Correo  

Alameda, 5. 2º Izda. Madrid   28014 Teléfono:  91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04     

 

 
Hacia la izquierda del siglo XXI

Vicent Álvarez

Levante 13 de Febrero de 2007

La izquierda es plural, siempre lo ha si­do muy a pesar de quienes se han ido proclamando como la única izquierda, más bien deberíamos hablar de izquierdas, este reconocimiento de la diferencia o pluralidad conduce a eliminar el sectarismo que ha caracterizado las relaciones entre las izquierdas, las de signo libertario, las so­cialdemócratas, las comunistas, o el más reciente caso de la izquierda verde.

Como Vázquez Montalbán nos hacía ver en su libro Panfleto desde el planeta de los simios, no hay verdades absolutas, hay «no verdades» evidentes. Y ante esas «no verdades» hay mucho que poner y hacer en común. En nuestro caso, en las áreas del planeta ricas o desarrolladas, las izquierdas se enfrentan ante fenómenos emergen­tes, ante cambios cualitativos. La socialdemocracia y los partidos comunistas no son ya las únicas alternativas que entran en liza en el combate político.

Hay una necesidad de poner al día la praxis, la teoría, las propuestas. Y es que algu­nas previsiones, algunas verdades de otros momentos, han dejado de tener vigencia y credibilidad. Todo eso, sin negar la virtualidad de propuestas emancipadoras, igualitarias, en un mundo en donde en algunos casos se mantienen las desigualdades, y en otros aumentan.

Una tradición importante y muy presen­te en un momento del siglo XX fue la comu­nista. Las experiencias nacidas de la revolución bolchevique determinarían rupturas y la creación de un modelo a seguir, modelo que, cuestionado por sus propios errores, se desintegraría a finales del siglo XX. Los partidos occidentales nacidos sobre la base de tal modelo han quedado huérfanos, aunque siguen manteniendo algunas de sus verdades e intentan hoy su refundación, conservando parte de su legado. Aquello de la clase obrera igual a izquierda, y todo un conjunto de construcciones que explicaban los cambios en función de la centralidad de la lucha obrera, es cuestionado por la realidad. Es cierto que el mundo ha de cambiar de base, pero eso no implica un hilo único conductor.

Las desigualdades son de naturaleza y causas diversas. Siendo críticos con el sistema, estamos cuestionando, además de las desigualdades nacidas del hecho econó­mico, otras que afectan al sexo, a la cultura, a la cualidad, al equilibrio hombre y naturaleza. La misma democracia represen­tativa es un valor en sí a ampliar y mejorar, y no eliminar como se pretendía en aras de la democracia económica o proletaria.

Jordi Borja escribía, en un reciente articulo, cómo tras el desplome del comunismo hacía falta una nuevo «fantasma» que recorriera el mundo. Esto apunta a otra cuestión, la de la ausencia de elementos alternativos en la gestión de los partidos socialdemócratas. Éstos han convertido su práctica en una gestión burocratizada y formal. Así, la teorización de la tercera vía de Giddens no es más que la plasmación sobre el papel de lo que viene haciéndose desde hace tiempo.

Frente a estas dos referencias imprescindibles de la izquierda clásica, hay una dimensión ecológica que nos ofrece un nue­vo paradigma. Puede que este elemen­to, el conflicto entre la política existente y la sostenibilidad, sea en algunos casos de gran relevancia. No obstante, ello no pone fuera de juego a otros factores, también, centrales en el ideario socialista.

Si la política verde como elemento emergente se convirtiera en otra centralidad única, un nuevo hilo conductor sustitutivo del resto de factores, estaríamos incurriendo en el mismo error en el que incurrió la simplificación del marxismo. Algunos verdes están convirtiendo su verdad en una nueva verdad absoluta, y eso, a mi juicio, puede dar paso a un dogma.

Pese a todo, la izquierda se ha ido conformando con verdades parciales en muchos casos, y de ahí, también, la complementariedad y la necesidad de sumar y colaborar. El tripartito de Cataluña no es el resultado del azar o de la imperiosa necesidad del momento, la alarma que tal hecho provoca en la derecha demuestra que la expectativa es un peligro serio para ella.

En el seno de nuestras fuerzas políticas hay en mayor o menor medida debates abiertos y pendientes, los hay en Izquierda Unida, explícitos a la vista de la refundación del PCE, los hay en el PSOE, aunque de baja intensidad, y entre los verdes qué vamos a decir, su fragmentación lo po­ne de manifiesto.

Tal vez, muchas verdades propias y ajenas deben revisarse, y sobre todo la insatis­facción de la que nos hablaba Agnés Heller, propia de la izquierda, nos obliga a buscar nuevas formulaciones, a la síntesis entre tradición y la puesta al día. Tampoco cabe olvidar de la necesidad de que las verdades parciales sumen sus energías en proyectos comunes, incluso que compartan tareas de gobierno.

  Página de inicio