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El
déficit sociolaboral y la necesidad del sindicato
Agustín
Moreno
Mundo
Obrero 28 de Abril
de 2007
Vivimos
en una sociedad que disfruta de unos niveles de desarrollo de las fuerzas
productivas y de la tecnología jamás soñado, pero que, sin embargo, genera
unas desigualdades e injusticias crecientes causadas por un sistema económico
capitalista, incapaz de lograr una distribución equitativa de los recursos. Los
trabajadores, como mayoría social, debemos defender un discurso claro de
transformación del sistema, y apostar por otra globalización radicalmente
distinta a la neoliberal. CC.OO. como sindicato
sociopolítico, y de forma coherente con nuestra historia y reivindicaciones
debe apoyar a los movimientos transformadores de la izquierda hacia una sociedad
socialista que avance de forma sostenible en términos de igualdad y solidaridad
y no en términos de competitividad entre trabajadores.
Es este modelo neoliberal el que está dominando el proceso de construcción
europea, que lejos de avanzar en una armonización social o laboral, supone cada
vez más, un riesgo de involución en cuanto a los derechos de los ciudadanos
europeos. Afortunadamente se ha rechazado el proyecto de constitución europea
que significaba ahondar más en
la Europa
del mercado y el capital. Sin embargo, desde los “lobbys”
financieros y empresariales y desde los gobiernos europeos asistimos a un
intento de resucitar el proyecto de constitución que enterraron los referendos
francés y holandés.
La Comisión Europea
prepara un ataque en profundidad a los derechos laborales a través del Libro
Verde sobre derecho laboral, y conceptos como la “flexiguridad”,
tienen como objetivo reformar todo el derecho laboral para adaptarlo a las
necesidades de las empresas, recortando en toda Europa la protección frente al
despido y dejando sólo unos derechos mínimos. Un ataque de un calado similar
al de la famosa directiva Bolkestein, y que debe de
encontrarse con una respuesta movilizadora adecuada.
Aquí,
en España, el actual gobierno, sostenido con los apoyos parlamentarios de
fuerzas de carácter progresista (IU-IC, ERC) ha realizado una política errática,
con luces y sombras. Entre las segundas habría que destacar la política económica
y presupuestaria que ha continuado las líneas neoliberales de los gobiernos
anteriores y se ha quedado corto en las leyes y medidas sociales, con pocas
excepciones (salario mínimo y dependencia).
No
se ha producido, por tanto, el giro a la izquierda que nuestro país necesita
para corregir un importante déficit social y laboral. Efectivamente, España
mantiene un elevado diferencial en gasto social con
la UE
y además esta diferencia va aumentando en los últimos años. Desde 1994, y
con los diferentes gobiernos del PP y del PSOE, nos hemos ido alejando de Europa
en protección social. Se han venido aplicado unas políticas fiscales que han
provocado una disminución de impuestos a las rentas más elevadas y a los
rendimientos del capital y ha reducido el déficit público a costa de recortar
los gastos sociales. Si comparamos las prestaciones con la media europea
(UE-15), España está muy por debajo en
pensiones, sanidad y educación. Ello genera una tendencia hacia la fractura y
la pérdida de cohesión social.
Por otro lado, los resultados del balance de las reformas laborales y de
los Acuerdos para
la Negociación
Colectiva
(ANC) son, en general, negativos y no dan solución a lo que podríamos
denominar el déficit laboral
español respecto a Europa. Veamos algunos datos: tenemos dos
millones de parados; un tercio de los contratos son temporales; somos el país
con mayor índice de siniestralidad laboral (9 millones de accidentes con baja,
135.860 lesionados graves y 14.879 muertos en diez años); los salarios son un
33% menores que la media de
la EU-15
, pero se siguen firmando moderación; la jornada laboral es 11 horas más al
mes y con 2 días menos de vacaciones que la media europea, según Eurostat.
