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Populares,
falangistas y otros personajes de la fauna política
Eneko Gumuzio
IzaroNews 20
de Marzo de 2007
Es curiosa la crítica que el Partido Popular español ejerce contra el gobierno
de José Luis Rodríguez Zapatero: es el gobierno más radical desde la Transición.
No creemos que los socialistas en el poder tengan en mente la nacionalización
de la banca, el exilio del Borbón o la quema de iglesias. Sí tenemos, en
cambio, la seguridad de que es el gobierno con la oposición más desaforada del
Occidente europeo.
Está el Partido Popular tan contento de seguir lo que le marcan los federicos, los pedrojotas y los carlosherreras que no dudan en compartir calle y pancarta con quienes hasta no hace mucho les producían un rechazo cerval. No hace muchos años era Aznar quien decía con una pizca de ingenuidad que a su derecha no había nadie. En aquel tiempo no era previsible que fuera acompañado por los carlistas en su rama tradicionalista o por cualquiera de las Falanges que por España sobreviven echando de menos la dialéctica de los puños y las pistolas. Ahora se asume con normalidad la compañía y la comunión en los postulados.
Decía el muy demócrata presidente de Navarra que la manifestación debería entenderse como un plebiscito acerca de la voluntad de los navarros y las navarras acerca de su posible integración en la Euskadi de sus pesadillas. En contra, evidentemente. Curioso es lo que plantea el león de Corella acerca de los referendums. Por lo antidemocrático de su posición, queremos decir.
Curioso es que siendo el Amejoramiento navarro el único Estatuto o similar de toda la Península ibérica que no ha pasado la reválida de las urnas, queda plasmado para quien quiera entenderlo el respeto que a esta derecha ultramontana le produce el resulado de una urna. No hay que retrotraerse más que unos años para recordar lo que decían sus padres ideológicos: el destino de las urnas era ser destrozadas a martillazos.
Ésta derecha no aceptó los resultados de las elecciones generales de 2001. No aceptan que una mayoría de navarros y navarras se vuelvan locos y decidan que su tiempo se ha acabado. No aceptan que su invento antidemocrático pueda ser reformado por otro marco, éste sí votado en referendum. A este respecto, los resultados de Mayo serán determinantes.
Pero no vemos razones para pensar que Zapatero sea un peligro para la nación española. Podrá ser un peligroso liberal en cuestiones que tienen que ver con el bajo vientre, pero en lo referente a las naciones sin estado, no creemos que esté demasiado lejos de Aznar o González. Con un poco más de talante, pero con una mentalidad similar. Las lunáticas diatribas de la prensa carnívora española no nos pueden hacer perder la perspectiva.
Nos ha parecido indignante la nueva traición perpetrada contra el pueblo saharaui a favor del sátrapa marroquí. Es poco edificante su comportamiento en el asunto de Kosovo. Estos socialistas, al igual que sus antecesores populares, sienten pavor ante cualquier modificación de fronteras en Europa o sus cercanías. Creen, con razón, todo sea dicho, que cualquier problema nacional en proceso de solución puede ser tomado como modelo por las naciones sin estado existentes en el Estado español.
Lo decía el socialista navarro Puras cuando se mostraba contrario a la integración de Navarra en Euskadi. Lo repiten una y mil veces los socialistas vascos cuando dicen que la autodeterminación es una opción política. A día de hoy, pensar que de estos socialistas va a venir una solución al problema político vasco es tanto como soñar despierto. A su entender, la capacidad de decisión de vascos y vascas viene limitada por su Constitución y por su santa y soberana decisión.
Por mucho que ETA o el Partido Popular les pueda servir de excusa para que digan que no pueden hacer lo que nunca van a querer hacer.