manifestación, hace cuarenta años, contra la guerra de Vietnam. La circularidad de la historia está ahí: Se repiten las actuaciones impunes de unos, la falta de empatía ante el horror. Se repiten las madres huérfanas de hijos, la locura sorda colectiva de pueblos que no son escuchados y que padecen la barbarie legitimada por algunos gobiernos occidentales. Se repite también, afortunadamente, la indignación de ciudadanos comprometidos contra la impunidad.

            Las tropas españolas ya no están en Iraq. Pero eso no significa que nuestra sociedad no tenga la obligación moral de seguir pidiendo libertad para el pueblo iraquí. Como ciudadanos y ciudadanas exigimos el cumplimiento de las leyes internacionales, de la Convención de Ginebra, el fin de los secuestros y torturas, el fin de la impunidad de los ejércitos, sean de donde sean, …. Porque solo así podremos creer de verdad en el estado de derecho. Yo era amiga de José Couso y estaba junto a él en Bagdad cuando fue asesinado. Su familia y amigos seguimos pidiendo que se juzgue a quienes le mataron. Nosotros disponemos de ese privilegio. Este próximo ocho de abril, cuarto aniversario de su muerte, nos volveremos a concentrar frente a la embajada americana, con un nuevo paso en el proceso: La tramitación de la busca y captura de los presuntos asesinos. En Iraq hay cientos y cientos de miles de personas que han perdido seres queridos y que no pueden demandar a nadie, porque aquello es el caos, porque no disponen ni de agua corriente, ni de luz eléctrica, ni de instituciones cercanas dispuestas a escucharles.

             Me comunico a menudo con amigas iraquíes. Algunas, antes de la ocupación eran profesoras, médicas, ingenieras. Ahora no tienen trabajo. Sufren una reclusión forzada. Si salen a la calle lo tienen que hacer acompañadas y siempre siempre cubiertas por la abaya. Escuchad estas líneas escritas por una mujer iraquí:

            “He perdido todas mis referencias, todas mis señas de identidad. Me siento perdida y estoy cansada de sentirme así. Creo que ya nunca podré volver a ser normal. Estoy cansada de ver violencia, locura, brutalidad, de ver cuerpos destrozados desangrándose, de ver cadáveres en las calles, de saber de mujeres violadas. Quiero que mi familia, mis seres queridos, mis amigos, tengan de nuevo una vida. Quiero poder ir a bailar, tener trabajo, caminar, no tener que preocuparme por las bombas y las balas. He perdido todas mis referencias.”

           Hoy estamos aquí en Madrid tres mujeres que representamos a tres generaciones: Y que pedimos, con vosotros, que se escuche a Iraq. A las mujeres y hombres de Iraq. Que escuchemos al pueblo iraquí. Que decimos no a la impunidad, no a Guantánamo, no a la ocupación de Iraq.

                                             Olga Rodríguez. Periodista.


 

Pilar Rodríguez Pilar del Río, esposa de José Saramago, tuvo que sustituir al Premio Nobel por problemas de salud.  Le sustituyó también en la elaboración del texto  que le habíamos encomendado las/los organizadoras/es y Pilar redactó el texto que ella misma leyó. 

Hace tres años, Madrid era la Capital Moral de Europa. Porque doloridos, compartiendo la misma pena, llorando a nuestros muertos, dijimos otra vez, alto y claro, no a la guerra y votamos a quienes con nosotros se oponían a la violencia como solución de conflictos.

Hoy también Madrid sigue siendo una capital moral, porque, guiados por las mejores razones, uniendo nuestras voces a otras que el mundo dicen que masacrar no es el camino, volvemos a salir a la calle a gritar el mandamiento que los humanos nos damos a los humanos: No a la guerra.

Hace cuatro años Bush, Blair y Aznar se hicieron
la foto de la infamia. Fue en las Azores. Entonces, como controlaban medios y voluntades, lanzaron al mundo la mentira hipócrita de sus privados intereses: dijeron que iban a salvar al mundo, impusieron una guerra preventiva, prometieron la hazaña de destruir armas inexistentes… Para que los tres de la foto reconsideraran sus viles intenciones no fue suficiente ni el clamor de la gente de de buena voluntad, ni la desautorización de las organizaciones internacionales, que declararon ilegal, inmoral e injusta esta guerra. Ellos, los nuevos supermanes que pretender volar más rápido que la razón y la ética, decidieron mandar hombres, aviones, barcos y bombas para matar personas y arrasar Irak, sin darse cuenta de que estaban demoliendo las bases de nuestra propia civilización.

