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Paz a cambio de territorios
Cartelera Turia Junio de 2007
La actitud aparentemente benévola y perdonavidas que exhibió el dirigente del PP Mariano Rajoy tras mantener su último encuentro con el presidente del Gobierno, José L. Rodríguez Zapatero —tras el anuncio de la banda armada de poner fin al alto el fuego—, no debería engañar a nadie, sabido como es que los intereses estratégicos de la banda norteña y los del primer partido de la oposición han sido bastante coincidentes hasta la fecha y podrían resumirse en la frase: cuando peor, mejor. Desde que el PP perdió las elecciones en 2004, de cuya derrota sigue sin reponerse, no ha habido un solo día de tregua para que el gobierno democráticamente elegido en las urnas, con todas las salvaguardas, sus ingenuidades, pero también el apoyo de los otros grupos parlamentarios, intentase consolidar un proceso de paz en el País Vasco. Esta derecha indeseable nunca dejó de machacar con cualquier argumento, por demagógico que fuere, que erosionase el proceso de paz. Fueron Aznar y Rajoy, pero no Zapatero, quienes podían negociar con la banda armada («movimiento de liberación nacional», según el ex presidente metido a tiburón de las finanzas). Fueron Aznar, Rajoy y Acebes, pero no Zapatero, quienes podían excarcelar etarras o atenuar prisión a De Juana Chaos. Las decisiones judiciales con arreglo a derecho son atribuidas por la derecha y sus voceros a la judicatura, cuando así conviene, o al Ejecutivo, si el asunto desgasta. Con estos políticos ventajistas no cabe aducir responsabilidad, ni esperar apoyo incondicional al Gobierno, por meritoria que fuere la causa. Como calculadores que son, sus encuestas tendrán que les aconsejen la actitud a mostrar y con qué argumentos mienten. La aparente beatitud de Rajoy, además, venía posiblemente acompañada con las presiones al PSOE para que regale el gobierno de Navarra a la filial del PP vencida en ese territorio, la UPN, en lugar de apostar por una alianza de centro izquierda con la coalición Nafarroa Bai (compuesta por el PNV, Eusko Alkartasuna y Aralar), en cuyo imparable crecimiento electoral también han influido las actitudes de pánico de los socialistas ante el qué dirá la derecha, o, peor aún, las de un PP que criminaliza cualquier nacionalismo que no pueda ser instrumentalizado en futuras alianzas, como así indica su acercamiento a CiU y PNV con vistas a lograr su apoyo en el caso de que Rajoy logre un voto más que Zapatero en los inminentes comicios generales. Paz, a cambio de territorios. Tal es la táctica del PP, hasta que vuelva a adueñarse de lo que perdió. Entre tanto, veremos la decisión que toman los socialistas navarros.