La propuesta que hizo ayer Batasuna por boca de Otegi, y que hoy tratan de minimizar los medios de comunicación, presenta un escenario político renovado. Difícil, pero renovado. Durante el mes que llevamos desde la bomba de Barajas, el Ministerio del Interior no ha dejado de filtrar que el proceso de paz había avanzado mucho en lo concerniente a la mesa política y que ETA había dado una importancia menor al frente de presos. La propuesta de Batasuna puede ser tremendamente relevante para avanzar en la normalización política del País Vasco: ya hace unas semanas parecía muy aconsejable (y así se dijo en este blog) avanzar en la normalización política ya que ETA había paralizado la pacificación. Es muy difícil no tomar la posición de Batasuna como algo relativamente sencillo de encajar en la Constitución y asumible desde cualquier postulado democrático.
Quedarán los irreductibles. Pero tendrán muy difícil explicar su postura. Quedarán quienes desde el nacionalismo español se nieguen a aceptar sentarse a hablar sobre esa propuesta, pero tendrán muy difícil explicar por qué es totalitaria, excluyente y todos esos tópicos, cuando es una propuesta que hace sólo 30 años hubieran hecho suya prácticamente todos los partidos. Y del otro lado tendrán muy difícil justificar la vuelta a las bombas quienes tienen una apuesta que, al fin y al cabo, es constitucional e incluso, dependiendo del resultado electoral en Navarra este año, realizable pacíficamente a corto plazo.
Los irreductibles, cada vez más, pueden pasar a ser perfectamente prescindibles.