Y murieron niños que eran "víctimas colaterales" que nos rompían el alma a los que decimos NO a la guerra. Y murieron hombres y mujeres que iban a trabajar y tenían sueños. Y destruyeron calles, casas, conductos de agua y de luz, panaderías y consultorios médicos. Destruyeron y siguen destruyendo cada día la tierra que aman los iraquíes y que respetamos quienes tenemos el respeto como norma de vida. Sigue habiendo guerra en Irak, siguen bombardeando, siguen experimentando en cuerpos humanos la capacidad destructiva de sus ingenios de alta tecnología. Por eso estamos aquí: porque la guerra no ha terminado. Y para exigir que, si no pueden restituir la vida de los muertos, de cientos de miles de muertos, que los tres de la foto y sus feroces seguidores nos pidan perdón a las víctimas, a todas las víctimas.

Que se vayan del infierno que han creado en Irak como decentemente hizo España, dando un ejemplo moral. Pero que antes de irse, recojan la basura que han esparcido, dejen el petróleo y los intereses acumulados, vuelvan a sembrar las palmeras que arrasaron junto a las casas, las fotos de familia y los juguetes de los niños. Y ya que no dejarán en ese país el recuerdo de una sonrisa, que dejen al menos un pésame. Que todavía no lo han dado, aunque dar el pésame es una norma en todas las civilizaciones. Que se vayan pidiendo perdón. Que se vayan.

Decimos No a la guerra en Madrid, que es también hoy capital moral de Europa. Y estamos aquí, ciudadanos de distintos países y de distintas culturas, junto a nuestros muertos, junto a nuestros hijos. Porque cada víctima de la barbarie terrorista es hijo nuestro: cada muerto, sea en Irak, sea en Madrid, sea en Euzkadi es nuestro dolor. Todos los asesinados, se llaman Miguel Ángel Blanco, Ernest Lluch, Daniel Manjón, Oscar, Carlos Alonso Palate, Diego Astasio, José Couso, Mohamet, Abdel, Afif, Asad, Aimám, Faisal, Jamil, Faruq… representan todos los nombres. Todos son nuestros muertos, y aquí juntos expresamos el mismo dolor y la misma pena. Decimos aquí, ante el monumento en homenaje a los asesinados en Madrid, "daños colaterales" para algunos cínicos con poder, que estos hijos nuestros que murieron hace tres años siguen muriendo cada día mientras no acabe la guerra de Irak, mientras no se renuncie a la violencia inmoral e ilegal como medio o solución. No, señor Bush, no señor Blair, no, señor Aznar-Rajoy: les decimos hoy, ante nuestros muertos, que son todos los muertos, que aprendan de sus errores, que aprendan de nosotros y que pidan perdón.

Les decimos que la humanidad vale más que sus palabras, que no sigan aumentando el terrorismo en el mundo. Que cierren Guantánamo y que lloren cada tarde por el dolor que han sembrado. Que lloren como lloramos nosotros cada mañana, cuando oímos el número de muertos de cada día. Que a ustedes les atribuimos, señores de la Azores, señores de Guatánamo, señores de la guerra.

Cuatro años después del primer día, tres años después del atentado de Madrid, mientras la guerra continúe, mientras la razón humana siga sin prevalecer, mientras los principios morales se ignoren y la miseria permanezca, nosotros, desde aquí, desde Atocha, reclamamos que acabe la guerra. Exigimos que Naciones Unidas responda a su carta fundacional. Exigimos el diálogo, la negociación y el pensamiento como fórmulas de resolución de conflictos. Exigimos que usen la razón ante la adversidad. Exigimos la paz para poder vivir humanamente todos, en una tierra que a todos nos pertenece.

Desde Madrid, capital del dolor, pero también moral, decimos, con toda la razón ética, con la satisfacción del deber cumplido, porque España se fue, con la solidaridad tantas veces expresada y con el orgullo de sabernos los mejores, desde Madrid, hoy, 17 de marzo de 2007 decimos NO A LA GUERRA. Y no nos moverán de esta posición. No nos moverán: NO A LA GUERRA. NO A LA GUERRA

 

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