|
Alameda, 5. 2º
Izda. Madrid 28014 Teléfono: 91 420 13
88 Fax: 91 420 20 04
|
presencia. Juan Carlos «El Rey» |
|
Noviembre en Madrid
Ángel Escarpa
UCR 25 de Noviembre de 2007
Estuve estos días de noviembre en Madrid y, como no podía ser de otro modo, tuve ocasión de asistir al menos a cuatro manifestaciones-concentraciones. La primera en apoyo del pueblo saharaui, en demanda de su independencia y por la salida de sus tierras del déspota rey de Marruecos, que constituyó un clamoroso éxito de asistencia de público desfilando por esa memorable Calle de Atocha hasta la Plaza Mayor. La segunda, menos numerosa, fue una concentración en la Puerta del Sol, conmemorando el triunfo de la Revolución Rusa de 1917. La tercera mani tuvo lugar en Vallecas, desde Buenos Aires hasta la Plaza Roja, ésta como clara muestra de rechazo por el asesinato de un joven antifascista a manos de un neonazi en la Plaza de Legazpi. Dos días después se celebraba una segunda mani en Sol, donde se dieron cita una vez más los antifascistas madrileños para condenar la violencia de la extrema derecha. Me referiré solo a la mani que discurrió por la Avenida de la Albufera para no hacer muy extenso este artículo. En el discurrir de esta manifestación por dicha avenida tuve ocasión de comprobar la falta de sensibilidad y la indiferencia en la que cayó este barrio, con acreditada fama de antifascista. Cuántas veces desde aquellos “saltos” de los años setenta este barrio se echó a la calle para protestar por la carestía de la vida, por las libertades, por la masacre de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila... En esta ocasión, las ventanas y balcones herméticamente sellados, pareciera que tras ellos no habitaran obreros y empleados, sufridas amas de casa con hijos cuyas vidas podrían estar corriendo peligro en esas mismas horas en las calles de esa ciudad. Si hay una cosa que me dolió especialmente fue la indiferencia con que los comerciantes de dicha avenida veían discurrir la manifestación frente a sus luminosos y repletos escaparates, olisqueando la paga extra, tentándonos ante las inminentes navidades desde sus papelerías y sus joyerías, sus tiendas de embutidos y modas, sus bares y sus expendedurías de lotería, de juguetes y de zapatos de señora y caballero. No faltaban a sus puertas los tenderos, con pinta de satisfechos y bien alimentados, observando a la multitud, entre curiosos y dicharacheros; esos tenderos que hicieron pequeñas fortunas a costa de estos vecinos que ahora desfilan y gritan su dolor y su indignación por la pérdida de un joven de 16 años a manos de otro por el simple hecho de rechazar una ideología xenófoba. Estos tenderos madrileños, tan atentos al cajón de las perras como a los gloriosos cuerpos de las adolescentes que pasean a esas horas por la avenida, que dieron carrera a sus hijos con los frutos del sudor de éste y tantos barrios obreros, que pagaron los flamantes coches con los que en los fines de semana escapan al hotelito de la sierra, pero que no tuvieron el gesto solidario de echar el cierre o de apagar las luces de su tienda en esa hora. Qué tristes, grises, ajenas y anónimas pueden llegar a parecernos a veces las fachadas de nuestras propias ciudades. Fue en verdad demoledor para mí comprobar que, en esa hora tan triste para los padres que unas horas antes habían perdido un hijo, a solo unas estaciones de metro de allí, ni tan solo un crespón negro, ni una de esas numerosas banderas obreras que tanto abundan en las manifestaciones de abril y mayo, tuvo la valentía de saludar al numeroso gentío que, recordando otro Madrid, otro noviembre de 1936, gritaba una y otra vez a aquellas amedrentadas e indiferentes fachadas la consigna que hoy aún podemos leer en las viejas fotos de aquella guerra antifascista, y que sobrevolaba en forma de pancarta los arcos de la Calle de Toledo: LOS FASCISTAS QUIERN TOMAR MADRID. MADRID SERÁ LA TUMBA DEL FASCISMO. ¡NO PASARÁN! Nos vamos haciendo mayores y resulta ingrato reconocernos en las lunas y espejos de estas y otras calles de nuestras ciudades tal como somos actualmente, pues quizás a esas mismas horas, de rabia y de dolor, hubiese más público en la calle Preciados, acarreando bolsas llenas de regalos adquiridos en la FNAC o en El Corte Inglés, que tratando de pararle las patas al fascismo en la calle. Siempre nos quedará el recurso de agarrarnos a esos tresmil quinientos corazones aún dispuestos a dejarse arrastrar por las consignas políticas y las llamadas a la movilización contra el fascismo, vengan de donde vengan, aunque no hayan sido convocados desde el pirulí de la calle Odonnell. (Vaya todo mi dolor y toda mi solidaridad hacia esos padres a quienes les fue arrancada la vida del hijo en la flor de su vida.) ¡VIVA LA REPÚBLICA!
Ángel Escarpa Sanz. Islas Canarias. Noviembre de 2007
|