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IU
después de las elecciones: Refundarse o desaparecer
Manuel Monereo *
Viento Sur 29 de Junio de 2007
Parece una
tradición consolidada: después de cada elección todas las fuerzas políticas
se declaran ganadoras y a las perdedoras hay que buscarlas con lupa. IU no
escapa a esta tradición: elección tras elección entramos en melancólicos
debates para elucidar si la botella está medio llena o medio vacía, al
final, a casi nadie se engaña y la realidad emerge mas allá o más acá de
las resoluciones de los órganos dirigentes de la coalición de izquierdas.
Para comenzar, la verdad: IU no se recupera electoralmente y continúa su
lenta decadencia. Discutir si estamos ante un estancamiento a la baja o a la
alta es más propio de la estupidez burocrática de tal o cual facción, que
el producto veraz de un análisis cuidadoso de unos datos complejos y no
siempre es fácil de valorar. Una cosa es necesario subrayar desde el
principio: este es nuestro mejor formato electoral, el tipo de elección que
permite minimizar las constricciones del bipartidismo y maximizar el esfuerzo
político y organizativo de nuestra militancia. Dos lecciones: una positiva,
el compromiso de nuestra militancia, que ha tenido, en muchos casos, que
inventarse campañas y medios; otra negativa, el contexto político general no
puede ser eludido en las batallas locales.
Una segunda consideración: la abstención y el voto en blanco se dan en un
contexto de polarización política extrema. Sin duda hay una correlación
entre una y otra. Para el PSOE el asunto es fácil: la “bronca” política
busca la abstención y responde a una estrategia muy pensada del PP. Para
otros, la polarización es artificiosa y sitúa una agenda de prioridades que
poco o nada tienen que ver con las preocupaciones reales de la ciudadanía y,
específicamente, de los trabajadores y las trabajadoras. Para muchos, una
mezcla de ambas cosas: polarización artificial que aparta de la política a
una parte importante de la base social y electoral de la izquierda.
Este asunto lleva a otro: parece verosímil afirmar que la tensión
bipartidista se va a incrementar aún más en el próximo futuro. De hecho,
esta ya ha estado muy presente en estas elecciones, especialmente en las
capitales y en los núcleos de mayor población. Si nos atenemos a la opinión
publicada, la percepción que existe es que el PP puede ganar las próximas
elecciones. No parece exagerado conjeturar que el PSOE va a demandar, una vez
más, el “voto útil” de toda la izquierda para vencer a la derecha, máxime
cuando esta aparece con posibilidades de ganar. El estrecho sendero de la
presión bipartidista puede reducir aún más el peso electoral y político de
IU. Este es el problema real, lo demás, literatura, mejor dicho, mala
literatura.
Este es el desafío: como asegurar en positivo, la viabilidad del proyecto político
de IU en un contexto poco propicio. Hay diversas salidas, como siempre. La
primera, no hacer nada, o casi nada, es decir, seguir en la pelea interna y
reducir el asunto a la lucha por el poder de tal o cual fracción (más de lo
mismo). La segunda, no tan diferente de la anterior, mirar al PSOE y “a ver
que dan” y asegurarse un lugar en el sol de lo mediático electoral.
Tercero, tomar nota de los problemas reales de IU e iniciar, aprovechando la
tensión político electoral, el proceso de refundación y reconstrucción de
la izquierda alternativa. Una cosa es clara: las otras alternativas ya se han
ensayado y no han llevado demasiado lejos, basta mirarnos y, sobre todo,
percibir como nos ven los demás. La apuesta, el riesgo calculado, es como se
dice en el título, refundarse o desaparecer. Es bueno tener en cuenta, en
este contexto, aquella observación de Max Weber cuando decía que “la política
consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces
resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es
completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se
consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una o otra vez”.
