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El gran ejemplo  del Poder Judicial

 Carlos Tena

Insurgente 20 de Diciembre de 2006

Hay ocasiones durante la vida de un organismo de tanta enjundia como el Consejo General del Poder Judicial, donde se supone que figuran expertos en leyes, a quienes, se supone, un reglamento elemental les exige (o si no, que un dios se lo demande, que es lo mismo que no decir nada) un más que exquisito respeto a esas normas de convivencia que rezan en los diferentes códigos (aunque algunas sean aberrantes y entren en contradicción con la misma esencia del derecho), y, lo que es más importante, hay que refrendar cuando los tiempos lo requieren. Pero, al parecer, la membresía de esa poderosa e decisiva institución ha sufrido un ataque de amnesia y se han negado a condenar algo tan brutal, ilegal, ilegítimo, injusto, arbitrario e ilícito como es ese limbo jurídico (infierno, más bien) en que se hallan unos “combatientes enemigos”  que sufren un trato inhumano, cien veces denunciado por organismos profesionales de tanta o mayor importancia que el citado, en una dependencia militar del ejército de los EEUU, situada en una zona ilegalmente ocupada en un país soberano como es Cuba,
 
Las atrocidades de todo tipo que las autoridades políticas, militares y judiciales norteamericanas cometen desde hace un lustro, contra esas personas sin la posible defensa, siquiera la de un abogado de oficio, en el campo de concentración de la ilegal base naval de Guantánamo,  no han sido condenadas por los miembros de ese Consejo, que se sitúan de esa manera en un silencio cómplice; una actitud que se revuelve contra ellos mismos que exigen a los militantes y organizaciones sociales de ideología abertzale que “condenen el terrorismo y la violencia”, como condición sine qua non para iniciar su posible re-legalización, argucia jurídica sin base alguna, que ni siquiera durante la primera legislatura tras la muerte de Franco, se utilizó para acallar las casi trescientas mil voces que votaban esas opciones.

Al parecer, ese silogismo de “o condenas o eres cómplice” no sirve a quienes lo utilizan para arrojarlo contra la izquierda radical nacionalista en Euskadi. Usando tan particular y errática interpretación de la realidad del silencio (el que calla, sencillamente no dice nada, y eso es así en cualquier libro de derecho), podríamos deducir que todos los miembros del Consejo General del Poder Judicial, apoyan, comprenden, defienden y aplauden las atrocidades jurídicas que cometen sus colegas norteamericanos, lo que es lo mismo, siguiendo con tan sesgada forma de lectura, que defender el terrorismo que el Imperio de Bush impone por encima de cualquier ley internacional.
 
A años luz del Poder Judicial, se sitúa en estos mismos días un magistrado de la Audiencia Nacional, quien interpretando de forma correcta y profesional las leyes que ha estudiado y prometido defender, dispone tomar declaración a los asesinos de Javier Couso, el cámara de Tele 5 muerto por los disparos de las tropas yanquis, cuando ejercía su labor profesional en un Hotel de Bagdad.
 
No soy galeno, pero recomiendo a los miembros de ese Consejo General, que se den una vuelta por la Universidad, que acudan a las clases donde miles de jóvenes estudian los códigos para obtener su título de abogados, y en un sano ejercicio de catarsis personal, decirles claramente: “No creáis que eso que viene en los libros vale para algo. Sólo es papel mojado.”. O mejor, papel higiénico con el que limpiarse las posaderas cuando llega el momento en el que hay que demostrar que se conocen las leyes, que se respetan y que se aplican, fuere quien fuere el sospechoso. El gobierno de Bush lo es. La justicia en España es así. Imprevisible. Insólita. Inaudita.
 

Y los miembros del Consejo General miran al tendido, esperando que llegue el doctor que les recete unas píldoras para recuperar la memoria. Esa bolsa en la que se guardan miles de textos, encerrados en la prisión de la cobardía,  para evitar que alguien les recuerde que una vez eligieron esa profesión para impartir justicia. Ver para creer.

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