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Julio Anguita: La Transición fue una restauración borbónica
Antonio Gómez *
Estepona al Día 27 de Mayo de 2007
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Antonio Gómez: Las transformaciones políticas que se produjeron en la Transición política no afectaban la continuidad del sistema. El objetivo perseguido era que la izquierda antifranquista, es decir, los elementos situados la izquierda del PSOE, no buscaran su fundamento histórico y testimonial en la II República, en la legalidad rota tras el golpe de Estado. El franquismo no es una dictadura que finaliza con el dictador, sino una estructura de poder que se integra en la nueva monarquía. No se llega a producir una auténtica ruptura democrática. Que hombres procedentes del franquismo hayan protagonizado su reforma es la cristalización de un fenómeno: la continuidad de las estructuras del sistema socioeconómico anterior. |
Hoy
existe un cuestionamiento creciente de la Transición, hasta hace muy poco casi
unánimemente considerada como modélica. Hoy podemos decir que no fue una
historia felizmente ejemplar. Esa es una versión falsa de la Transición. La
democracia mejorable de la que disfrutamos se consiguió a costa de la
injusticia. Lo que la estricta justicia histórica dictaba a la muerte de Franco
era restaurar la única legitimidad posible –la republicana- liquidar cuanto
antes cualquier rastro de aquel régimen oprobioso y procesar a quienes lo
impusieron por las armas y por las armas lo mantuvieron durante 40 años. Se
partió de Fraga y se ha llegado a Fraga. Los medios de comunicación se han
encargado de divulgar un mensaje unidireccional sin posibilidad de contestación.
Julio Anguita: Yo recuerdo que en esta misma casa (sede el PCE de Córdoba)
recibimos la noticia de que la dirección del partido había decidido aceptar la
bandera y la monarquía. Yo estaba aquí. Nos reunimos unos cuantos, echamos
pestes y después aceptamos. Asumimos y fuimos disciplinados. Yo, que salí a
pedir el voto para la Constitución, tengo que decir que me equivoqué. Hubo
errores, por parte nuestra, ingenuidades y otras cosas más feas, hubo de todo,
una panoplia de actos. Pero en nosotros sí quedó un poso de cuestionamiento.
A. G. El régimen de Franco no fue derrotado, sino que se autotransformó en una
democracia otorgada por las fuerzas sociales dominantes y sus representantes políticos.
De hecho, cuando a partir de la primavera de 1976 el Partido Comunista renunció
al enfrentamiento político frontal y a las manifestaciones en la calle, al
poder heredofranquista le resultó fácil negociar consigo mismo.
J. A. La Transición fue ni más ni menos que hija de una correlación de
fuerzas, pero también de que la izquierda quería ser legalizada, quería ser
normal. Es que si no hubiese sido así hubiese continuado la dictadura, suelen
decir. Pues no, los poderes económicos, que son los que mandan, sabían que no
podían seguir con una dictadura cara a entrar en la Unión Europea, la CEE
entonces. Lo tenían clarísimo. Pero eso no se quiso ver, no se pudo o no se
supo. Yo voy a intentar hacer un apaño, porque en su día seré más riguroso
con el tema. Creo que cometimos un error, pero eso se pudo corregir cuando los
pactos de la Moncloa. Esos pactos fueron el segundo fallo que tuvimos, porque en
el momento en que no se cumplieron, que fue en seguida, tuvimos que haber salido
a la calle a movilizarnos, y no lo hicimos. El tercero fue ir al rey el día
después del golpe de Estado que triunfó el 24 de febrero, cuando todos los
responsables parlamentarios van a la Zarzuela para que el rey y la reina, como
reina madre, como una gallina clueca los acoja, y llegan a determinados acuerdos
personales. A mí siendo secretario general del PCE me lo han recordado y yo
siempre digo que en las actas del partido esos acuerdos no figuran. Serían
compromisos que algunos dirigentes tuvieron, eso es otro problema. Lo que pasa
es que la Transición fue una chapuza, tente mientras cobro. Y ahora está
saliendo todo aquello que no se resolvió. Yo vengo ya tiempo diciendo que esta
Constitución no es la mía y por tanto si alguna vez fuese cargo público, que
no lo voy a ser, pero si lo fuese, no la prometería sin añadirle “por
imperativo legal”. Esta no es mi Constitución. El apoyo a la constitución
fue simplemente la disciplina de partido. Mi apoyo era: esto se ha acordado, no
hay otra salida, pero no lo hacía con entusiasmo, porque no podía hacerlo con
entusiasmo. Y esta es la situación en la que estamos, lo que pasa que para
preparar la reforma de una constitución hace falta tener la suficiente cantidad
de apoyos para que se haga una constitución distinta. Porque una cosa es la
constitución formal, con sus artículos, y otra la constitución material, y
esta segunda está hoy soportada sobre los grandes poderes económicos. ¿Qué
quieren cambiarla? Pues es posible, incluso desde la derecha. Siempre digo que
es más probable que la idea de una república, sin contenido democrático, es más
defendible por el PP.
