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Curas
asesinos
Javier-Fernando Hernández Sánchez
UCR
11
de Octubre de 2007
Me gustaría saber si los jerifaltes del Vaticano preparan también algún
homenaje y mención en las iglesias e incluso monumentos para las docenas de
miles de curas asesinos que cometieron cientos de miles de asesinatos a través
de todo el mapa español, siendo tres preferentemente sus formas de matar: la
primera, directa, iban con los falangistas y guardias civiles y liquidaban a los
republicanos con sus pistolas al igual que sus acompañantes; la segunda forma
era denunciando uno por uno a todos los republicanos que no iban a misa, vecinos
del pueblo en cuestión para que los falangistas o los guardias civiles los
asesinaran de inmediato; y la tercera y más canallesca, era conseguir
"sacar" el escondite de los huídos, a sus madres o esposas, a través
del "secreto de confesión", para a continuación ir al cuartel de la
guardia civil a que estos monstruos a sueldo fueran a matarlos en sus propios
escondrijos....
Yo, debido a mi trabajo, he dado cien vueltas a España y empecé en los años
sesenta. El tema del golpe militar fascista del 36, ¡que duró cuarenta años!,
modificó mi vida como a casi todos los españoles. He hablado con gentes de
infinidad de pueblos y ciudades de Extremadura, Castilla, Andalucia,
Navarra, País Vasco, Catalunya, Mallorca, Tenerife, Sevilla, Huelva, Granada,
Galicia, Asturias, Melilla, etc, etc. y lo que me han contado ha sido tan
dantesco que el olvido al que han sometido estos degenerados gobiernos borbónicos
al genocidio cometido con los republicanos no les será perdonado por la
Historia.
Este país ha tenido una iglesia católica que ha sido una institución ladrona
y asesina como jamás lo había sido una confesión religiosa en el mundo.
Apoyada por un "papa" psicópata, Pío XII, esta gente se creyó en el
centro del mundo y se encontró con el derecho de vida y muerte sobre millones
de ciudadanos inocentes; los abusos y las calamidades que les hizo pasar (a los
que no había asesinado, claro) fueron inenarrables. En las procesiones de
Semana Santa, si no estabas en la procesión tenías que estar recluído en
casa, no toleraban que hubieran gente en la calle y no asistiera a la procesión.
Los abusos en los colegios eran repugnantes: yo estuve en un colegio parroquial
madrileño en los años cincuenta y creo que no hubo ni un sólo cura que no
quisiera meterme mano. Por eso me extraña que ahora sean tan enemigos de los
homosexuales, será para disimular, supongo.
He sido de los ciudadanos afortunadísimos que he conseguido esta especie de
certificado de apostasía y he roto mis cadenas con esta institución a la que
odio desde que tengo uso de razón. Se dice que al generalizar se cometen
injusticias, aunque la verdad cuando se trata de esta gente se cometen pocas,
sobre todo si se habla de los jerarcas. La esencia de esta confesión es la
hipocresía canalla, sus promesas son falsas, estúpidas e imposibles; el día
que la población española sujeta aún a supersticiones basadas en la
ignorancia, sea consciente del mercantilismo pegajoso, interesado y oscuro de
esta gente, se habrá acabado el problema religioso en España; mientras tanto
tendremos que seguir soportando la soberbia de estos enemigos de los humanos.
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