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¿Misión de paz?
Rafael Torres
Un
mal enfoque de la presencia militar en misiones de paz por esos mundos ha
costado la vida de seis muchachos enrolados en el Ejército español. La verdad
es que los conceptos "militar" y "paz" son difíciles, si no
imposibles, de enfocar juntos sin que uno de los dos, comúnmente el de
"paz", quede borroso, pero también es cierto que se podría afinar un
poco venciendo esa presencia de tropas extranjeras fuera de su jurisdicción
hacia la función preventiva. Y eso no se hizo con el Líbano, donde la
comunidad internacional que hoy está presente en el país con sus contingentes
militares, dejó hacer al Ejército de Israel todo lo que quiso, esto es, matar
a sus anchas.
Dejar a la fuerza agresora que actúe libre e impunemente (atacando incluso a
unidades de cascos azules), para después llegar como pacificadores a un paisaje
de muerte y ruinas, equivale a dejar sembrado el mal fruto del resentimiento y
del odio. Claro que la propia presencia de tropas extranjeras en un país
suscita, en todos o en algunos de sus sectores, ofuscación y rechazo, pero en
el caso del Líbano, un país martirizado por Israel, por Siria y por diversas
facciones internas eternamente enfrentadas que, sin embargo, carecía de Ejército,
esas tropas multinacionales podrían haberse ganado el máximo aprecio del país
defendiéndolo en vez de ir a administrar su derrota.
Sea como fuere, el endiablado laberinto de Oriente Medio desaconseja toda alegría
en el envío de tropas, mientras que demanda una acción diplomática de fuerza
de muy otro calado. El caso es que cinco chicos, empleados del Ejército de España,
han dejado allí su futuro entero, calcinado sobre el asfalto de una carretera.
Nadie podrá contarles ahora, ni ellos podrán ya enfurecerse oyéndolo, que
fueron enviados a una misión de paz.