A. G. ¿Por qué dice esto?
J. A. Pues digo esto en base a algunas informaciones que tengo y porque he
escuchado a altos cargos del PP. Una vez di una conferencia en Almería y fueron
a la cena políticos de todas las fuerzas políticas y dijo el alcalde (del PP)
que yo llevaba razón, que en el PP hay una corriente republicana muy fuerte.
Esto no se me cree. Eres más joven que yo, ya lo verás. El rey prefería a
Felipe que a Aznar, no porque Felipe fuera monárquico. El problema es que en
estos momentos la derecha sabe que para poder ganar tendrá que ofrecer un
caramelo y esa es la república, naturalmente, como dijo el alcalde de Almería,
no como la que dice Julio Anguita, evidentemente. Y puede que sea mañana,
dentro de 3, 4 ó 6 años, tengamos aquí una república desde la derecha y los
nuestros como tontitos irán con la bandera y será una república conservadora.
Yo cuando se habla de la república sin contenido me entran escalofrío, porque
¿para qué quieres la república?
A. G. Podemos decir que la Transición política española es la reforma diseñada
por una burguesía surgida del desarrollo capitalista del segundo franquismo
que, ante el temor a la posible radicalización del movimiento obrero, se
distancia de la vieja oligarquía latifundista e impone un cambio institucional
para seguir reteniendo el poder
J. A. Nadie diseñó nada. Ni hubo pizarra de Suresnes como dice Alfonso Guerra,
ni el rey pintó nada. El que tenía las ideas más claras hasta entonces era el
PCE que quería la democracia político y social en su manifiesto de 1975, la
ruptura democrática. Pero esa idea que era clara se vino abajo ante los hechos.
Primero se estableció entre las fuerzas políticas una pugna para ver quien se
legalizaba antes. El PSOE llegó a decir que no le importaba un pimiento que no
se legalizara el PCE. Entonces el PCE se asustó. Pero el PCE cometió el mismo
error con respecto a las fuerzas que estaban a su izquierda, me acuerdo del PT,
de la ORT, OIC, MC, etc. El PCE hizo lo mismo, no le importó legalizarse y
dejar a los otros. Todo esto fue verdad. En la constitución de IU cogimos a
toda la gente. Yo siempre he tenido claro que para mí el PCE es un instrumento
y que si algún día llegamos a una sociedad ideal y no está la hoz y el
martillo me importan tres leches. Porque he llegado al socialismo y si no llega
la hoz y el martillo pues que se la va hacer. Para mí la simbología es algo
puramente representativo y no quiero ser religioso, no quiero hacer una religión.
Que soy miembro del PCE está clarísimo, que he defendido que el PCE exista está
más claro, pero que para mí es un instrumento. Y si mañana yo encontrara
alguno mejor, a mi juicio, pues con mucho cariño me voy a otro, y esto lo saben
mis compañeros, pues siempre lo he dicho.
A. G. Muchos miembros del PP siguen afirmando que la dictadura es uno de los regímenes
que más han hecho por España. Existe una incapacidad por parte de la derecha
para aceptar del todo que el franquismo fue un sangriento cataclismo histórico
del que sólo cabe abjurar. La argumentación es la siguiente: En 1936 España
era un caos, Franco la salvó del comunismo internacional, logró 40 años de
paz y estabilidad y preparó el camino para la democracia.
J. A. Hombre, la derecha cómo va a tirar piedras a su tejado, si la derecha
vivió, medró, se sustentó, comió, bebió y fornicó con el franquismo.
