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Navarra por la izquierda

Edurne Egino, Fernando pascual y Javier Zubiri

La izquierda social en Navarra tiene, al menos, dos identidades políticas que se agrupan electoralmente en dos grandes bloques. Uno de ellos representa a quienes sienten una identidad “vasquista”; la otra, a quienes la sienten “navarrista”. NaBai y PSN, ahora, de manera casi hegemónica. Aunque ésta sea una cierta simplificación de las cosas, también se puede afirmar que las dos actúan en y para Navarra, las dos se sienten navarras. “Vascos”, “navarros” o “vasco-navarros” se puede decir que tienen emociones parecidas ante unos poemas de Gabriel Aresti y Miguel Hernández, de Mario Benedetti o Bertolt Brecht.

 

Cualquiera medianamente enterado sabe que esto de las diferentes identidades no es una singularidad de nuestro pueblo y puede encontrar posiciones similares en Galicia o Aragón, en Cataluña o Bélgica, en la Comunidad Autónoma Vasca o en el País Valenciá o en Québec, por poner solo alguno de los ejemplos posibles.

Estas distintas formas de sentir no han impedido que la izquierda plural se haya entendido y se entienda, ni que otras comunidades hayan sabido resolver mejor que nosotros como sus ciudadanos se integran, sin menoscabo de sus sentimientos identitarios, en un proyecto común de convivencia, respeto y progreso social.

Exclusión y sectarismo
El verdadero drama en Navarra ha sido que hemos preferido la exclusión a la inclusión, el sectarismo al diálogo sincero y leal, la primacía de los sentimientos sobre el buen uso de la razón. Es cierto que no todos somos igual de responsables y que algunos se han empeñado en agravar esta situación y han utilizado su “españolidad”, su manera de entenderla, como exclusivo salvoconducto para acceder al gobierno navarro y solapar políticas antisociales, restrictivas en presupuestos y contrarias a la tradición solidaria de la ciudadanía navarra. La “pepera” UPN es la protagonista aventajada de esa escuela, pero no podemos perder la memoria de cómo se orientaban algunas políticas de Urralburu y sus más fieles seguidores. No tenemos amnesia tampoco para denunciar que la presencia sanguinaria de ETA distorsiona permanentemente la necesaria serenidad para abordar estas cuestiones.

Momento crucial
Estamos en un momento crucial para que la posibilidad de acuerdo entre estas izquierdas supere lustros de ninguneo, reproches, incomprensión y aislamiento entre unas y otras, ahora que la sociedad navarra ha votado recuperar la solidaridad manifestándose mayoritariamente por una alternativa de Gobierno de izquierdas. Las cuestiones en las que pueden coincidir, aunque sus conclusiones las hayan encontrado de forma unilateral, son muy importantes y establecen algunas formas de identificación muy apreciables ante problemas reales.

Grandes retos
Responder al gran reto de la inmigración con recursos, con normas igualitarias como la libertad de elegir centro -¿como es posible considerar “inmigrante” a un niño de 3 años?-), atender con dignidad las necesidades de las viudas, las mujeres maltratadas, los enfermos mentales, la protección del medio ambiente, las inversiones en investigación y en la creación de nuevos puestos de trabajo en condiciones dignas para la juventud es una de ellas.

Defender el derecho a la vivienda en condiciones de dignidad y entendiéndolo como básico y prioritario respecto del negocio inmobiliario es punto de encuentro. Compartir que dotar a la enseñanza pública de recursos, criterios y medios de verdadera integración social, también. Sostener que una sanidad pública, universal, gratuita, eficaz; dotada de suficientes recursos presupuestarios para que sus facultativos y demás personal sanitario, los pacientes y la investigación médica puedan sentirse suficientemente atendidos, reconocidos y satisfechos es un campo de plena coincidencia. Como lo es de la misma manera el desarrollo de políticas de igualdad, prevención, asistencia para los sectores más desfavorecidos de la sociedad que, a diferencia de lo que proclama la derecha y las políticas neoliberales, no son los holgazanes de esta sociedad, sino a quienes los gandules – los que viven del trabajo de los demás y que casi siempre se sitúan en esa misma derecha- nos quieren presentar como los más inútiles de entre nosotros.

Coincidiremos en que con los valores comunes de la izquierda, como dijo en algún momento François Hollande, deberemos interesarnos por los “ricos” y sus aportaciones a la sociedad para que nuestro discurso tenga algún grado de credibilidad; en la lucha por la paz y en el NO a la guerra.

Derechos fundamentales
Participamos en la defensa de los derechos fundamentales y, entre ellos, el derecho a la vida de todos nuestros semejantes. En que el desarrollo radical de los valores democráticos es prioritario para que nuestra sociedad progrese en paz. En que la utilización de la violencia no solo es inútil políticamente, sino que antes es reprobable desde cualquier principio ético. En entender al “otro”, al diferente, como alguien en quien me reconozco yo y para quien reivindico los mismos derechos que para mí y los nuestros. En que es otra cosa distinta y más valiosa aún que la generosidad que las minorías se sientan reconocidas y representadas. Que podemos asumir nuevas competencias y desarrollarlas muy eficazmente.

Si estamos de acuerdo en defender estos valores, ¿quién va a entender que no vamos a poder ponernos de acuerdo en como solventar las diferencias que tenemos?, ¿cómo no vamos a poder converger para defender los derechos, incluso, de los que no están de acuerdo con nosotros?.

La confrontación, inútil
Se ha demostrado inútiles en la búsqueda de la paz y de la recuperación de la convivencia las fórmulas de confrontación, exclusión y aislamiento de unos grupos frente a otros... Enfocar y magnificar una de las diferencias desdibujando todo el resto de la imagen solo puede servir a quienes quieren mantener esa situación cuyos beneficios sólo se reparten unos pocos y los magnifican a través de tanta “empresa pública” que desvía contratos al sector privado, vaciando de contenido el trabajo de muchos funcionarios y sin ningún control de calidad. Esta no es la realidad social que la ciudadanía navarra quiere y lo ha dicho en las urnas. Nos toca buscar y experimentar otras caminos, otras formas de relacionarnos y de construir Navarra y una buena forma de comenzar es romper la barrera nacionalistas/ no nacionalistas. Porque todos y todas somos navarros y navarras y muchas son las personas que lo que han votado es un gobierno progresista, una forma de hacer que supere el modelo ya caduco. Lo que ha votado la ciudadanía navarra es rebajar la tensión que provoca la cuestión identitaria, respetándola para favorecer el encuentro en los temas sociales, en el bienestar a largo plazo de quienes habitamos una tierra cada vez más plural y más rica en valores comunes….

Lealtad democrática
No tenemos otra solución que alcanzar un acuerdo. Un acuerdo sincero, lleno de lealtad democrática, para hacer políticas que interesen y beneficien al conjunto de la ciudadanía. Un acuerdo que exhiba otra forma de hacer política, pero también otra política distinta, con unos políticos diferentes, austeros, prudentes pero firmes, honrados, transparentes y fieles con el proyecto, cercanos y creíbles.

Encuentro de la izquierda plural
Tal y como está el patio no se si vamos a gobernar juntos a pesar de que la ocasión la pintan calva, pero seguro que al que rompa la baraja, al que prefiera otros aliados y demore el encuentro de la izquierda plural en Navarra los ciudadanos y las ciudadanas navarras que creen en el cambio de izquierdas y de progreso se lo van a hacer pagar muy caro. Quizá luego sea demasiado tarde.

Edurne Egino, Fernando Pascual y Jabier Zubiri son simpatizantes independientes de Nafarroa Bai

 

 

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