Alameda,
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Siguen desfilando las fotos a color de Jerónimo Saavedra y sus muchachos y muchachas, todos sonríen, eso sí, por ese periódico gratuito (no da para otro la pensión y no me atrevo a quejarme, no sea que alguien me regale una suscripción a El Mundo y sea peor el remedio que la enfermedad) que recogemos en la calle los jubilados cuando vamos a tirar la basura muy de mañanita. (Y además, ¡que coño!, para informar ya está la tele.) Los chicos y las chicas de Saavedra, con esas sonrisas que no se les caen de la cara ni aún poniendo el metro del revés, “amenazan” una vez más con coparlo todo. Lo curioso es que, a pesar de su juventud, la desenvoltura no les falta. Sostienen los extremos de las pancartas y sonríen a la vez, con la misma elegancia y frescura que lo hiciera Ava Gardner cuando sostenía el capote al alimón con Luis Miguel Dominguín, en aquellas lejanas capeas de los años cincuenta. El corte de la foto en cuestión no permite leer porqué protesta la chica que se promociona y que sostiene la pancarta con las dos manitas. Agraciada ella, seamos justos, no recuerdo haber visto su rostro en las manis de la Isla, y ya llevo 7 años aquí. Debe de tratarse de una de aquellas fotos que se hicieron ellos mismos cuando cien mil personas de la Isla nos echamos a las calles, gracias, entre otros, a la Plataforma Canaria por la Paz, para protestar por lo de la guerra de Irak; porque, de otra, no caigo. A lo largo de estos largos 7 años, muchas ocasiones hemos tenido los canarios para echarnos a la calle: para manifestar nuestra solidaridad con el Pueblo saharaui; para celebrar el aniversario de la proclamación de la IIª República en España; una y otra vez ante el consulado marroquí en apoyo del pueblo saharaui; en el aniversario del Referéndum por la salida de la OTAN, que ganó el PSOE pero que perdió España (seamos justos y reconozcamos de paso que, aquí, como en Euskadi, ganó el NO); las diversas concentraciones (también hay que decirlo, de no más de 25 personas; o sea, de esas que dan muy poquitos votos) para manifestar nuestra repulsa por la visita de los Reyes a la Isla; sin contar los homenajes al poeta Miguel Hernández y a antifascistas, como Juan García El Corredera en el Ateneo Jiribilla; conmemorando el aniversario del fusilamiento de aquellas jóvenes en Madrid, más conocidas como Las 13 Rosas; en el aniversario del lanzamiento, por los norteamericanos también, de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki; para protestar contra la presencia de los barcos de la OTAN en aguas canarias; (que ya le manda..., esta gente de la Plataforma Canaria por la Paz, que, no conformes con el hecho de nuestra pertenencia al Pacto Atlántico, siempre ensuciándolo todo con sus carteles, y encima, provocando a los militares. Cuándo van a entender que esos barcos están ahí para defender nuestras costas de dios sabe qué. Que un día de estos se le cruzan los cables al moro ese de Rabat y organiza otra marcha verde como la del setenta y cinco y nos pone a todo dios a comer cuscús, desde aquí hasta los lagos de Covadonga) las concentraciones del 1 de noviembre en la Sima de Jinámar... No, decididamente, jamás coincidimos ella y yo al pie de la misma pancarta. Porque, mucho presumir de abuelo republicano y de memoria histórica, pero estoy por la primera vez que el PSC convoca a un jodido acto allí donde eran arrojados, (aún con vida) por Eufemiano Fuentes y sus camaradas, los republicanos y comunistas de la Isla, en aquella borrachera de sangre del verano fascista de 1936. ¿Tal vez no les acompañó nunca un militante del PSOE en tan largo viaje?¿O es porque esto de la memoria histórica no da votos por estas tierras de Juan Negrín, señor J.C. Alemán? Duro trabajo este de la política. Ya me veo a esta mocita de la foto dentro de unos años, cargadita ella con su abultada agenda preñada de compromisos: que si ruedas de prensa, que si inaugurar un puente o supervisar unas obras, sin que falten en estas fotos el detalle del casco y los vecinos agradecidos, con las madres cargando sobre la cadera al niño más chico de la casa, mientras ella corta la cinta; fotos de la concejala besando a la estrella que vino quizás desde la lejana Europa para inaugurar el Festival de Cine de Las Palmas; ella misma en carne mortal mezclándose con la plebe y disfrazada de mujer fatal, con el detalle del pelo de color morado, (seguramente el momento en que (ideológicamente) más cerca se encontrará esta preciosidad de los colores de la