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Neo-Goebbelsianismo, frente a elecciones democráticas
José Luis Pitarch
UCR
26 de Mayo de 2007
En 1.987-88, el senador por Colorado Gary Hart, que
estaba ganando la carrera para candidato demócrata a la Presidencia USA --a
disputar con Bush padre--, tuvo que retirarse de la corrida por no decir la
verdad a los ciudadanos sobre su lío semental, perdón, sentimental con la
bella señorita Donna Rice (nada que ver con Condy
Rice, liada sin ayuntamiento carnal con este otro Bush, el necio). Y a
Clinton le vetó el Senado designar a varios Fiscales Generales, uno por no
pagar un impuesto, otro por tener una doméstica sin registrar, otro algo así.
Mismito que acá, donde medio pueblo soberano va a votar a conocidos manguis del
dinero público, apañado desde altos cargos ídem, alguno con cien cuentas
secretas sacadas a la luz por el juez, y que no paga a Hacienda y encima pide
que ésta le devuelva, y compra décimos de lotería premiados para tapar dinero
negro. Y, repito, lo peor, lo sabe todo dios, mas le protege el jefe territorial
de su partido, que debe aspirar a prime
minister del Estado. Y los obispos condenan el matrimonio gay, el
terrorismo, interrumpir el embarazo, etcétera, pero no la corrupción. ¿Aquí
qué pasa?
¿La
podredumbre y latrocinio administrativo están impresos a fuego en este pueblo,
como una maldita herencia del franquismo y canovismo, de “los polacos” del
corrompido conde de San Luis, protegido de Narváez, enemigos de mi arquetipo de
general de Caballería progresista del XIX, don Domingo Dulce? ¿Tenemos los
gobernantes que nos merecemos? ¿Se admira a estos delincuentes, y mucha gente
considera “normal” tal podredumbre? Mas demos otro paso (Roberto Ruiz me
dice que voy a saco, pero que otros lo llenan): quienes votan a conocidos cleptómanos,
¿son igual de cacos, harían lo mateix
si pudiesen? Y aún: ¿en cuál partido se da esto más? (pues decir bobamente
que en todas partes cuecen habas es la mitad de la verdad, esto es, la mayor
mentira: el asunto radica siempre en los porcentajes, no es igual enfurecerse
una vez al mes que siete al día, hay políticos que mangan en Dinamarca… pero
cien o mil veces menos que en España, y en México más que aquí, y en
Marruecos más que en México, y en Ruanda más que en Marruecos).
A no hablar de los censos adulterados (¿qué partido lleva la palma?),
de la televisión legionaria de Cristo (éste, es sabido, gustaba de estar con
los ricos y la púrpura, con los papas y clérigos judíos, con los misiles de
entonces), y, en fin, del intento neo-goebbelsiano por parte del PP (lo recuerda Restituto Valero) de
alienar a base del “principio de simplificación y del enemigo único”, del
de “vulgarización” (propaganda al nivel del menos inteligente), del de
“orquestación” (pequeño número de ideas repetidas incansablemente, para
que parezcan verdad), a más de medios de comunicación afines tratando de “producir”
la realidad, y de echarse a la calle en sublevación antidemocrática. Y, si no
ganan, todavía queda el “tamayazo”, el coup
d’état del ladrillo.