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José
Miguel Esquembre Menor *
12
de Mayo de 2007
Mucho se habla sobre vivienda pero se avanza poco. La demanda es fuerte, quizás
acuciada por la escasez, pero la oferta es débil, en especial para los que
menos tienen. El tema está constantemente en la calle, y desde Arquitectos Sin
Fronteras queremos aportar nuestro punto de vista con algunas propuestas, en un
momento en las próximas elecciones municipales obligan a requerir a las
distintas formaciones a que las promesas de campaña no sean un brindis al sol,
sino que se materialicen en acciones beneficiosas para la ciudadanía.
Reconocemos
que el tema es complejo y la solución no es fácil, sobre todo si pensamos
en el vicio social de la especulación, deseo individual al que se ha
apuntado la Administració
Desde ASF somos conscientes de que es difícil cambiar las pautas sociales de la
noche a la mañana, pero el momento actual debe ser una buena ocasión para
avanzar. En primer lugar es capital un impulso del Desarrollo Sostenible. Todo
el mundo está de acuerdo en que es la vía de nuestro futuro, pero pensamos que
se explica poco lo que realmente quiere decir. La imagen dominante se centra en
la protección de los recursos naturales, ahorro energético y tratamiento de
residuos, pero se habla poco de su aspecto social. El Desarrollo Sostenible se
articula sobre tres apoyos: economía, acción social y protección del
medioambiente. Se analizan la economía y el medioambiente, pero los aspectos
sociales se siguen considerando cuestiones caritativas no incluidas en la
sostenibilidad. Es necesario que estos conceptos cambien hasta situar los tres
apoyos en el mismo plano.
En
segundo lugar queremos llamar la atención sobre la venta de viviendas
VPO usadas. El mercado de segunda mano es muy abundante y no se ve en él
ningún anuncio de viviendas de dicho tipo cuando es seguro que se venden.
Esto quiere decir que no se cotizan al precio oficial, sino que, es lógico
pensar, se transfieren muy por encima del obligado. Sabemos que la
Administració
Por otro lado, consideramos que las administraciones públicas no deberían en
ningún caso financiarse con la recalificaciones de suelo, y que resulta
imprescindible vigilar que las posibles recalificaciones y revisiones del
planeamiento se hagan de acuerdo a un crecimiento racional y sostenible. Estos
criterios urbanísticos deben impedir además la creación de guetos, evitando
trasladar a las economías más débiles a las zonas más alejadas de la ciudad,
con criterios claramente separatistas en lugar de integradores.
No puede ser, además, que las administraciones públicas y en gran manera las
corporaciones locales, no empleen los aprovechamientos urbanísticos en intentar
regular los precios de repercusión de suelo para las viviendas de Protección
Oficial, al ser ellos mismos, los ayuntamientos, los que subastan el suelo al
mejor postor por encima del valor de repercusión de suelo habitualmente
admitido
Estamos
viendo como el precio de la vivienda depende cada vez más del precio del
suelo. Su repercusión supera ya el coste de la ejecución material de los
edificios, lo que resulta a todas luces inadmisible. El coste del suelo no
deja de ser un pago por adquirir el derecho a vivir en un determinado lugar.
La cuestión se hace más sangrante cuando se comprueba que hay ciudades
completamente vetadas para mucha gente, ciudades de las que presumimos por
su calidad, pero que se van haciendo económicamente inhabitables. Cuanto
mejor es el lugar, peor. El esfuerzo colectivo que supone hacer ciudad,
deriva en unas plusvalías para unos pocos mientras que la mayoría queda
perjudicada. Esta tremenda paradoja desvela un lamentable descuido o un
desinterés mayúsculo de la Administració
Entrando en cuestiones económicas, queremos recordar las consecuencias sociales
de que una masa tan ingente de dinero esté comprometida en la vivienda a corto,
medio y largo plazo. Una persona hipotecada a tantos años se encuentra
sumamente limitada en múltiples aspectos y especialmente deberá controlar sus
discrepancias con su entorno diario si no quiere poner en riesgo su situación
económica y con ello la seguridad familiar. Esta incómoda postura para muchos
reporta a cambio seguridad a otros grupos sociales que buscan solvencia para su
jubilación. Así las cosas, una generación está manteniendo a otra mediante
la vivienda. De esto se habla poco y se analiza menos.
Por último queremos señalar que la legislación sobre vivienda se preocupa exclusivamente del que tiene algo, poco o mucho, y por tanto puede responder económicamente a los créditos en lo que inevitablemente se va a implicar. Para quien no tiene recursos, la vivienda pasa a ser un problema de asistencia social desatendido. Es necesario que haya por ley una reserva de viviendas para los más desfavorecidos, dispersa e integrada en la construcción general. Hay ya demasiadas experiencias negativas sobre viviendas colectivas que han derivado en guetos irresolubles. Su gestión será responsabilidad posterior de áreas sociales pero previamente las leyes de vivienda deben contemplar este problema y facilitar los medios para su solución. Se trata de un asunto complejo, pero asumible con voluntad política y coordinación, por lo que demandamos a las administraciones mayor interés del que hasta ahora han mostrado.
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*José Miguel Esquembre Menor es, presidente de Arquitectos Sin Fronteras España