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Menos testosterona. Más estrógenos
Eneko Gumuzio
IzaroNews 22 de Enero de 2006
"¿Cómo lo ves?". Ésta es la pregunta recurrente entre los interesados por la política desde el atentado de Barajas. No hay quien se atreva a hacer un diagnóstico más o menos acertado de la cosa vasca porque, se mire como se mire, la susodicha cosa está muy enredada.
Ya es oficial que el Lehendakari habrá de declarar el próximo día 31 por el execrable delito de haberse reunido y hablado con miembros de una formación política ilegalizada. Y que pasean por la calle, anotamos con estupor. "Por cojones" habrá de sentarse en el banquillo, según cuentan las crónicas.
Si ya era grave que la escasamente democrática y muy testicular Hispania limitara como lo hace el derecho de asociación política, es aún menos presentable el intento de limitación del derecho de reunión a un cargo público electo. Y luego se llenarán la boca hablando de los cascos azules españoles que ayudan a establecer la democracia en lejanos e ignotos países. ¿Para cuándo cascos azules en Euskadi?
Ese mismo Lehendakari encausado por hablar no ceja en su empeño. Habla con Otegi y habla con Zapatero. No se trata de acordar, al menos de momento, sino de adelantar posiciones y conocer posturas. Visto el patinazo del presidente español en su actuación de los últimos diez meses, mejor será que se haga aconsejar por otros más avezados que los amigos y expertos que hasta ahora le han llevado de la mano por el laberinto vasco hasta el tortazo final.
Porque Zapatero es presa de sus errores, propios o inducidos. El siempre filosocialista El País no pierde ocasión de arremeter un día sí y otro también pidiendo más y más testiculina en la lucha contra ETA. Resulta enternecedora la resistencia del presidente Zapatero a dar el proceso por muerto y nos subleva la improvisación de su equipo, lanzado a la aventura de la pacificación sin conocimiento real del terreno que pisaban y sin pedagogía previa sobre la población española. Tan encanallados han resultado los últimos años que cualquiera que se opusiera a las leyes de excepción y venganza emitidas por el gobierno español era tenido por poco menos que cómplice activo de los que accionan los artefactos explosivos.
Los socialistas españoles pagan ahora haber liderado leyes y acuerdos antiterroristas que hubiera aplaudido Bush. Pagan también, muy caro, por cierto, no haber dicho alto y claro que el fin de la violencia no puede ser nunca gratuito, en una situación en que hasta un acercamiento de presos se interpreta como una cesión intolerable.
Tampoco corren mansas las aguas por el mundo de la izquierda abertzale. Decía Otegi que ciertos "sectores" les habían hecho llegar su sincera preocupación por la evidente contradicción del último comunicado de ETA. Queremos suponer que no se refiere a gentes cercanas al Partido Popular. Son sectores a los que Otegi y sus gentes escuchan con atención. Al día siguiente fue Rafa Díez Usabiaga quien declaraba que "sin bombas no hay proceso". Y Joseba Permach declaraba que las reflexiones de los días anteriores no se habían realizado a título personal, sino colectivo. O sea, que toda la izquierda abertzale entiende la preocupación de "sectores" acerca del comunicado y cree que con bombas no hay proceso. Este culebrón podría resultar interesante. Sobre todo el capítulo que podría escribir próximamente ETA. O no, que cuando el general ordena, todos se cuadran. Per collons.
Hay algo que no sabemos si ha aprendido la izquierda abertzale con respecto de lo sucedido durante los pasados meses. Por ejemplo, que en las conversaciones ETA-Gobierno, no es el Estado quien se sienta en la mesa. No debe confundirse Estado con Gobierno. A día de hoy es evidente que hay poderes del Estado que no responden a los intereses del gobierno español, sino a los de su muy desleal oposición. Acebes aplaudía con las orejas la sentencia que declaraba organizaciones terroristas a Jarrai-Haika-Segi. Ahí es nada. La doctrina Garzón, que sobrevive al cambio de criterio de su autor. Y no hay posibilidad de recambio en el área judicial, le pese a quien le pese.
La izquierda abertzale tendrá que asumir, si de verdad quiere resucitar el proceso, que su margen de maniobra es muy reducido y que el tiempo corre en su contra. La alternativa a Zapatero se llama "tripleta Rajoy- Acebes-Zaplana", que a su vez solamente podrían ser sucedidos por un resucitado y cuartelero José Bono. No son momentos (los anteriores tampoco, conste) para que el encapuchado de turno proclame que sin autodeterminación y territorialidad no hay paz. Que es tanto como cargarse Anoeta y prolongar el conflicto veinte años más. Y sin excusas para echar la culpa al de enfrente. Son momentos de cambio político de entre los propios con visión a largo plazo, algo que nunca ha hecho la izquierda abertzale. La alternativa es perderlo todo y para mucho tiempo.
Tanto unos como otros han
intentado también cargarse de razones ante los suyos filtrando aquellos
aspectos de las conversaciones de 2006 que más beneficio les reporta cara a los
suyos. Resulta que, de acuerdo con las filtraciones, Otegi y Egiguren estaban
reunidos el día del atentado, se había aceptado que la decisión de los
partidos vascos iba a ser soberana y la situación de los presos no figuraba en
la agenda de temas importantes de ETA. Entonces, ¿quién puso la bomba de
Barajas y por qué? ¿Al Qaeda para celebrar el año nuevo? Hay demasiada
literatura fantástica en estas justificaciones a posteriori de los partidos.
Todos ellos.
Visto lo visto, sean bienvenidas las iniciativas que construyen puentes.
Bienvenidas sean las autocríticas. Bienvenidos sean los que se ofrecen a hacer
en lugar de exigir a los demás hacer tal o cual. No podemos menos que brindar
un reconocimiento a Ahotsak, que reconociendo sus defectos, tiene una virtud,
cual es el deseo de establecer vínculos entre quienes comparten una cualidad
que está por encima de las ideologías, que es el ser mujer. Con comprensión
con respecto a los límites de cada cual y buscando el mínimo común que nos
saque del atolladero.
En estos tiempos en los que en política vasca la testosterona parece primar sobre los estrógenos, deseamos fervientemente que esta iniciativa resista el ímpetu cuasi cuartelario de quienes dicen buscar soluciones a golpe de silbato.