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Aniversario
de los asesinatos de Atocha
Contra la impunidad. Memoria y Justicia
UCR
21 de Enero
de 2006
Si
el eco de sus voces se debilita, pereceremos…
Paul
Eluard
El próximo miércoles, 24 de enero de 2007, se cumple el trigésimo aniversario de los crímenes de Atocha. Hace ya treinta años, el 24 de enero de 1977, terroristas de extrema derecha acabaron con la vida de tres abogados laboralistas y dos compañeros más en su despacho de la madrileña calle de Atocha. ¿Su único delito? Estar vinculados a organizaciones obreras, como el PCE y CCOO, y defender a los trabajadores y trabajadoras en su justa lucha por la libertad y la democracia.
Esa tarde gris, en el despacho de Atocha, se estaba celebrando una asamblea de trabajadores del transporte para decidir, asesorados por sus abogados, si continuaban o no con las protestas. Al finalizar la extensa reunión los allí convocados se fueron marchando y los abogados laboralistas permanecieron en el local a la espera de una asamblea del partido que debía celebrarse esa misma noche. Entre los comunistas, y la oposición democrática en general, se vivían momentos de verdadero optimismo e ilusión. El presidente del gobierno, Adolfo Suárez, mostraba una voluntad aperturista, después de cuarenta años de dictadura fascista, y mantenía los primeros contactos con las formaciones políticas de la oposición. Algo se movía, se anunciaba un cambio evidente. La legalización del partido sería pronto un hecho. La correlación de fuerzas era clara, miles de ciudadanos y ciudadanas clamaban por la libertad y la democracia en las calles del país, mientras una pequeña minoría de nostálgicos del régimen franquista se resistía a los cambios. Sin embargo, este sector retrógrado y antidemocrático hizo todo lo posible por imponer su voluntad e interferir en el proceso hacia la democracia. De esta manera, esa fatídica noche de invierno varios terroristas, vinculados a grupos de ultraderecha, irrumpieron en el despacho de la calle Atocha asesinando vilmente a los allí presentes. Aquellas balas, aquellos regueros de sangre esa noche de enero simbolizaban algo más que el resultado del fanatismo de los sectores más inmovilistas e intransigentes del franquismo, representaban el odio y el desprecio que la derecha preconizaba a la democracia, que ya se encontraba más cerca que nunca.
Hoy,
a treinta años de estos fatídicos sucesos, debemos realizar un ejercicio de
justicia y memoria. Por una parte debemos seguir exigiendo que se haga justicia.
Estos crímenes no pueden quedar impunes. No podemos permitir que los autores de
esta matanza sigan en libertad y no sean perseguidos por la justicia. Se conocen
los nombres y apellidos de los culpables y también sus paraderos, pero no han
sido juzgados ni condenados todavía. Algunos viven actualmente en países de América
Latina con el conocimiento de las autoridades, pero quizás con la falsa excusa
de no abrir viejas heridas no se decreta su detención. Estos falsos argumentos
no pueden condenar al olvido y a la impunidad a un crimen que se saldó con la
vida de cinco comprometidos luchadores.
Por
otra parte, debemos recuperar el ejemplo de estos compañeros en su heroica
lucha por la democracia y la libertad. A día de hoy, todavía es necesario y
justo seguir trabajando por la democracia y por las libertades, frente a una
derecha rancia que se niega a olvidar su oscuro pasado. En la actualidad, sin
ocultar sus raíces franquistas y haciendo gala de unos ideales reaccionarios y
antidemocráticos, los sectores más conservadores de la derecha intentan
autoproclamarse paladín de la democracia y la libertad ocultando los tiempos en
los que firmaban sentencias de muerte con la pluma o con la pistola. Hoy dicen
estar con las víctimas del terrorismo, pero no deben olvidar que ayer apoyaron
y legitimaron a los verdugos. Frente a la impunidad y el olvido debemos seguir
reivindicando la memoria y la justicia como útiles instrumentos en la
construcción de la democracia. Y demostrar, como en aquel masivo funeral de los
abogados laboralistas en Madrid, que la izquierda está con la libertad, está
contra el terrorismo.
Alberto Hidalgo Hermoso
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