Es sintomático lo poco que se habla del déficit social y laboral de España
con relación a
la Unión Europea
, que se mantiene junto con un escandaloso superávit presupuestario Quizá sea
porque no es un espejo agradable para comprobar los pobres frutos de la
estrategia sindical seguida en la última década, una época de gran
crecimiento económico y de fabulosas ganancias empresariales ((PIB del 4% y
beneficios del 13,4% en 2006). Además, esta estrategia de moderación salarial
continuada, unida a precariedad en el empleo, a la escasa protección social y a
débiles derechos legales, consolida un modelo económico-empresarial poco
competitivo y de muy bajos vuelos al basarse en costes laborales baratos.
La llamada concertación social se ha demostrado inútil para corregir estos
déficit. Para no remontarnos muy atrás, los últimos pactos suscritos no son
ninguna solución a los problemas. Centraremos el análisis en dos cuestiones básicas:
empleo y salarios. Efectivamente, la última
reforma laboral
pactada va a ser inútil para resolver la temporalidad ya que no
recupera la causalidad en la contratación, repite fórmulas fracasadas como el
abaratamiento del despido y transfiere recursos a los empresarios. Pero no ataca
los problemas de fondo del mercado laboral que son la consecuencia de un modelo
de crecimiento económico que genera empleo en los sectores productivos más
especulativos y con menor desarrollo tecnológico como la construcción y los
servicios, mientras se pierde empleo en el sector industrial. Por lo general el
empleo se dirige a las actividades más intensivas en mano de obra barata,
temporal y precaria y afecta especialmente a las mujeres, jóvenes e
inmigrantes. Esta precariedad, que alcanza a 5,6 millones de trabajadores, junto
a la rotación laboral, la subcontratación, la deslocalización, la cesión
ilegal de trabajadores y el fraude de ley en las contrataciones son la base de
la competitividad de las empresas y el factor fundamental de los beneficios
empresariales.
Los
acuerdos sobre negociación colectiva firmados con la patronal han supuesto la pérdida
de poder adquisitivo de los salarios y no han frenado el retroceso de la
capacidad de negociación y de poder sindical, ya que se han demostrado inútiles
a la hora de mejorar los contenidos de empleo, contratación, reducción de
jornada o capacidad de intervención sindical. Los datos son contundentes y las
conclusiones claramente negativas para los trabajadores: según
la Contabilidad Nacional
que publica el Instituto Nacional de Estadística,
en 1997 los salarios consiguieron un 50% del PIB, frente a un 41% de los
beneficios empresariales y un 9% de los impuestos. Hoy, con un Gobierno
socialista, los salarios han retrocedido en el reparto de
la Renta
Nacional
3,6 puntos (46,4%), frente a un 42,1% de los beneficios y un 11,5% de los
impuestos.
Del análisis de la política de
pactos podemos concluir que
a pesar de la excelente coyuntura económica y de la existencia de un
gobierno teóricamente progresista, los frutos de la concertación con el
gobierno y la patronal arrojan unos resultados muy escasos: no han resuelto ni
colocado en vías de avance problemas como la precariedad, no han redistribuido
la renta y la riqueza, no han mejorado los derechos sociales y laborales y la
capacidad de intervención sindical: excepto en el tema de la dependencia y con
grandes incertidumbres todavía. Pero hay algo más preocupante aún: a pesar de
este panorama, se ha paralizado la actividad reivindicativa del movimiento
sindical. Centrados en las elecciones sindicales y a un año de las elecciones
generales, parece que se da por agotada la legislatura a los efectos de
conseguir avances y mejoras en los derechos sociales y laborales.
Evidentemente, hay alternativas en
materia de negociación colectiva, de empleo, de salud laboral, ante las deslocalizaciones,
la inmigración, la enseñanza, la defensa de los servicios públicos, la política
energética, la igualdad entre
hombres y mujeres. Pero para llevarlas adelante, para poner en pie una nueva
estrategia de firmeza es necesario y urgente
recuperar la máxima democracia en el sindicato, a través de medidas como el
fomento de la participación, el protagonismo de los trabajadores y de la
afiliación, y con el respeto a la pluralidad. No hay que olvidar que la situación
de desmovilización de los trabajadores y el avance de las políticas
neoliberales, suponen obstáculos para el giro a la izquierda que necesita el
sindicalismo y la política en España, además de dejar el campo libre para la
brutal oposición y las movilizaciones callejeras de la derecha política.
Trabajar para cambiar las cosas debe ser un compromiso de todos..
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