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Simón
Radwanski y Jon Sobrino
Fede de los Ríos
Gara 14 de Marzo de 2007
A Jon
Sobrino, la Inquisición y el Santo Oficio le han prohibido dar clases y
publicar libros. Compañeros suyos fueron asesinados por los franquistas de El
Salvador. El Gobierno polaco, quiere borrar de la historia el recuerdo de sus
compatriotas muertos contra el fascismo español
El 20 de febrero moría en Bélgica el polaco Simón Radwanski. Días antes había
declarado «vine a España por humanidad... y a ofrecer mi vida por unos ideales».
«He sufrido con los españoles, he pasado hambre con ellos y por ellos hubiera
ido a la muerte». Fue uno de los 40.000 brigadistas internacionales
provenientes de 54 países que vinieron a combatir contra el fascismo en la
guerra civil. Más de 2.000 polacos dejaron la vida luchando contra los
franquistas. Como pago, el Gobierno polaco, en manos del católico partido Ley y
Justicia, quiere borrar de la historia el recuerdo de todos sus compatriotas
muertos contra el fascismo español. Lech y Jaroslaw Kaczynski, presidente y
primer ministro respectivamente, (son gemelos, se ve que a veces la miseria va
en el paquete genético), han calificado a los brigadistas polacos de «traidores
y criminales». Está elaborando una ley con el fin de suprimir las rentas
especiales de los veteranos de II Guerra Mundial y la lucha contra el fascismo;
así como la retirada de todo símbolo conmemorativo a sus muertos.
Es que los gemelos son mucho. Han montado un Instituto de la Memoria Nacional
para la depuración comunista del país. Uno de los primeros pasos fue el de
forzar la renuncia, con la aquiescencia del Vaticano, de Stanislaw Wielgus,
arzobispo de Varsovia, al que acusaban de haber apoyado, en sus años mozos, a
los comunistas. También llevan una particular cruzada contra las personas
homosexuales prohibiéndoles el derecho de manifestación por «obscenos». Será
porque Jaroslaw, con 58 años, aún vive con su madre.
Homófobos, partidarios de la pena de muerte y del endurecimiento de las
condenas, contrarios a la eutanasia y al derecho al aborto, anticomunistas. En
resumen, católicos como Dios manda y el Vaticano los quiere. No como ese rojo
de Jon Sobrino, al que la Inquisición y el Santo Oficio, (ahora la llaman
Congregación para la Doctrina de la Fe), le ha prohibido dar clases y publicar
libros. También se fue a otras tierras a luchar junto a los oprimidos. Compañeros
suyos como Ellacuría fueron asesinados por los franquistas de El Salvador. El,
como Simón Radwanski, tuvo más suerte, por eso el que gobierna en el Vaticano
lo quiere borrar de la historia de la Iglesia.
No le faltaba razón a Sartre: todo anticomunista es un perro.
En Madrid ladraban ayer.