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Un
buen
Estatuto
de derechas
Salvador Crossa Ramírez*
Los
representantes de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)
manifestaron hace poco a los medios informativos que dos millones de andaluces
son pobres y cerca de medio millón de ellos viven en situación de
pobreza severa. Los datos demográficos demuestran que de los veinte municipios
con más de 50.000 habitantes que son más pobres de España, catorce son
andaluces.
El
sindicato UGT en Málaga, ha publicado recientemente que en toda la provincia más
de doscientas mil personas trabajan sin tener un contrato firmado, lo que supone
que casi el 25% de los trabajadores están en situación irregular. Los
trabajadores sin nómina de la construcción, mas de cien mil, superan incluso a
los trabajadores contratados legalmente. Hay diez mil trabajadores sin contrato
laboral en el campo, otros tantos en situación precaria en establecimientos
comerciales, casi veinte mil en los locales de hostelería y restauración. En
la industria, de los casi cincuenta mil empleados que tiene el sector en Málaga
se calcula que cerca de la mitad se encuentran al margen de la legislación
laboral, siendo el más afectado el
textil dado el gran número de empresas clandestinas con cuatro o cinco
empleados que aquí como en muchos otros lugares de Andalucía y del resto del
Estado existen.
El derecho básico de todo ser humano a tener un techo digno quizá sea el más
conculcado en nuestro país, pero no el único. La inflación monstruosa de los
precios de un bien tan necesario como una casa donde vivir nos coloca a la
mayoría de los andaluces, jóvenes y menos jóvenes, en una situación de
desamparo total ante los depredadores del mercado laboral y la especulación
salvaje. En estas últimas décadas el encarecimiento de la vivienda nos ha
dejado a casi todos en situación de semiesclavitud o más aún, de esclavitud técnica
completa ante la apremiante necesidad de un empleo muchas veces precario e
inseguro como paso previo y obligado para disponer de un techo digno donde
cobijarse.
Los dirigentes de un estado moderno deberían preocuparse con absoluta prioridad
de las necesidades básicas de sus ciudadanos, pan, vivienda, trabajo, salud y
formación para todas las edades, ya que sin ellas el normal desarrollo de cada
uno de nosotros, como seres humanos libres y responsables que somos se vería
comprometido irremediablemente.
Para los republicanos de izquierdas las responsabilidades que contraen los
gobernantes de un estado moderno con la ciudadanía no pueden estar sometidas a
las reglas de juego del mercado salvaje. Si nuestra alternativa republicana no
lleva adosada una propuesta clara y radical a la actual situación de
desigualdad social y crisis de los valores ciudadanos, nuestra
propuesta no tendría ningún sentido, ni nada nuevo que ofrecer. Buena parte de
la izquierda ha perdido su fe en sí misma al aceptar el juego del sistema
capitalista de mercado por su aparente éxito económico sobre los sistemas
socialistas del llamado bloque oriental. La desilusión, la derrota moral y la pérdida
de esperanzas en un mundo mejor es el resultado del abandono por parte de
los líderes de la izquierda actual con posibilidades de llegar al poder de las
premisas básicas de la política social que ha caracterizado a los
movimientos progresistas a través de su larga historia.
El estatuto que vamos a votar los andaluces el día 18 de Febrero es sin duda un
buen estatuto de derechas, capaz de dar satisfacción a los sectores
masacomodados de la sociedad y dejando a los más desprotegidos en manos del
sistema económico neoliberal. Es un buen estatuto de derechas en sintonía con
la constitución monárquica de 1978 que rige hoy nuestros destinos, también de
derechas, en sintonía con el proyecto varado de Constitución Europea que también
es un buen proyecto de Constitución de derechas.
Es un estatuto que nos viene de arriba, que no es claro ni accesible a la
comprensión, cargado de tecnicismos y de frases grandilocuentes,
innecesariamente extenso. El Estatuto que vamos a votar los andaluces el día 18
de Febrero trata de enterrar para siempre las esperanzas de muchos andaluces en
una Andalucía socialista, una Andalucía sustentada en los
principios básicos de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.
El estatuto que quieren darnos es un estatuto de concesiones y no de decisiones.
Quienes somos federalistas estamos convencidos de que nosotros, los andaluces,
somos quienes tenemos que decirle al Estado Central cual es
la forma de gobierno que queremos darnos y como queremos que sea nuestra relación
con las demás naciones que integran España.
Si filtramos las palabras bonitas, las frases grandilocuentes que tratan de
provocar impactos positivos a quienes lean el proyecto de estatuto para Andalucía,
nos encontraremos con un proyecto de estatuto que deja las manos libres a las
grandes empresas, nacionales y multinacionales, a la Iglesia, a los
especuladores, a las bases militares extranjeras, mientras amordaza las
decisiones de todo un pueblo que se sabe maduro y capaz de regir sus destinos
sin trabas ni imposiciones centralistas.
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* Salvador Crossa Ramírez es Secretario General de Izquierda Republicana de
Andalucía.