3-republica.blogspot.com 26 de Febrero de 2007
España pelea por el liderazgo europeo en muertes por accidente laboral.
Nunca aparece ninguna autoridad política ni empresarial en los entierros,
salvo, quizás, algún alcalde; tampoco los líderes sindicales. En los
medios de comunicación, con la excepción de Gara,
nunca es noticia de portada la muerte de un trabajador... salvo que sean
militares. Esta chica no merecía morir, es una desgracia. Tampoco lo merece
ninguno de los trabajadores que van muriendo todas las semanas sin ningún
reconocimiento póstumo. Si lo que concede una especial relevancia a la
muerte de la soldada es que ésta ocurrió en una guerra, la hipocresía es
mayor, pues a nadie se le escapa que ya no es ningún tipo de noticia cada
muerte que se produce en la guerra de Afganistán. Ningún periódico recoge
de forma relevante lo que allí ocurre.
La muerte de la soldada ha puesto, además, en evidencia una perversión política
que estamos importando. Hace años criticábamos mucho a la opinión pública
estadounidense porque sólo le molestaba de una guerra el peligro que
corrieran sus soldados: no les importaron los criminales bombardeos sobre
Yugoslavia porque, aunque desde la altura que se hacían impedían
discriminar objetivos militares de población civil, esa misma altura reducía
al mínimo el riesgo de los bombardeantes. Eso mismo está pasando en España:
los que nos oponemos a la guerra de Afganistán sólo cobramos cierto
protagonismo cuando muere en ella uno de
los nuestros. Baste ver que esta semana han llegado a las portadas de
algunos periódicos las posturas de IU y BNG contra aquella guerra, a pesar
de que dicha postura tiene ya más de un lustro. Algo parecido sucede con
Irak. Zapatero acertó enormemente retirando con toda la rapidez que le fue
posible las tropas españolas de Irak. Con ello se conseguían dos cosas: no
ser cómplices de la masacre y evitar riesgos innecesarios para los
militares. Cubierto el segundo objetivo, el primero pasó a un segundo
plano: desde el principio el Gobierno parecía suplicar una normalización
diplomática con los criminales que ocupan la Casa Blanca, recientemente
hemos conocido un acuerdo por el que podrá haber agentes de la CIA en España
con autorización del Gobierno y la complicidad con los vuelos de la CIA no
es ni mucho menos un caso menor. Los que nos oponíamos a la Guerra (los que
nos seguimos oponiendo) no sólo lo hacíamos porque pusiera en riesgo a
nuestros militares, a nuestros periodistas (Julio Anguita Parrado, José
Couso), a nuestros civiles (11-M), sino porque nos parecía una
monstruosidad bombardear un pueblo por intereses personales, económicos y
políticos. Como nos sigue pareciendo una monstruosidad Guantánamo, como
nos siguen pareciendo monstruos Bush, Blair, Aznar, Durao Barroso... Nos
pongan o no en riesgo. Aunque no mueran los
nuestros.