Franco es un personaje mediocre, sin talento, malísimo militar, no hay nada más
que leer lo que decía de él Vicente Rojo, entre otros. Era un general
africanista que tenía que tener como compañero a quien tenía que tener, que
no era ni más ni menos que Milán Astray. Franco lo que hizo fue dar las
condiciones para que lo peorcito de España, toda la oligarquía encontrase un régimen
bendecido por la Iglesia católica. Puso la casa en orden para que otros señores
la ocuparan a condición de que no le tocaran el poder. Es decir, fue el gran
capataz que le dice a los señoriítos, yo voy a preparar esto para vosotros
pero yo soy vitalicio en el empleo. ¿Por qué no quiere la derecha recordar
aquello? Por una razón muy sencilla, porque la monarquía en ese sentido es
ilegítima. Las cortes constituyentes de la República en la noche del 20 de
noviembre a las 3 menos 10 de la madrugada, aprobaron una resolución por
unanimidad que declaraba desposeídos de todos sus derechos a Don Alfonso XIII,
cualquier ciudadano podrá aprender su persona si penetrase en territorio
nacional. Y queda desposeído de sus derechos para sí y de sus descendientes.
Lo que Franco hizo fue violentar una legalidad. Todo esto se ha montado sobre un
acto ilegítimo. El otro día recordaba en la presentación del libro que cuando
fui elegido alcalde, pidió la palabra un concejal del PSOE, González Barrero,
que dijo las siguientes palabras: “queda restablecida la legalidad
republicana, perdón, la legalidad, en el Ayuntamiento de Córdoba, queda
restablecida”. Todo se ha montado sobre un acto de fuerza y eso no lo quiere
reconocer la derecha, no por el monarca, sino porque le quita toda la
legitimidad al chiringuito de la Transición. Está caro.
A. G. Fue necesario que todo cambiara para que todo siguiese igual. Si al final
conseguimos construir un relato del pasado (la Transición) como una monstruosa
traición de cobardes o como una imposición de fuerzas ocultas, estaremos
legitimados para, en el presente, acabar con la ley de punto y final, eso que ha
venido a llamarse “espíritu de la transición”. Nuestro presente político
está condicionado por los pactos y componendas habidos entre el viejo régimen
y la entonces denominada “oposición democrática”. ¿Cómo se anula esa ley
de punto y final?
J. A. En España existe un concepto que se llama ruptura democrática. Y es una
señora que coges y la tiras, la sacas por la puerta, le das una patada y entra
por la ventana. Si la tiras por la ventana, te entra por otra. Sobre la historia
de España, dijo Castelar que es el único país que ha cansado la historia,
siempre lo mismo. Y es verdad, es la misma historia. En la historia de España
no ha habido ningún momento en que entremos en la modernidad, en Francia sí,
la revolución francesa, en Gran Bretaña también, aquí no. Aquí las
libertades siempre han sido otorgadas, dadas por el poder, con un pueblo muy
influenciado por la iglesia, que gritó vivan las cadenas a Fernando VII. La
Iglesia ha impuesto que no se piense libremente. Solamente hay un momento donde
se dan los inicios de la ruptura, el 14 de abril de 1931. Pero eso fue abortado
quirúrgicamente. Qué pasará con la transición, pues que tendremos que asumir
que aquí tiene que haber una ruptura con el XIX, porque el XIX todavía está
ahí y asumir eso es la III República, es la ruptura que no hemos tenido, la
modernidad. La gente confunde modernidad con el frigorífico, la lavadora y el
Internet. Eso son avances técnicos, la modernidad es el cuestionamiento de los
valores, la centralidad humana, la solidaridad, la democracia tal como es, el
sentirse ciudadano, eso será la tercera republica.
A. G. No sé si ha leído el libro de Joan Garcés “soberanos e
intervenidos”.
J. A. Lo he leído y he dormido con él, lo he puesto debajo de la almohada…
A. G. Joan Garcés explica que la Transición al franquismo se preparó al término
de la Guerra Civil y fue dirigida por EEUU. Franco se presentó como único
freno al expansionismo de Stalin. Para EEUU los objetivos principales en España
radicaban en utilizar militarmente sin trabas su territorio y configurar un
sistema económico conforme a parámetros sociopolíticos favorables a los
objetivos de EEUU.
