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El crimen de Atocha, 30 años después
Emilio Sales
Almazán 24 de Enero de 2007
| La red <<Gladio>> fue creada por los Estados Unidos para impedir que en los países de Europa Occidental los partidos de izquierda llegaran al poder. Las vías, en términos populares, debían ser aplicadas por lo civil, penal o criminal, siendo el caso más llamativo el del Partido Comunista italiano. Allí la ultraderecha, amparada y controlada por la CIA hace de su capa un sayo y somete al país trasalpino a la tensión adecuada para que se vea la mano negra del comunismo como la hacedora de todos los males. Pero estas actuaciones no se circunscriben solamente a este país, si no que en otros países de Europa sufren los males de estas acciones. Por lo tanto España no iba a ser una excepción. |
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España se convierte en un lugar de refugio y amparo de numerosos ultraderechistas italianos durante los últimos años de la dictadura. Protegidos por la policía española pueden maniobrar y preparar los atentados en su país. El primer destino a su llegada a España es Barcelona, para después trasladarse a Madrid. Los primeros que ayudan a estos fascistas italianos, el núcleo más importante de los llegados, son miembros de la Guardia de Franco y los falangistas Alberto Royuela y Luis Antonio García Rodríguez. Hay elementos con nombres y apellidos, Giuseppe Calzona, que abandona Italia cuando se le condena a diecisiete años de cárcel y a la llegada a España contacta con otros miembros de la Internacional Negra, como Stefano delle Chiae, Cicuttini y Carnasi. Estos se instalan en la capital española y montan negocios donde asisten varios destacados miembros del fascismo internacional, como Giancarlo Rognoni, Salvatore Francia, Elio Massagrande y Jean-Pierre Cherid, varios de ellos implicados en los sucesos de Montejurra. También algunos de ellos se convierten en confidentes de los servicios secretos españoles.
Estos datos recogidos en varios libros y sobre todo en los escritos por el periodista Alfredo Grimaldos (La CIA en España y La sombra de Franco en la Transición), vienen a confirmar los oscurísimas tramas que se gestaron y desarrollaron en esta época y que viendo las últimas acciones estadounidenses con el traslado secreto de prisioneros en aviones y su escala en aeródromos españoles, pasándose por el forro a nuestras administraciones, demuestran en manos de quienes estamos.
Ahora que se cumplen 30 años del asesinato de los compañeros y camaradas abogados y sindicalistas de Atocha, sería bueno repasar lo que en estas obras explica de las implicaciones de los grupos ultraderechistas y fascistas de España e Italia y la connivencia de los poderes políticos en este crimen.
Hace 70 años, el 24 de enero de 1977, unos abogados y sindicalistas remataban la faena tras un día de ajetreo, quiero recordar que entre otras movilizaciones se estaba en una del transporte en Madrid. En el despacho de la calle Atocha 55 se encontraban Enrique Valdelvira, Serafín Holgado, Luis Javier Benavides, Francisco Javier Sauquillo, Ángel Rodríguez Leal, Alejandro Ruiz-Huertas, Miguel Sarabia (*), Luis Ramos y Dolores González. Los que salvaron sus vidas cuentan que vieron a dos asesinos, García Juliá y Fernández Cerrá, que descargaron todo el fuego de sus armas contra ellos. El despacho laboralista era uno de los varios que habían fundado el PCE y las CC.OO. para defender a los trabajadores y a otros colectivos en aquellos años duros del último franquismo. Murieron los cinco nombrados en primer lugar, el resto sufrieron heridas graves.
