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Listos e inteligentes
Fernando de Orbaneja
La República 14 de agosto de 2007.
De forma más o menos consciente los españoles sabemos distinguir entre ambos adjetivos sin necesidad de buscar su significado en el diccionario. Éste define a los listos como sagaces y avisados y a los inteligentes como dotados para entender y comprender.
Creo que sería conveniente añadir que el inteligente programa sus actuaciones pensando no sólo en el ahora sino también en el futuro, calcula las repercusiones que sus decisiones van a causar o pueden hacerlo. Es decir, actúa a largo plazo.
El listo actúa para hoy, para ahora mismo, no tiene en cuenta las posibles repercusiones de sus resoluciones. Sólo le interesa el corto plazo.
Si efectuamos un repaso a nuestros políticos no cabe la menor duda de que sobran los listos, con cualquiera de sus definiciones, y habría que buscar con lupa a los inteligentes.
¿Ejemplos de lo que digo?. Por desgracia son numerosos. No tenemos más que ver sus decisiones y sus declaraciones, todo se hace y se dice en función de los votos que eso puede proporcionar.
La enseñanza en España es deplorable, somos el último país de Europa en tema tan esencial. ¿Por qué no se toman medidas urgentes y eficaces para solucionar el problema?. Pues muy sencillo, porque los frutos de una buena enseñanza se empiezan a recoger a los veinte o treinta años…. Por tanto, no podrán ponerse la medalla, porque para esas fechas estarán otros. Además, puede causar problemas tocar ese asunto y eso resta votos. ¿Qué el país lo necesita con urgencia?. Bueno, pero que “lo hagan otros”. Y si no existe una enseñanza de calidad, ¿cómo vamos a tener técnicos y licenciados competentes?, ¿de dónde van a salir los investigadores?, ¿cómo se puede contar con ciudadanos conscientes?.
Nos quejamos de la justicia. No sólo es lenta (una justicia lenta es una injusticia), sino que se producen sentencias que hacen sonrojar a las piedras. ¿Por qué ocurre esto?. Pues sencillamente porque un memorión gana unas oposiciones y ya es juez… y no todos sirven para ello. Es necesaria una rigurosa selección psicológica, una especial preparación y un período controlado de prácticas. Pero eso no se hace porque “sus resultados se verían después de esta legislatura y lo celebrarían otros”.
No nos engañemos, se actúa así, no se tiene en cuenta el bien del país, sino el resultado de las elecciones. Y esto se debe, hay que decirlo, a que los políticos “listos” no son patriotas, y no lo son precisamente los que más presumen de serlo, no les interesa para nada su país, sólo su propio provecho.
Lo vemos en el terreno urbanístico, se dicen: “hay que financiar al partido (y de paso me financio yo) para ganar las elecciones”. ¿Qué nos hemos cargado la costa o un paraje ecológico? ¡qué más da, hemos ganado que es lo que cuenta!.
Los ejemplos de malversación, corrupción, incompetencia y, lo que es peor, de sensación de impunidad que están dando, un día sí y otro también, los políticos “listos” son tan frecuentes que ya ni nos asustan, ¡¡y encima, se creen intocables porque les votan!!.
Creo sinceramente que necesitamos una catarsis en profundidad, sobre todo en la política, que sólo puede llegar con una República. Una República que implante de una vez por todas los valores republicanos, donde nadie domine a nadie, donde exista verdadera libertad, igualdad y solidaridad, donde los gobernantes den ejemplo de austeridad, donde los poderes sean independientes y puedan controlarse entre sí, donde la ética civil sea el común denominador, donde la educación sea nacional, obligatoria, gratuita, laica, de calidad e integral.
¿Es pedir demasiado?. Creo que no, otros países, otros pueblos, lo han conseguido ¿por qué nosotros no?, no somos ni más necios ni más listos que ellos. Simplemente ellos son auténticos patriotas, mientras que la mayoría de nuestros políticos sólo son “patrioteros”.