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España continúa siendo uno de los países desarrollados que tiene mayores desigualdades de renta
Euforia
económica, déficit social
Vicenç Navarro
ATTAC-Madrid 19 de Agosto de 2007
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Me preocupa que el
presidente Rodríguez Zapatero esté cometiendo el mismo error que el
presidente Bush en las últimas elecciones legislativas al Congreso de EE UU,
cuando, consciente éste de la escasa popularidad de su intervención en Irak,
enfatizó durante la campaña electoral los éxitos de su política económica,
que se reflejaban en unos indicadores macroeconómicos muy satisfactorios. La
tasa de desempleo de EE UU, la más baja desde el año 2001, iba acompañada
con una elvada tasa de creación de empleo, una baja inflación y un elevado
crecimiento económico. Y sin embargo, el Partido Republicano perdió las
elecciones no sólo como consecuencia de la oposición a su política en Irak,
sino también como resultado de la insatisfacción de gran parte del
electorado con la situación económica y social del país, tal como mostraron
las encuestas a pie de urna.
En España, el Gobierno de Zapatero está enfatizando también los
indicadores macroeconómicos, los cuales son también muy favorables . La
lista de éxitos económicos es larga. La economía española es de las que
tiene un mayor crecimiento económico en la UE (el 4% en el último
trimestre, una tasa mayor que la de EE UU), una reducción considerable de
la inflación en 1,5 puntos, un crecimiento notable de la población activa
(porcentaje de la población en el mercado de trabajo), con la perspectiva
de alcanzar tres millones de nuevos empleos durante esta legislatura. La
tasa de paro de 8,5% es la más baja desde 1979, y un largo etcétera. Los
foros empresariales y financieros españoles e internacionales hablan ya
incluso de "milagro económico español".
Ahora bien, es un gran error asumir que la bondad de los indicadores
macroeconómicos se traduce automáticamente en mejoramiento del bienestar
social y calidad de vida de la ciudadanía y en apoyo electoral. En EE UU,
aquellos indicadores exitosos coincidían con una percepción de inseguridad
laboral y social ampliamente extendida entre la población y muy en
particular entre la clase trabajadora y amplios sectores de las clases
medias. Los economistas David Kusner, Lawrence Mishel y Ruy Teixeira del
Economic Policy Institute de Washington, en su análisis de la opinión de
la ciudadanía estadounidense sobre la economía (What everyday Americans
Really Think -and Elites don't get- about the economy) citaron varias
encuestas que mostraban que la gran mayoría de los ciudadanos, el 72% de la
población, percibían que las desigualdades sociales "estaban
creciendo excesivamente y que los beneficios del crecimiento económico no
estaban bien distribuidos" . El 68% de la población creía que las
desigualdades sociales en EE UU eran demasiado grandes. Varias encuestas señalaron
también que el sentimiento crítico hacia el mundo empresarial y hacia la
comunidad bancaria había crecido muy notablemente durante la Administración
de Bush por haber sido percibidos tales estamentos como especialmente
favorecidos por las políticas económicas y fiscales de la Administración
de Bush. La mayoría de la población no vio notables mejoras en su
bienestar, mientras sí que percibió que las rentas de los grupos más
pudientes estaban aumentando desmesuradamente.
Y es ahí donde me temo que algo similar podría ocurrir en España, y eso a
pesar de las grandes diferencias existentes entre las políticas sociales
del Gobierno de Zapatero y las del de Bush . Mientras que el último se ha
caracterizado por una gran austeridad social, el primero ha incidido
exitosamente en varias dimensiones sociales como son: un aumento del salario
mínimo interprofesional de 110 euros al mes (un crecimiento del 24% en tres
años: durante el Gobierno de Aznar fue sólo del 8,4% en sus últimos
cuatro años), un aumento de las pensiones mínimas del 20% ( durante el
Gobierno del PP había sido sólo del 13%), el 8,7% del crecimiento del
gasto en protección social, superior al crecimiento del PIB nominal, una
Ley de Dependencia de gran calado y muchas otras medidas, que muestran una
sensibilidad social que no tuvo el Gobierno conservador del PP y tampoco
tiene la Administración de Bush. Pero las encuestas señalan que grandes
sectores de las clases populares -la base electoral del Gobierno de
Zapatero- continúan insatisfechas, lo cual debiera hacer reflexionar al
Gobierno sobre la bondad de algunas de sus políticas económicas y fiscales
(que condicionan en gran manera el desarrollo de sus políticas sociales),
heredadas del Gobierno conservador anterior, políticas públicas que están
contribuyendo al incremento de las desigualdades sociales en nuestro país.
Muchas de estas políticas son mera continuación de las políticas del
Gobierno de Aznar y son semejantes a las del de Bush. Entre ellas cabe
destacar las políticas fiscales encaminadas a reducir los impuestos
(manteniendo en líneas generales las reformas fiscales regresivas del
gobierno de Aznar), un énfasis en alcanzar un elevado superávit en las
cuentas del Estado (el 1,83% del PIB) con excesiva cautela hacia el
crecimiento del gasto público y un crecimiento del gasto público social
por habitante, que aunque es mucho mayor que el seguido por el Gobierno de
Aznar, es todavía insuficiente para converger con el promedio de la UE-15
(tal como prometió el partido gobernante en su programa electoral).
España continúa siendo uno de los países desarrollados, junto con EE UU,
que tiene mayores desigualdades de renta. Y la percepción popular de que
estas desigualdades son demasiado elevadas está creciendo. El 74% de la
población española considera que las desigualdades sociales son demasiado
altas, el mayor porcentaje existente en los últimos 10 años. Las causas de
tales desigualdades son el crecimiento de las rentas del capital, mucho
mayor que el crecimiento de las rentas del trabajo; una elevada dispersión
salarial con gran crecimiento de los salarios bajos; unas políticas
fiscales de impacto redistributivo limitado y un Estado del Bienestar poco
desarrollado. El gasto público social per cápita y como porcentaje del PIB
continúa siendo uno de los más bajos de la UE-15. El Gobierno de Zapatero
debería ser consciente de que el crecimiento de la percepción de que las
desigualdades sociales están aumentando puede incrementar la abstención
entre amplios sectores de las clases populares que tradicionalmente han
identificado socialdemocracia con redistribución de recursos y justicia
social.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la UPF.