J. A. Hay también otro libro, que es el que ha dirigido el profesor Juan Ramón
Capella que se llama “Las zonas oscuras de la transición”. Es un conjunto
de estudios que ha dirigido este señor, donde dice eso y añade un dato. Se ha
desclasificado un papel de julio de 1945 de los archivos americanos en donde ya
se propone que al final haya un relevo pacífico, una transición pacífica con
dos partidos, uno socialista y oro demócrata. Ellos no tienen referencia sobre
el PSOE. Hablan de partido socialista, entendiendo por ello socialdemocracia, no
atribuían al PSOE ninguna cosa. En el año 70, la corona, como así dijeron los
embajadores que fueron a visitar a tres dirigentes del PCE, a saber, Antonio
Gutiérrez Díaz, ya fallecido; Solí Barberá, fallecido; y Juan Ramón
Capella. En nombre de la corona, fue Areilza a preguntarles si aceptarían que
el PCE en una primera fase no se legalizase y sí se legalizasen las demás
fuerzas políticas y después se legalizase el PCE. Ya empezó la especulación
con eso, ese fue el caballo de batalla. A veces eso explica las prisas del PCE
viendo lo que podría suceder. No estoy exculpando a nadie. Yo lo viví como
secretario de la junta democrática de Córdoba y después de la Plata junta.
A. G. El golpe del 23 de febrero fue el golpe de Estado fracasado más exitoso
de la Historia. Se ha especulado mucho sobre el 23-F. Yo creo que lo que en
realidad se buscaba era la formación de un gobierno de concertación nacional
presidido por un militar, el general Armada. Para la formación de ese gobierno
circuló una lista donde Felipe González y Carrillo aparecían como ministros.
J. A. No, Carrillo no. Felipe González sí, y Ramón Tamames también. El PCE
no estaba al tanto de la operación. Carrillo estaba mal visto por los militares
golpistas a causa de la atribución de los sucesos de Paracuellos del Jarama.
A. G. La prensa (EL PAIS, 15-3-1981) comentó, sin que fuera desmentida, que
españoles comprometidos con el golpe militar consultaron su intento con
colaboradores de Ronald Reagen entre noviembre de 1980 y febrero de 1981,
recibiendo promesas de ayuda. Durante el golpe del 23–F, Ronald Reagen se
encontraba en Madrid. Mientras Tejero tenía secuestrados a ministros y
diputados, en Washington el Secretario de Estado, general Haig, comentaba a los
periodistas que “se trataba de un asunto interno de España”. Resulta
curioso que desde el final de la Guerra Civil, EEUU prepara la Transición y
ahora dice que es un asunto interno de España.
J. A. Yo te puedo contar muchas cosas que viví. En el PAIS se publicó una
entrevista a Ramón Tamámes, el año anterior al golpe de Tejero, donde dice
que hace falta un gobierno al frente del cual está un militar que ponga orden,
que esto se oriente. Ahí a Carrillo creo que lo engañaron. Hay una cena a la
que asiste el alcalde de Gerona, el actual defensor del pueblo Enrique Múgica y
altos cargos del PSOE, donde esa idea empezó a circular. Circuló y la
estudiamos con preocupación, la conocíamos perfectamente. Es más, tuve que ir
a dar otra conferencia al siglo XXI y había una señora, una tal Casiana, una
condesa de no sé que, que tenía una finca y estableció negociaciones con el
ayuntamiento sobre el tema de expropiación-urbanización. Eso lo llevaron el
delegado de urbanismo y cuando llegué al siglo XXI, el presidente era su marido
que era coronel jurídico del ejército. Y cuando me acompañó al siglo XXI le
pregunté por lo de Milanch del Bosch…. Y me dijo: “no, si juanito es
inofensivo”. ¡Joder con juanito! Todo aquello existía y había una
preocupación por cómo se producían las cosas, pues los militares que pesaban
amenazaban. Lo que pasa que ellos amenazaban porque sabían que al final se podía
claudicar, ya no tenían fuerzas, hubiesen sido desautorizados en Europa. El único
interés que tenía EEUU era mantener las cosas dentro de un orden. Todavía
existía la guerra fría y tenían miedo de que aquí hubiese unas veleidades
revolucionarias, sobre todo porque en cartas del rey, en las que le pide 10
millones de dólares al SAR de Persia (está recogido en el libro “El negocio
de la libertad”), para la campaña de la UCD y el rey también le manifiesta
que está preocupado por la revolución de los claveles. Y dice, “aquí puede
ser peor”. Pero es que, pasado los años, Miguel Roca, cuando habla de la
constitución (de esto hace ocho años) dice que ellos pusieron aquello de la
planificación de la economía porque estaba cerca la revolución de los
claveles. La revolución de los claveles los tenía mosqueadísimos, asustados.
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Antonio Gómez Villar es estudiante de filosofía en la Universidad de Málaga (UMA)
y candidato de Izquierda Unida a las próximas elecciones municipales de Coín.
e-mail: antofleki@hotmail.com