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| Franco,
Franco, Franco
Rafael
Torres
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Diarios
Siglo XXI 20
de Noviembre de 2007
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Hoy hace treinta y
dos años que dejó éste mundo, que tanto contribuyó a entenebrecer
siquiera en el rincón peninsular que habitamos, el bandido que perdió
su empleo militar no bien se sublevó contra el pueblo español y sus
representantes democráticamente elegidos, si bien con ello ganó para
él y para la caverna que le elevó, el uso y disfrute en exclusiva de
lo poco o lo mucho que pudo arañar escarbando, tras la horrible
carnicería con que castigó a los españoles, en las ruinas de España.
Lamentablemente, treinta y dos años parecen haber sido insuficientes
para borrar su obra bestial, indecente y erradicadora sobre el solar que
ahormó a su vesanía durante cuatro décadas interminables. La propina
de la Transición también interminable, la propina de impunidad, de
olvido de las víctimas de su tiranía, de silenciamiento de la verdad,
ha debido ser letal para la construcción tras su muerte de una
democracia entera y verdadera, enclavada en lo profundo de los españoles,
que entre otros goces de salubridad, se ahorrara la vergüenza de
mantener a costa del Erario o de ver espléndidamente colocadas incluso
en la política a no pocos nostálgicos de aquél Régimen de violencia,
oprobio, persecución y estupidez.
No siempre muerto el perro, se acabó la rabia, y aquí sufrimos la
desventura de una de esas fatídicas excepciones al refrán. Murió
Franco, pero no el franquismo, es decir, el aparato social, político,
económico, mental incluso, que se benefició de sus exacciones y
desafueros sobre el común de la nación. No se hizo justicia
testimonial a su muerte, ni justicia poética siquiera, y ahora hemos de
pagarlo con la visión de ese franquismo recrecido que reivindica
abierta y descaradamente la otra memoria, la del horror. |
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