Lafontaine une a la
izquierda, Llamazares la dinamita
Javier Parra
La
República
26 de Diciembre de 2007
Gaspar Llamazares trajo a Oskar
Lafontaine a Madrid con la intención de usarlo como baza electoral de
cara a Marzo. Se cree el asturiano que hacerse una foto con el líder
de "La Izquierda" en Alemania es un aval que hará que la izquierda
española se rinda a sus pies y le diga: "Si, ¡tu eres nuestro
Lafontaine! ¡Te seguiremos!". Desgraciadamente las virtudes no se
pegan, y dudo bastante que el alemán conozca la acción política de
Llamazares porque si así fuera, dudo que hubiese aceptado hacerse una
foto con el artífice de reventar Izquierda Unida y hacer que lo
desprecie toda la izquierda alternativa.
Algunos líderes "llamazaristas"
ya han declarado que no están cómodos junto a los símbolos comunistas,
incluso que se avergüenzan de ellos. No sé si pensaban lo mismo cuando
fué el PCE quien puso a disposición de IU todas sus sedes, sus
recursos, sus hombres y mujeres, su dinero, sus esperanzas… Un PCE al
que ahora, desde el entorno de Llamazares, se está intentando aislar y
expulsar de la coalición, convirtiendo a IU en una organización sin
militantes, una especie de "Coordinadora de cargos públicos", pero con
el apoyo de los grandes medios de comunicación, eso sí. Unos medios
que también desprecian, como los de Llamazares, a la izquierda
anticapitalista.
El camino de Llamazares y los
suyos es el mismo que emprendieron los Garrido, Almeida o Carrillo,
aunque pretende hacerlo desde el control del aparato, recurriendo a
purgas, expulsiones, y a la ayuda de medios los medios afines al PSOE.
Lafontaine abandonó la
socialdemocracia para unir a la izquierda anticapitalista. Llamazares
abandona la izquierda anticapitalista - si es que alguna vez estuvo en
ella - para desembarcar en la socialdemocracia.
Y es que Llamazares no es
Lafontaine, y por supuesto ni tiene la capacidad ni la intención de
unir a la izquierda. Para unir a la izquierda no bastaría con unir a
sus organizaciones en una estrategia común, sino en lo que es más
importante, construir un discurso radicalmente distinto a lo
existente, de izquierdas, internacionalista, republicano y verosímil.
Un discurso que sólo será posible construir abandonando cualquier tipo
de sectarismo, intolerancia o resentimiento