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El Partido del Mal
Jaume D'Urgell
El Rincón de las Letras 15 de Agosto de 2007
El autor nos invita a un pequeño
juego de imaginación: un ejercicio irónico —rozando el sarcasmo—, en
el que nos propone una serie de situaciones figuradas, con las que
trata de siluetear una realidad evidente, pero sin llegar a
nombrarla en ningún momento.
Supongamos que existiera un
partido político que odiara tanto la Democracia, que aprovechara
cualquier oportunidad para conculcar sus valores… forzando la
redacción de una Carta Magna en la que el máximo mandatario no fuera
elegido periódicamente por el pueblo… imaginemos un partido que no
se organizara en base a criterios democráticos, sino que sus líderes
fueran nombrados de modo arbitrario y sus decisiones estuvieran
presididas por la opacidad, el pensamiento único, y un inconfesable
equilibrio entre miedo y ambición. Un partido político cuya
fundación enraizara con los herederos de quienes en su día tomaron
el poder por las armas, en contra de la voluntad del pueblo
expresada en las urnas.
Imaginemos un
partido político que se negara a condenar un régimen dictatorial que
llegó a encarcelar comunistas, republicanos, homosexuales; llegó a
enviar tropas para defender el gobierno de Adolf Hitler;
estigmatizaba a las madres solteras; realizó bombardeos aéreos sobre
núcleos urbanos desprovistos de instalaciones de interés militar y
llegó a prohibir el uso de las lenguas autóctonas… entre otros
crímenes de lesa Humanidad.
Imaginemos que existiera un
partido político que se dedicara a traficar con los sentimientos que
rodean el fenómeno del terrorismo, con el fin principal de conseguir
beneficios electorales. Un partido que empujara, retorciera y
cosechara cada gota de lágrima de las pobres víctimas de la
violencia política. Un partido que al mismo tiempo, truncara
cualquier solución basada en la palabra y los votos y se dedicara a
echar más leña al fuego, explotando los odios más viscerales de
todas las partes en conflicto, mediante la unificación sincronizada
de una interminable serie de discursos incendiarios de divulgarían
sus portavoces, escritores, periodistas y tertulianos
a través de los medios de comunicación de su área de
influencia.
Imaginemos un partido político, que contara con
el apoyo incondicional del ejército. Un ejército que haría las veces
de osario ideológico para todo un elenco de dinosaurios —y
descendientes—. Un ejército que —como todos los ejércitos— tendría
esquemas de organización feudal, en el que libertades fundamentales
como el derecho de sindicación o reunión estarían prohibidas, y en
el que una pequeña cúpula ultra-fascista dominaría una turba armada
de mentes planas y hambrientas, a la que —como en la lejana Roma— se
le prometerían obsequios como la ciudadanía —para los extranjeros—,
o refugio para frikys, vagos y orates, y se
organizaría en legiones.
Imaginemos un partido político que
actuara con tibieza a la hora de investigar los casos de tortura y
malos tratos que reiteradamente denuncianla Organización de las
Naciones Unidas y Human Rights Watch, refiriéndose a España en sus
respectivos informes anuales. Constituyéndose en un encubridor de
facto —cuando no instigador—.
Imaginemos la existencia de un
partido político que cerrara periódicos. Un partido que
criminalizara a otros partidos políticos. Un partido que se dedicara
a aumentar resentimientos históricos entre los ciudadanos de los
diferentes territorios sobre los que gobernara valiéndose de
perjuicios étnicos, lingüísticos, jurídicos e incluso
climatológicos…
Supongamos la existencia de un partido que
defendiera los intereses de una pequeña elite empresarial, en
detrimento de los de las clases trabajadoras; y que pese a la
diferencia en número de interesados, se valiera los medios de
comunicación de masas para crear la ilusión de que votar la opción
que te perjudica, es bueno.
Imaginemos un partido político
que valiéndose del miedo a lo desconocido; proporcionara
pensamientos ya elaborados, para alimentar la mente de quienes no se
toman el tiempo de hacerlo por si mismos, consiguiendo así cultivar
semillas de odio contra lo diverso: odio contra quienes piensan de
otro modo, odio contra quienes aman de otra forma, odio contra
quienes son de fuera, contra quienes no son como nosotros,
contra quienes no creen lo que hay que creer, contra quienes son
inferiores, contra quienes sufren discapacidades, contra quienes
perdieron una guerra…
Imaginemos un partido político que
tuviera un credo oficial. Un partido que permitiera que los cónsules
de una teocracia totalitaria extranjera, decidir sobre la
continuidad laboral de una parte del profesorado español, al que se
pagara con fondos públicos. Un partido que supeditara la tradición
al progreso. Un partido para el que la mujer no estuviera en pie de
igualdad con el hombre. Un partido político que se atreviera a
legislar sobre la capacidad de las personas para decidir sobre su
cuerpo.
Supongamos que ese partido político, fuera capaz de
valerse de falsedades, para involucrarse en una orgía descontrolada
de muerte y destrucción (guerra), yendo del lado de quienes
poseyeran una brutal desproporción de medios y tecnología. Causando
la completa destrucción de las infraestructuras de un país
lejano, centenares de miles de asesinatos —entre ellos,
periodistas y profesionales de la comunicación— y sumiendo a dicho
pueblo en el caos y la miseria… con la única intención de conseguir
mayores cotas de poder y rendimiento económico.
Imaginemos
que existe un partido político que en el que la corrupción está bien
vista, siempre que se lleve con cierto disimulo. Un partido en el
que no dudarían en alterar el censo —por ejemplo, mediante la
inclusión irregular de españoles emigrantes—, con tal de conseguir
la permanencia en el poder.
Imaginemos un partido, para el
que la conservación del Medio Natural, la investigación no-militar,
la condonación de la deuda externa, las políticas de integración de
inmigrantes, la lucha contra la violencia doméstica, la protección
del arte o la cultura no representaran un asunto
prioritario.
Imaginemos un partido político que fuera capaz
de manipular los fantasmas de la desvertebración nacional o el
ruido de sables, con el único propósito de fabricar
contenidos para una oposición destructiva, basada en el alejamiento
de la realidad, la negación de cualquier argumento ajeno y la mala
educación.
En caso de existir un apartido político así, ¿qué
nombre tendría?