Hay que acertar en el diagnóstico. La crisis de IU es profunda: de proyecto,
de estrategia y de organización. De proyecto: queda poca identidad y el
militante, la afiliada, y los electores no saben demasiado bien qué somos
hoy, que propuesta política-cultural defendemos y las viejas consignas poco
dicen ya. De estrategia: no hemos sido capaces en estos años de construir un
programa que singularice un modo específico de hacer y pensar la política y
somos percibidos como socios preferentes (donde ha primado la opción por la
gobernabilidad y en el acuerdo, independientemente de la correlación social
de fuerzas) de un gobierno que no hace una política de izquierdas y que no
tiene otro proyecto conocido que impedir que el PP llegue a La Moncloa. De
organización: la dinámica que se ha ido imponiendo en los hechos es que cada
federación busque una salida individual producto, entre otras cosas, de una
dirección política débil, cuestionada y dividida. La militancia en la
sociedad, más allá de los eventos electorales, es escasa y la implicación
del afiliado es pequeña, abrumados por las transformaciones de la realidad
político-social, hartos de las peleas internas y, lo que es más grave, sin
mucha esperanza de que las cosas pueden realmente cambiar.
Como siempre, se nos dirá lo de siempre: pesimismo, análisis que
desmoralizan a la gente y dañan nuestra imagen. Argumentación favorita: no
hemos desaparecido y sobrevivimos. Está bien. El problema no es perpetuarse
sin más, sino asegurar la viabilidad social, política y electoral del
proyecto que IU defiende, desde una afirmación que es necesario repetir aquí
y ahora: IU es necesaria, sigue representando realidad social y propuesta política.
Si hay un déficit político real en este país es este: un déficit de
izquierda social, un déficit de crítica y de programa alternativo a una
realidad que concentra poder y riqueza en una plutocracia que fija límites a
la democracia y que cuestiona sistemáticamente los derechos sociales tan
duramente conquistados.
Una crisis tan profunda obliga también a pensar que las salidas no son fáciles
y que requieren de mucha tenacidad y tiempo; para decirlo con mayor precisión:
se necesita una estrategia compleja, un proceso más o menos dilatado en el
que se pueda actuar sobre aquellos elementos más relevantes, jerarquizando
las prioridades e impulsando dinámicas que hagan perceptibles los cambios.
La propuesta de refundación republicana, federal y socialista de IU tiene que
ver con el necesario reforzamiento de la identidad y del proyecto de IU. Una
fuerza política no es solo programa, es un imaginario, una idealidad que
fomenta la implicación subjetiva de los afiliados y afiliadas y que les
permite, por ejemplo, organizarse y luchar en contextos políticos poco
propicios y ante eventualidades electorales caracterizadas `por la así
llamada “inutilidad del voto”. Si el objetivo principal es este: reforzar
la militancia, ganar afiliados y afiliadas e insertarse activamente en la
sociedad civil, lo fundamental es motivarlos e implicarlos. La propuesta de
primarias para elegir el candidato o candidata a la Presidencia del Gobierno o
a los posibles diputados, tiene mucho que ver con esta opción por la
refundación como algo que viene no solo de arriba, sino fundamentalmente
desde abajo, convirtiendo a los hombres y mujeres de IU en los verdaderos
protagonistas de la recuperación del proyecto.
Aquí tampoco habría que engañarse. Como han demostrado las recientes
elecciones, la opción real es: elección por las direcciones correspondientes
(precedida y seguida de bronca pública dilatada en el tiempo) o participación
de todos y cada una de las personas afiliadas a IU a través de deliberación
y elección democrática.
La asamblea en dos fases serviría para esto: dar señales reales de cambio,
unir desde la política y restablecer los vínculos con nuestra base
electoral. La primera fase serviría para ratificar al candidato elegido y
hablar de política, es decir, del programa electoral que sintetice para la
opinión pública la propuesta que IU defiende. La segunda fase la haríamos
después de las elecciones, con el objetivo explícito de continuar en la
refundación republicana, aprobar el programa de IU y elegir la dirección. En
medio, entre una y otra fase, un gobierno de coalición interna que asegure el
máximo consenso y el aprovechamiento de todos los recursos políticos y
morales que IU sigue teniendo, al servicio de una campaña electoral entendida
como un esfuerzo sistemático para desarrollar nuestra organización, su
vinculación con la sociedad y su coherencia interna
La refundación republicana, federal y socialista de IU depende de todos los
hombres y mujeres que seguimos pensando que otro mundo es posible y que
depende de nosotros, es decir, de cada Asamblea local, de cada organización
(por muy pequeña que sea y por muy alejada que esté de los centros de poder
internos). La refundación es demasiado importante para dejarla en manos
exclusivamente de la dirección o de las direcciones. Para cambiar IU tenemos
también que cambiar nosotros.
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*Manuel Monereo Pérez es miembro de la Presidencia Federal de Izquierda Unida