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La trampa de la Libertad
Arturo Ferrín
UCR 13 de Junio de 2007
La Historia está llena con ejemplos de que el intento de la humanidad por alcanzar cotas superiores de Libertad y prosperidad dio fruto exclusivamente a una parte de ella, la clase más oportunista y con recursos para conseguir el poder.
Las Guerras civiles del XVII en Inglaterra, la Independencia americana y la Revolución francesa en el XVIII, así como los procesos revolucionarios del XIX en Europa, son ejemplos clásicos de que la revolución liberal no procuró esos ideales a todos los ciudadanos sino a la burguesía, que aliada con la nobleza y con la ayuda del pueblo llano venció al absolutismo y después contuvo a la clase obrera. Lo que hizo presentir a Robespierre que el ejercicio ilimitado de la propiedad privada conducía a la esclavitud. La lucha de clases que intuyó Saint Simón y descubrió Marx.
La revolución rusa de 1.917 degeneró, tras la muerte de Lenin y la siguiente purga estalinista, con el acceso al poder de una clase burocrática que terminó gangrenando las conquistas soviéticas y no dudó en vender la URSS a su enemigo irreconciliable.
En España, al intentar erradicar el caciquismo alfonsino y corregir tímidamente algunas desigualdades sociales, la II República fue derrotada por la facción más reaccionaria que se beneficiaría durante la dictadura. La llamada Transición, el pacto artero entre el franquismo tardío y los dirigentes de los partidos de la oposición clandestina, permitió conquistar enormes parcelas de poder a una nueva clase política que ha practicado el más indecente nepotismo en connivencia con el poder económico.
Por todo esto, a esos neoliberales de diverso pelaje que ahora proclaman por todos los Medios las excelencias de ésta monárquica democracia y la de la economía de libre mercado que la sustenta, hay que preguntarles en qué Bolsa de valores cotizan sus méritos. Es fácil descubrir que están en la nómina de algún poderoso. Actúan e interpretan el papel del que dice preferir la libertad de un viaje en globo, a merced del viento, pero finalmente toma el ferrocarril -que le paga el amo- para no llegar tarde o a un destino incierto, y poder cobrar sus dietas.
Al burlarse del fracaso de las experiencias socializadoras en la Historia y empalagarnos con el crecimiento económico y la mejora de vida que ha logrado el Mercado, estos neoliberales tergiversan la historia de los sacrificios que tuvo que soportar la clase trabajadora y de las luchas que tuvieron que entablar los precursores del socialismo contra ese Mercado para arrebatarle algunas de las conquistas sociales que hoy conocemos (*). El fervor con que proclaman la libertad política oculta la mentira en que se sostiene, porque una sociedad no es libre si tan siquiera uno sólo de sus ciudadanos no es libre.
Ocultan que, frente a lo que pretende aparentar, el sistema capitalista planifica totalitariamente el mundo que pastorea. Ha instalado una burocracia que controla Empresas, Estado, Medios de comunicación y Organizaciones políticas y sindicales y ha instalado una ideología que viene desde Locke y Adam Smith hasta Hayek y Friedman.
Esa burocracia, dirigida por entes que apenas vislumbramos en las reuniones del G8 y el club Bildelberg, está organizada jerárquicamente, premiando a quienes cumplan sus reglas y postergando o llegando a aniquilar a quienes osen cuestionarla.
Su apología del máximo beneficio está impregnando la mentalidad de la gente con un sistema de valores:
· La única motivación del trabajo humano es ser la fuente de ingresos, cuantos más mejor.
· El objeto vital del individuo debe ser perseguir un nivel de vida cada vez mayor, es decir cotas crecientes de consumo y propiedad.
· La competición es el único medio para procurarse ese nivel de vida. La responsabilidad social y la solidaridad son obstáculos para ello.
· La mano invisible del mercado adopta las mejores decisiones, caiga quien caiga.
· La Historia no existe, las Humanidades son un lastre, las únicas Ciencias que interesa cultivar son las que desarrollan las fuerzas productivas (económicas y técnicas).
· El “papá” Estado es innecesario; para protegernos de las incertidumbres del futuro debemos acaparar la mayor riqueza, cueste lo que cueste.
· La Política se confía a organizaciones profesionales (Partidos) que, con escasas diferencias ideológicas, dan la sensación de actuar al servicio de la ciudadanía.
· La Democracia únicamente se plasma en elecciones periódicas. La libertad de prensa da apariencia democrática a esa farsa.
La III República no debe caer en la trampa que, para mí, ha quedado desvelada.
(*) El papel histórico del capitalismo es destruir la Historia, cortar todo vínculo con el pasado y orientar todos los esfuerzos y toda la imaginación hacia lo que está a punto de ocurrir.(John Berger).