3-republica.blogspot.com 29 de Marzo de 2007
Pero no nos engañemos, lo que sea legal o democrático no juega ningún
papel desde hace mucho en el conflicto vasco: se trata de un juego de
estrategia en el que prácticamente todos los actores (al menos el Gobierno,
la oposición en sus distintas expresiones y la izquierda abertzale) mueven
sus fichas en función de criterios estratégicos: en ningún caso parándose
a pensar en criterios democráticos ni éticos.
Apelemos, pues, a los criterios estratégicos: No sabemos en qué situación
está la izquierda abertzale: parece claro que hay dos tendencias, una de
las cuales abogaría por abandonar claramente la violencia frente a otra que
sería más maximalista y no encontraría cambios sustanciales en el
Gobierno que les permitiera dar pasos importantes. Pero hasta que haya el
famoso comunicado que todo el mundo espera no sabremos quién se ha llevado
el gato al agua ni si el gato ha sido ya llevado a agua alguna.
Doy por hecho que el partido presentado ayer por la izquierda abertzale no
es la única opción que barajan para presentarse a las próximas elecciones
de mayo: si fuera su única opción no habrían puesto como una de las
promotoras a una persona que habría sido candidata de una lista ilegalizada
ni a dos componentes de la Mesa Nacional de Batasuna; tampoco habrían
incluido la palabra Batasuna en el
nombre del partido. Así, es probable que el partido sea un señuelo
para activar la ilegalización de la que ya habla el Gobierno: con ello se
pueden presentar a la sociedad vasca como gente que quiere resolver el
conflicto democráticamente, pero que, cerradas esas vías, no tienen más
remedio que usar otros medios. En
todo caso, no se me ocurre cómo podría el Estado evitar, por ejemplo, que
el PCTV-EHAK se presente en todos los Ayuntamientos que quiera, por lo que
la ilegalización de ASB sería, además de todo, estéril.
En esa situación, el Gobierno puede ilegalizar el nuevo partido (no habrá
juez que se pare a consideraciones legales), fortaleciendo la cara
victimista de la izquierda abertzale y a sus sectores más intransigentes;
pero también puede dar un golpe de mano y permitirle a la izquierda
abertzale hacer política democrática y pacífica con las siglas que ellos
mismos pensaron que iban a ser ilegalizadas. Si, con una valentía a la que
no nos tiene acostumbrados, el Gobierno optara por esta segunda vía, los duros
tendrían una muy difícil posición en sus estructuras y los que
abogan dentro de ese espacio por el fin de la violencia tendrían la mochila
cargada de argumentos.
Pero, ay, esperar que alguien tome una decisión legal, democrática y
valiente se ha convertido en un sueño quimérico del que siempre nos
despertamos demasiado pronto.