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Crimen perfecto

Arturo Ferrín 9 de Febrero de 2007

 

Un crimen perfecto sería aquél en el que no apareciera el cuerpo del delito porque, aún bajo la sospecha de que ha sido cometido, no existe la prueba y no se puede inculpar a nadie en ausencia del cadáver. También perfecciona su crimen el que lo encarga a un tercero ejecutante y se monta una coartada, o incluso intercambie con él las victimas propiciatorias de manera que no se revele un motivo. El móvil suele ser siempre la ambición de poder, sea económico, de autoliberación o sexual y a ello se debe que el sagaz investigador siempre se pregunte ¿a quién beneficia? 

Confieso que estos rudimentarios conocimientos criminales provienen de una malsana afición por el cine de suspense de Hitchcok y de un ferviente seguimiento de aquella serie de Perry Mason en la tele de los años 60, únicos productos que me han interesado al respecto. Remakes posteriores o casos recientes (como el del primer edil de Fago) no han suscitado mi entusiasmo, quizá por la torpeza y carencia de imaginación de sus autores. 

Atraído, pues, por los asuntos que despistan al funcionariado justiciero, me he atrevido a componer una pieza de perfección criminal que denominaré “el caso de la Mano Invisible” y cuyas características resumiré a continuación, sin perjuicio de valorar alguna aportación más sesuda. Siguiendo el magisterio de D. Alfred, lo ideal es que desaparezca el cuerpo del delito. No obstante, el criminal debe procurarse una coartada e incluso proporcionar algún beneficio a otras personas con objeto de dispersar las sospechas. 

Un cadáver no aparece si no lo descubre alguien que informe a las autoridades. Se trataría de evitar que cualquier ciudadano escrupuloso, sintiendo compasión por el difunto, facilite la información a la policía para que ésta tome cartas en el asunto. Eso está a punto de conseguirse al extirpar de la ciudadanía inútiles sentimientos de conmiseración -que ningún beneficio le reporta- y por ello resulta útil promover la búsqueda del interés particular como único paradigma. Afortunadamente nuestra sociedad cuenta ya con un cuerpo de legionarios ideológicos que están trabajando en ello. Alguien me objetará que, de actuar así, se acumularían los cuerpos del delito con enorme trascendencia higiénico-sanitaria, pero considero que dicho inconveniente es un tema menor que resolverán eficazmente las fuerzas del mercado interesadas en el reciclaje de residuos.

 Que la policía inicie investigaciones encaminadas al esclarecimiento de los hechos es el segundo de los obstáculos a salvar. Por eso interesa alentar la privatización de la Policía, la cual, mediante las correspondientes primas de productividad por objetivos, dedicaría sus esfuerzos hacia metas superiores tales como la persecución de terroristas que atentan contra el orden mundial, no encontrando incentivo alguno en simples ajustes de cuentas entre paisanos civiles. 

En caso de que se descubriera el cuerpo y se iniciaran las investigaciones y dado que ya he comentado que las sospechas se van a dirigir sobre un hipotético beneficiario, es conveniente hacer partícipes del botín del crimen a otras personas. Por ejemplo, si pretendiéramos asesinar a nuestra tía soltera (propietaria de un piso de 300 metros), debemos comentar en voz alta en una cafetería próxima la localización de la vivienda e informar que está vacía, dando oportunidad así a que okupas, agentes inmobiliarios o arrendadores particulares carguen también con las sospechas. La eventual perspicacia de un investigador que intentase descubrir al principal beneficiado se ahogará en los pantanos de dinero negro, sociedades interpuestas y paraísos fiscales de los cuales dispone nuestro sistema financiero. Los restantes beneficiados, que no deben conocer detalles del delito, atribuirán su fortuna a las oportunidades que brindan los mercados y eso originará un confuso y conveniente movimiento de numerario. 

En cuanto a procedimiento ejecutor y en aras de conseguir una estricta armonía con la coartada, la oferta del mercado proporciona múltiples y personalizadas soluciones. El recurso a efectivos procedentes de inmigración balcánica puede ser uno de los más interesantes en la relación resultado-precio.

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