bandera de Don Manuel Azaña) algún improperio en plena calle de algún ciudadano cabreado por la demora de las “guaguas”, que hay gente desagradecida para todo. Quién le iba a decir a esta zagala que iba a llegar tan lejos ella. ¿Os acordáis todavía vosotros, los que por aquellos años aún vivíais en el barrio de San Blas? (Madrid) Debió de ser hacia el setenta y seis, porque, para mí, que aún no nos habían legalizado a los “peceros”. Bueno pues eso, un día “ellos” llegaron muy de mañanita y llenaron todo el puto barrio con sus coches. Nunca, ni cuando la “madera” tomó el parque de El Paraíso para que el PC no celebrase allí una fiesta allí, ni cuando, después, las tropas de Barrionuevo peinaron los barrio obreros en busca de un comando de ETA, nunca se había visto tanto coche en el barrio. A lo largo del día, por el campo de fútbol de la Avenida de Guadalajara desfilaron, que yo me acuerde, además de Felipe González y toda su plana mayor: Willy Brandt, Miterrand, la Melina Mercuri aquella de Fedra que tanto nos gustó, el Serrat (cómo iba a faltar, tan solidario y servicial como es este chico), el Mario Soares...¡Hostias!, nunca se vieron tantas estrellas de la tele juntas por aquestos descampados como entonces, ni siquiera la noche de las lágrimas esas de San Lorenzo. (Perdón por la coña) Los malhablados decían que había habido una movida chunga en Suresnes antes de la muerte de El Enano y que un tal Isidoro, que luego resultó que era el pico de oro de Felipe, con su labia habitual, se había hecho con el chiringo de Pablo Iglesias, incluidos los históricos aquellos de Rodolfo Llopis que aún leían a Don Carlos y otras antiguallas así, decían ellos, que ya no servían ni como forma de análisis; porque se veía ya venir la caída del muro ese. Que los rusos no eran más que una peña de mataos y de mafiosos; unos mariquitas que no pensaban ya en otra cosa que en ponerse ciegos de vodca mientas coreaban las canciones de Massiel, de Marisol y de Raphael; y que la chispa de la vida ahora estaba en la cocacola. Que el Fidel estaba un pelín pasado de rosca ya: con lo bien que estaban antes, cuando la VIª Flota Americana llevaba a la Isla de excursión a miles de marines cargados de testosterona hasta las orejas y se ponían hasta arriba los puticlubs. Que era mejor morir de un navajazo contemplando la esbelta figura de la estatua de la libertad en EE.UU., que acabar tus días encerrado en un sanatorio de salud mental en la URSS. Me entero de la muerte de J. L. Coll. Tan ocurrente él y tan inofensivo para el sistema como todas las canciones de Alejandro Sanz y Miguel Bosé juntas. Espero que a estas mismas horas esté jugando al billar con Dios, o tal vez al cané con Pedro Botero. Me llega un correo de Carmelo Ramírez, (Presidente de las Asociaciones de Amistad Hispano-saharauis) donde da cuenta de las conclusiones de la Cumbre Hispano-Marroquí. Una vez más, y para proteger las inversiones y los intereses de ambas monarquías, los mercaderes de ZP han llevado a cabo un importante pelotazo, consistente, entre otros, en una golosa venta de material bélico, que servirá para disuadir a los saharauis de cualquier veleidad independentista que no pase por las ventanillas de la ONU, ventanillas a la que nuestro inefable Presidente remite a los hijos del desierto, porque nuestro Gobierno pasa de comprometerse con ellos y le parece de puta madre que ese pueblo se integre y desaparezca en el Reino de Marruecos como una simple autonomía. Toda una lección de buen talante democrático, de internacionalismo proletario y de buen rollo. Eso es coherencia y así se trabaja por la autodeterminación de los pueblos y por el diálogo entre las civilizaciones. Esto es todo lo que queda de aquel gesto de hace un año, cuando, el Día de la Fuerzas Armadas, muy digno él todavía, se negó a levantarse de su asiento en la tribuna del Paseo de la Castellana al pasó de la bandera de las barras y la calaveras esa, y cuando retiró a nuestros soldados de Irak para mandarlos a Afganistán en un magnífico pase de prestidigitación. Seguro que a estas alturas ya le ha llamado el Don de la Casa Blanca para reconciliarse con él y no nos lo ha dicho. Espero que España no tenga que derramar más lagrimas como las del 14-M, en esta ocasión por nuestra participación en la ayuda humanitaria a Afganistán. Menos mal que esta vez también pasé de votarles. Visto lo visto, creo que esta noche, en cuanto termine de leer las memorias de Trotsky, voy a salir, yo solito, a hacerme una pintada contra el Régimen. Salud y ¡Viva la República! |