Cuando
todo hacía suponer que el procesamiento penal de los dibujantes
satíricos del semanario «El Jueves» fue una equivocación, un
exceso de celo, producto de algún trasnochado con toga, nos
encontramos con un nuevo atentado a la razón crítica, que nos
lleva a establecer un diagnóstico distinto: seguimos en el
medievo.
Todo
empezó con la manifestación del partido nazi en la Plaza de
Colón, con su apropiación indebida de la palabra «España»,
el falseamiento del número de participantes —como cuando el
millón de españoles contra la retirada de embajadores— y las
recientes declaraciones del fürer simplón,
en el sentido de que iban a «ganar para devolver España a los
españoles».
Lo
siento, siento no ser un intelectual, escribo las cosas tal como
las veo: el puto PSOE se ha acojonado y se ha liado la manta a
la cabeza, por miedo a perder votantes entre los fachas
moderados que sienten vergüenza de asumir lo que son. ¿Consecuencia?
Toda esta mierda de «Gobierno de España», la ignominia
judicial de «El Jueves» unida a la del «Deia», las órdenes
a la televisión pública para que acentúa el carácter no-dista
de sus «informativos», forzar el cumplimiento de la ley de
banderas, la publicidad falangista de los alzados deportivos,
etc.
Ya
nadie duda de la vergonzosa dependencia de la Fiscalía
Hoy
y aquí, los fiscales se limitan a cumplir las órdenes de los
secretarios de organización de los partidos socialista y
franquista. Hoy más que nunca, la «Justicia» es un
instrumento más, al servicio de los especialistas en
mercadotecnia electoral. ¿Cuánto vale situar un cartel de
campaña en una valla publicitaria? ¿Qué coste tiene una página
impar en un periódico de tirada nacional? ¿A cuánto está el
kilo de fiscal?
Si
para obtener un puñado de votos es preciso procesar a un
ciudadano inocente, imputándole delitos abstractos, a causa de
expresar sus ideas políticas, se le procesa. Si hay que
encarcelar a un político vasco para reducir el efecto electoral
de las mentiras del partido golpista, se le encarcela. Si para
ofrecer una imagen de continuidad hace falta secuestrar un cómic
de sátira política, se secuestra. No importa que para ello
deba ignorarse la libertad de expresión, o que en todos los
casos se tratara de actos de desobediencia civil no-violenta. No
importa que no exista ni una sola prueba tangible de la comisión
de delitos comunes. No importa que los medios técnicos
contemporáneos hagan absurdo pretender amordazar la opinión pública.
¡Muera la inteligencia! ¡Viva el tirano! ¡Todo sea por los
votos que nos permitan seguir robando a espuertas!
No
solo tenemos más de una vara de medir,
disponemos de un juzgado especializado en ello
En
esta cárcel de países y ciudadanos, todavía conservamos un
tribunal especial, cuya jurisdicción se superpone a la
ordinaria, creando de facto una duplicidad estructural del
Estado —tan fácil de denostar cuando hablamos de otros países—.
Si el Estado se compone de Legislativo, Ejecutivo y Judicial, al
menos ésta última pata se encuentra repetida: la existencia de
la Audiencia Nacional, en pleno 2007, supone que no solo tenemos
más de una vara de medir, sino que incluso tenemos un cuerpo de
seudo-juristas especializados en utilizar la vara que mejor
convenga a los intereses de la bestia oscura.
PP
y PSOE consienten el mantenimiento
del medievo judicial que sufre la ciudadanía
No
hace mucho, en el Ateneo de Madrid, tuve ocasión de conversar
con un profesor de Derecho Constitucional de una reconocida
universidad norteamericana, quien, llegó a decir: —Curioso país,
España, donde ni los demócratas ni los republicanos se
encuentran presentes en el arco parlamentario.
Y
es cierto: del partido franquista mejor ni hablemos y en cuanto
al partido socialista de nuestros días… es muy parecido a
aquel PSOE que antes de proclamarse la Segunda República,
compartía especio escénico, actuando en el guiñol de un
afamado titiritero llamado Primo de Rivera, cuya marioneta
preferida era el abuelo del militar no-electo que hoy defienden
nuestros fiscales. Nada nuevo bajo el sol: si con tal de medrar
en palacio, el estuquista madrileño llegó a congeniar con un
dictador ¿por qué no habría de hacer lo mismo un picapleitos
leonés?
Bipartidismo
y falsa democracia,
dos caras de la misma moneda
Con
tal de seguir gozando de los privilegios que les confiere el
actual sistema de arbitrariedades, tanto PP como PSOE consienten
—cuando no alientan y dirigen— la existencia de figuras que
la mayoría de sociedades civilizadas ha excluido de su
ordenamiento legal.
