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Constitución
inservible
Javier
Fernando Hernández Sánchez
UCR
18 de Octubre de
2007
En
un clima de extraordinaria violencia, con la constante amenaza de un golpe
militar que ningún jefe castrense desmentía en momento alguno, se celebró la
campaña electoral y las elecciones de 1977. El inevitable triunfo de los
franquistas de la UCD, con las premisas aludidas, abrieron el camino, no sólo a
la imposibilidad de que se contase con la República como alternativa de Estado,
sino también a que la Constitución monárquica que nos iba a caer fuese tolerable
para los antifranquistas de este país.
Todo resultó mucho peor de como nos lo habíamos imaginado y eso que no éramos
precisamente optimistas. Todavía nos preguntamos cómo partidos que se decían
de izquierdas (PSOE-PCE) pudieron firmar una Constitución con Títulos tan
grotescos y humillantes para el ciudadano como el dedicado a la Corona. Esta
Constitución, precisamente por ser tan manoseadamente consensuada es
contradictoria, incompleta, cobarde, insultante, patriotera y estulta. Este país
no ha progresado debido a ella sino a pesar de ella; no nos engañenos, nuestro
progreso, más ficticio que real, se lo debemos a la Unión Europea; decir que
las autovías, las líneas de AVE, el embellecimiento de las ciudades y pueblos
se lo debemos a esta Constitución o a la monarquía borbónica, es más
afirmación de un charlatán de feria que de una persona consciente de lo que
dice.
Treinta años después, esta Constitución hace aguas por todas partes. Resulta
ridícula para las naciones históricas de este país que ven asfixiados todos
sus intentos de respirar en sus comunidades un aire que no sea el malsano que
emiten los partidos usufructuarios del poder en Madrid. Al día de hoy únicamente
tienen la solución de sentirse tiranizados por los mediocres del gobierno ó
bien lanzarse a la calle y que los masacren los que se dedican a estas cosas. Y
no sólo las comunidades autónomas importantes tienen graves problemas con esta
Constitución. Hay situaciones de todo tipo: Cámaras altas absolutamente inútiles,
sólo como asidero de políticos, infinidad de cargos públicos de nula gestión;
el Título II remodelarle a fondo porque es un escarnio para toda persona que se
considere ciudadano y contribuyente. En fín, todo lo que hay que hacer y no harán
jamás ni el PSOE ni el PP, partidos usufructuarios del poder que por una serie
de cincunstancias: sistemas electorales, intereses mediáticos, apoliticismo
ciudadano, se han metido como únicos invitados en el círculo vicioso de los
presupuestos generales del Estado y al ser partidos de derechas, obran como tal,
esto es, despreciando a los ciudadanos tanto a los que les votan como a los que
no les votamos y que representamos más de la mitad del electorado.
Me pregunto: qué podemos hacer los ciudadanos ante este círculo vicioso de auténtica
pesadilla; las televisiones basura sólamente sacan a Zapatero y Rajoy, y todos
sabemos que las televisiones basura desde el punto de vista de la información
política nacional e internacional son todos los canales en este país. Yo
he comprobado que muchísimos vecinos de mi ciudad no saben que hay otros
candidatos, aparte de que el PP y el PSOE son los únicos que les envían cómodamente
a casa los sobres con los votos ya preparados. Pues entonces uno se pregunta: ¿a
quién van a votar? pues al PP o al PSOE, eso está claro. Nadie protesta de la
monstruosa diferencia mediática que se concede a estos dos partidos con relación
al resto; Y viendo día a día la mediocridad de los líderes de estos
omnipresentes grupos, no creo que España camine bien yendo uncida a dos bueyes
de este calibre, de léxico repetitivo hasta la saciedad, de escasa retórica a
pesar de que lo único que requiere su oficio es hablar, no prometen nada porque
nada pueden prometer y menos que nada ilusión, sus campañas electorales las
hacen en base a sus electores naturales: las amas de casa de clase media
baja y sus maridos. Son patéticos en sus apariciones en programas de telebasura
porque se nota su insano egoísmo en estar allí para sacar el voto a ingenuas
mujeres a las que habrán olvidado antes de bajar las escaleras del canal de
televisión.
Más de la mitad del país nos encontramos, una vez más, con unas elecciones en
las que vencerá un partido de derechas al que no hemos votado, seguido por
otro, también de derechas al que tampoco hemos votado. Seguirán gobernando pésimamente
con una Constitución irrisoria pero, desgraciadamente, no podemos hacer nada.
Para la gente que les vota sólo existen ellos. Viva la televisión pública y
privada.
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