Juliá y Cerrá son los dos que aparecen como autores, pero puede que hubiera alguien más esperando en la salida. Según declaran los supervivientes, una de la armas descargaba disparos de forma muy rápida, lo que podría dar una idea que fuera un fusil ametralladora. El inspector de policía Juan José Medina sostiene que las pruebas periciales se hicieron únicamente con las municiones, con las balas obtenidas, nunca con las armas, pero hay en una parte del informe donde manifiesta que la cadencia del disparo no puede pertenecer a una pistola normal, sino que debía ser una ametralladora de unas características de la Ingram Marietta, ya que la munición era también una 9 Parabellum. Los ultras italianos estaban en todas partes de las actuaciones de la época y las declaraciones de un ultraderechista italiano arrepentido encaminan a la implicación en el atentado criminal de la calle Atocha. El caso es que el inspector declara que fueron separados de forma brusca y violenta del caso sin explicaciones, el Ministerio del Interior despertó de repente en una especie de conciencia de que no se debía llegar más lejos.
Han pasado 30 años y, si no me equivoco, ha prescrito. Ni el Gobierno de entonces, ni los posteriores estuvieron muy interesados en llegar hasta el final. Grimaldos escribe: “Es el año 1983, con el PSOE ya en el poder y José Barrionuevo y Rafael Vera en el Ministerio del Interior. Bajo las órdenes del subcomisario Mariano Baniandrés, jefe de la entonces llamada Brigada Antigolpe, el inspector Medina sigue la <<pista de las mariettas>>. Ambos son cesados antes de que puedan concluir su investigación, pero llegan a reconstruir el itinerario de las tres mariettas. Eran subfusiles Ingram, modelo M-19, de 9 milímetros Parabellum, pertenecientes al Servicio Central de Documentación de la Presidencia del Gobierno, entonces dirigido por el coronel Andrés Cassinello Pérez. Las mariettas han sido compradas por la Policía española a la fábrica Military Armament Corporation, de Atlanta (Estados Unidos). El inspector Medina es destituido justo cuando va a viajar a Roma para mostrarle a Concutelli fotos de varios miembros del SECED, con la intención de que el ultraderechista reconozca a la persona que le ha dado el arma. Los jueces Pier Luigi Vigna, de Florencia, y Alberto Macchia, de Roma, dedicados durante años a investigar la subversión fascista italiana y sus conexiones en el extranjero, declararon al diario Il Messaggero que, a partir de las declaraciones de un terrorista italiano arrepentido, que está colaborando con la justicia, han llegado a la conclusión de que un neofascista italiano ha participado en el ametrallamiento al grupo de abogados de la calle Atocha el 24 de enero de 1977. Y recuerdan que las autoridades españolas nunca han respondido a los magistrados italianos cuando éstos han preguntado <<cómo se explica que el jefe militar de Ordine Nuevo, Pier Luigi Concutelli, tuviera en su poder, al ser detenido en Roma, la metralleta Ingram M-10, conocida como Marieta, el mismo tipo de arma que sirvió para asesinar a los abogados españoles>>.
Las canas han ido apareciendo en nuestros cabellos, 30 años son una generación, puedo asegurar que aquellos días se han quedado grabados en mi mente de manera imborrable. La manifestación de duelo en las calles de Madrid es un hecho histórico de primera magnitud. Recuerdo que se me prohibió salir del trabajo para dar el último adiós a aquellos hombres heroicos.
Hoy, treinta años después, no veo el panorama muy alentador, muchas de las conquistas logradas tras mucha lucha y sangre, se han ido al garete. Pero su ejemplo queda en muchos que estimamos la posibilidad de otra sociedad justa y libre.
(*) No quiero acabar sin honrar la memoria de Miguel Sarabia, fallecido este domingo 21 de enero, cuando apenas faltaban tres días para recordar el trigésimo aniversario del crimen. A los 80 años ha dejado de existir, pero su llama no se extinguirá. Como recordaban en su obituario sus compañeros de la Fundación Abogados de Atocha “Siempre estará con nosotros desde su hombría, su humildad y su compromiso militante con el Partido Comunista de España y Comisiones Obreras, que vivía como si fuese el primer día. Le recordaremos e la batalla común por la libertad y la democracia” y en palabras de Paul Eluard <<Si el eco de su voz se debilita, pereceremos>>.
Talavera 24 de enero de 2007
Emilio Sales Almazán