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El
movimiento por una vivienda digna
Mario Cuéllar
CyT Nuestra Prensa 17 de junio de 2007
El pasado
14 de mayo se cumplió un año del nacimiento del movimiento por una vivienda
digna. Una convocatoria anónima por internet sin gran difusión en los grandes
medios, convocó de forma sorprendente a miles de personas en las principales
ciudades españolas. Estudiantes y trabajadores que de forma anónima sufrían
el crecimiento desorbitado del precio de los pisos y alquileres, unieron sus
fuerzas para denunciar la especulación y la corrupción urbanística, y
reivindicar la vivienda digna como un derecho básico de la ciudadanía y no
como un negocio. A raíz de
las sentadas sucesivas, se formó la Asamblea contra la precariedad y por una
vivienda digna, que a su vez se organizó con reuniones semanales, y se crearon
diferentes comisiones de trabajo: una para elaborar una propuesta alternativa al
modelo actual de acceso a la vivienda; otra para relacionarse con otras
asociaciones que tratan las mismas problemáticas; otra más de comunicación
para la relación con los medios; y una última para preparar diferentes actos
reivindicativos: semana de lucha social, concentraciones frente al Ministerio de
la Vivienda y la Empresa Municipal de la Vivienda - EMV de Madrid, conferencias
y charlas sobre especulación o urbanismo y manifestaciones. El movimiento
no ha parado de crecer desde entonces. Si repasamos el número de personas que
ha asistido a las manifestaciones, de las 3.000 personas de la primera
manifestación se pasó a unas 10.000 en la segunda, y la celebrada el pasado 24
de marzo contó con 20.000 asistentes aproximadamente. El movimiento no sólo se
circunscribe a Madrid. Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla y otras muchas
ciudades tienen sus propias asambleas y hay contactos entre ellas para actuar de
forma unitaria y coordinada. Propuesta
sobre las viviendas vacías Pero no sólo
hay que fijarse en las manifestaciones. La Asamblea ha elaborado propuestas que
algunos partidos empiezan a recoger en sus programas. La propuesta principal es
la de fomentar el alquiler social mediante el uso de las más de tres millones
de viviendas que según el INE se encuentran vacías en España. Se da la
oportunidad al propietario de que alquile su vivienda, en caso de no poder
justificar porqué se encuentra vacía y sin uso. La vivienda se añade a una
bolsa de alquiler social, fuera de los mecanismos del mercado, con un alquiler
que cubra únicamente los gastos de mantenimiento y habitabilidad hasta que el
propietario justifique su uso, momento en el que se devuelve la vivienda a su
propietario. La medida pretende eliminar la vivienda como negocio, anulando la
posibilidad de especular con ella. El problema
del acceso de la vivienda se ha ido acentuando con el paso de los últimos años.
A pesar de tener unas tasas de construcción que superan las de Inglaterra o
Francia, nunca había estado tan difícil adquirir una vivienda o acceder a un
alquiler a precio razonable. La edad de emancipación de los jóvenes españoles
es de las más altas de Europa, el ahorro de las familias está bajo mínimos,
ya que las continuas subidas de los tipos de interés repercuten a continuación
en el euribor y a su vez en el interés que los hipotecados pagan a sus bancos,
situando a muchas familias al límite para llegar a fin de mes. A pesar de la
propaganda de ayuntamientos y comunidades autónomas, la construcción pública
dedicada al alquiler sigue siendo mínima y la construcción pública en venta
ha provocado un mercado negro de viviendas públicas que han sido vendidas no a
precio público, sino al de mercado cobrando una parte “en negro”. Derecho
constitucional Y luego está
la mercantilización de un derecho reconocido por la carta fundamental de los
derechos humanos de la ONU y en el artículo 47 de la Constitución española.
Todos hemos visto reproducirse como hongos multitud de inmobiliarias, el
enriquecimiento de los conocidos “señores del ladrillo”, el desarrollo de
las empresas unificadoras de deudas y, como consecuencia de todo esto, la
destrucción ambiental de multitud de zonas. En el mes de
mayo, miles de personas volvieron a salir a la calle para denunciar la actual
situación y exigir mejoras a los poderes públicos para que no se cumpla uno de
los lemas para llamar a la movilización de la Asamblea: “No vas a tener casa
en la puta vida”.