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Vamos de mal en peor

 

Josep María Terricabras

El Periódico 13 de Junio de 2007

Era de temer. ETA ha roto la tregua. Era de temer. El objetivo principal de la tregua era posibilitar el diálogo, que no ha ido mucho más allá de una fase "exploratoria". Mientras, ETA cometía un importante robo de pistolas, ponía varios explosivos de poca potencia y, al fin, atentaba en la terminal de Barajas, con el resultado de dos muertos. Por su lado, el Gobierno español seguía encarcelando y juzgando a etarras, no acercaba ni un preso a Euskadi --a pesar de dejar que De Juana se recuperara en un hospital--, no suprimía la ley de partidos, no legalizaba el nuevo partido de la izquierda aberzale y acababa impugnando más de la mitad de las listas en las que esta izquierda se había cobijado para las elecciones municipales.


Malas condiciones para el diálogo. Después de 14 meses, ETA ha descubierto que la tregua servía como tregua, pero que no habría diá- logo. El Gobierno español no que- ría negociar nada, sino ganar tiempo para que la tregua fuera definitiva. En la visión rígida de España, el PSOE y el PP coinciden totalmente, por mucho que hayan querido escenificar diferencias de matiz. La única reclamación que ETA mantenía con firmeza era el reconocimiento del derecho a la autodeterminación. ZP declaró en seguida --y lo repitió-- que esto era innegociable, que de autodeterminación, nada de nada. Pues, ya está.


De Juana ha regresado a la cárcel. Otegi también. La cárcel como espacio de diálogo. La coincidencia básica del PSOE y del PP se ha evidenciado después de la ruptura de la tregua: acuerdo inmediato para rehacer la unidad de acción contra el terrorismo; según Rajoy, esto significa que no se va a "negociar" nunca con ETA. En realidad, ZP no ha negociado, y no lo hará. Ni él ni el electorado español parecen quererlo. Tenemos, pues, ETA para años. Y más muertos, y dolor por todas partes. La paz y la España plural, sin resolver. Pero mucha retórica, claro.


Los que lamentan que Euskadi no tenga un Gerry Adams olvidan que España tampoco tiene un John Major ni un Tony Blair. ¡Qué lástima! Era de temer. Pero ahora estamos peor. Con más frustración, con muy poca esperanza.

 

 

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