España
está inmersa en el despotismo parlamentario, como en la peor
etapa de los siglos XVIII y XIX, el partido antidemócrata y el
falso partido socialista, se turnan la vez, en una infinita
secuencia de cambios aparentes, que en realidad está destinada
a no cambiar nada.
Represión
de la libertad,
a la sombra de la corona
En
este estado de cosas, no es de extrañar que el Ministerio
Fiscal (sensu stricto), actúe como una extensión natural
del gobierno, sometiéndose por completo a su dictado,
defendiendo al rey contra las críticas de la creciente masa de
súbditos que toma consciencia de su ciudadanía.
El
Torquemada de turno procede contra quienes se atreven a
demostrar su opinión, quemando una fotografía de la persona
que encarna los contravalores de lo que debería ser un Estado
de Derecho.
No
se puede defender el prestigio de la corona,
porque la corona no tiene ningún prestigio
La
irresponsabilidad penal del autócrata, su carácter
hereditario, vitalicio y no-electo simbolizan la negación de la
Igualdad. La mera fotografía del
rey, vestido de militar, representa una amenaza contra el
conjunto de la sociedad civil, y es por tanto, un ataque a la Concordia
y la Fraternidad. El hecho de
estar obligados a que nos represente alguien como el ciudadano
Borbón, teniendo en cuenta su pasada actividad criminal como cómplice
de un militar golpista, genocida y traidor (compartía despacho
con Franco, le cubría las bajas y llegó a heredar su puesto de
trabajo), eso, es la negación de la Libertad.
El
rey representa lo opuesto a la democracia, por eso, quemar su
fotografía es un acto de civismo democrático, y si me apuran,
de patriotismo.
Por
eso, las leyes destinadas a proteger el prestigio de la corona,
y que todavía no hayan sido derogadas, deben serlo de
inmediato. Además, es un acto de pura lógica: ¿Qué prestigio
puede tener algo cuyo prestigio debe protegerse bajo amenaza
penal? ¿Acaso el Código Penal llama «prestigio» a lo que en
realidad debe entenderse como «miedo»?
La
monarquía es un credo, y por ello,
carece de encaje en un país democrático
¿Qué
prestigio puede tener una institución antidemocrática en el
seno de una sociedad civilizada? Afirmar que la monarquía es
una institución, equivale a decir que somos una teocracia,
porque la fe en el rey no encuentra respaldo científico en
ninguna razón argumentable.
La
monarquía es una creencia (como lo demuestran la literatura
sacra «el rey lo es por designio divino», la Historia —al
canonizar a múltiples tiranos—, e incluso el propio símbolo
de la corona: coronada por una cruz). La monarquía es un credo,
y si nuestro país es aconfesional, entonces, ésta debe ser
abolida.
El
fiscal pierde el tiempo
en absurdos autos de fe
Mientras
lees este párrafo, en algún lugar de la geografía ibérica al
menos una docena de concejales de urbanismo están aceptando
sobornos de un constructor, a cambio de traicionar a la
responsabilidad que adoptaron al aceptar el desempeño de su
autoridad. Un puesto al que accedieron por delegación de la
ciudadanía, la misma ciudadanía que acabará pagando en su
hipoteca el coste de la corrupción.
Y
mientras tanto, los escasos fiscales perdiendo su precioso
tiempo —que también pagamos entre todos—, en perseguir a
ciudadanos que osan cuestionar la existencia de un tirano en
pleno S. XXI.
¿Acaso
no hay nada mejor en lo que invertir los escasos recursos
destinados a la Justicia? ¿No sería mejor dotar de
competencias efectivas a la Fiscalía Anticorrupción? ¿No sería
más noble dotar de medios y competencias al Tribunal de
Cuentas? ¿No sería más civilizado proveer de adecuada
asistencia legal a los seres humanos que llegan a nuestras
costas suplicando existir?
La
Fiscalía solicita la ayuda de Saura
Sabemos
por la prensa que el fiscal del tribunal especial español ha
solicitado la colaboración de los responsables policiales en la
zona, para recabar datos que permitan proceder contra los
vecinos que quemaron fotografías del rey en protesta por su la
visita de éste a su ciudad.
Y
cerramos el círculo: solicitan la coaboración de Joan Saura,
precisamente, el personaje que pasará a la Historia de
Catalunya como el Conseller de la Generalitat que enalteció a
los empleados públicos que apuñalaban a civiles desarmados.
Corren
malos tiempos para la democracia. Creíamos que solo trataban de
arrancar las páginas de la Memoria Histórica correspondientes
a los últimos dos tercios del S. XX, pero no… se atreven a más:
los fascistas pretenden acabar con los efectos del Renacimiento
y la Ilustración… seguimos en la Edad Media.