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Hacia la
izquierda del siglo XXI
Vicent Álvarez
Levante 13 de Febrero de 2007
La izquierda
es plural, siempre lo ha sido muy a pesar de quienes se han ido proclamando
como la única izquierda, más bien deberíamos hablar de izquierdas, este
reconocimiento de la diferencia o pluralidad conduce a eliminar el sectarismo
que ha caracterizado las relaciones entre las izquierdas, las de signo
libertario, las socialdemócratas, las comunistas, o el más reciente caso de
la izquierda verde.
Como Vázquez Montalbán nos hacía ver en su libro Panfleto desde el planeta de
los simios, no hay verdades absolutas, hay «no verdades» evidentes. Y ante
esas «no verdades» hay mucho que poner y hacer en común. En nuestro caso, en
las áreas del planeta ricas o desarrolladas, las izquierdas se enfrentan ante
fenómenos emergentes, ante cambios cualitativos. La socialdemocracia y los
partidos comunistas no son ya las únicas alternativas que entran en liza en el
combate político.
Hay una necesidad de poner al día la praxis, la teoría, las propuestas. Y es
que algunas previsiones, algunas verdades de otros momentos, han dejado de
tener vigencia y credibilidad. Todo eso, sin negar la virtualidad de propuestas
emancipadoras, igualitarias, en un mundo en donde en algunos casos se mantienen
las desigualdades, y en otros aumentan.
Una tradición importante y muy presente en un momento del siglo XX fue la
comunista. Las experiencias nacidas de la revolución bolchevique determinarían
rupturas y la creación de un modelo a seguir, modelo que, cuestionado por sus
propios errores, se desintegraría a finales del siglo XX. Los partidos
occidentales nacidos sobre la base de tal modelo han quedado huérfanos, aunque
siguen manteniendo algunas de sus verdades e intentan hoy su refundación,
conservando parte de su legado. Aquello de la clase obrera igual a izquierda, y
todo un conjunto de construcciones que explicaban los cambios en función de la
centralidad de la lucha obrera, es cuestionado por la realidad. Es cierto que el
mundo ha de cambiar de base, pero eso no implica un hilo único conductor.
Las desigualdades son de naturaleza y causas diversas. Siendo críticos con el
sistema, estamos cuestionando, además de las desigualdades nacidas del hecho
económico, otras que afectan al sexo, a la cultura, a la cualidad, al
equilibrio hombre y naturaleza. La misma democracia representativa es un valor
en sí a ampliar y mejorar, y no eliminar como se pretendía en aras de la
democracia económica o proletaria.
Jordi Borja escribía, en un reciente articulo, cómo tras el desplome del
comunismo hacía falta una nuevo «fantasma» que recorriera el mundo. Esto
apunta a otra cuestión, la de la ausencia de elementos alternativos en la gestión
de los partidos socialdemócratas. Éstos han convertido su práctica en una
gestión burocratizada y formal. Así, la teorización de la tercera vía de
Giddens no es más que la plasmación sobre el papel de lo que viene haciéndose
desde hace tiempo.
Frente a estas dos referencias imprescindibles de la izquierda clásica, hay una
dimensión ecológica que nos ofrece un nuevo paradigma. Puede que este elemento,
el conflicto entre la política existente y la sostenibilidad, sea en algunos
casos de gran relevancia. No obstante, ello no pone fuera de juego a otros
factores, también, centrales en el ideario socialista.
Si la política verde como elemento emergente se convirtiera en otra centralidad
única, un nuevo hilo conductor sustitutivo del resto de factores, estaríamos
incurriendo en el mismo error en el que incurrió la simplificación del
marxismo. Algunos verdes están convirtiendo su verdad en una nueva verdad
absoluta, y eso, a mi juicio, puede dar paso a un dogma.
Pese a todo, la izquierda se ha ido conformando con verdades parciales en muchos
casos, y de ahí, también, la complementariedad y la necesidad de sumar y
colaborar. El tripartito de Cataluña no es el resultado del azar o de la
imperiosa necesidad del momento, la alarma que tal hecho provoca en la derecha
demuestra que la expectativa es un peligro serio para ella.
En el seno de nuestras fuerzas políticas hay en mayor o menor medida debates
abiertos y pendientes, los hay en Izquierda Unida, explícitos a la vista de la
refundación del PCE, los hay en el PSOE, aunque de baja intensidad, y entre los
verdes qué vamos a decir, su fragmentación lo pone de manifiesto.
Tal vez, muchas verdades propias y ajenas deben revisarse, y sobre todo la
insatisfacción de la que nos hablaba Agnés Heller, propia de la izquierda,
nos obliga a buscar nuevas formulaciones, a la síntesis entre tradición y la
puesta al día. Tampoco cabe olvidar de la necesidad de que las verdades
parciales sumen sus energías en proyectos comunes, incluso que compartan tareas
de gobierno.