Blog III república 28 de Junio de 2007
¿Recuerda alguien la nacionalidad de los muertos en cualquier otro
accidente laboral? ¿Han sido publicadas (en la portada o en un breve) las
edades de los fallecidos? ¿Entrevistaron en la radio a alguno de sus
familiares para preocuparse por su estado? ¿Realizaron algún funeral de
Estado? ¿Asistieron a funeral alguno los príncipes y princesas, el
presidente del gobierno o siquiera el concejal de obras de turno? ¿Se
preocupó alguien de cómo mejorar las condiciones de seguridad laboral
aunque ello fuera infinitamente más barato que la colocación de
inhibidores de frecuencia en carros de combate? ¿Hubo alguna sesión
extraordinaria en el Parlamento (estatal o autonómico) o acaso en algún
ayuntamiento para discutir lo sucedido?
La respuesta a todas esas preguntas es 'no': los miles de muertos en
accidente laboral de los últimos diez años han merecido un silencio casi
universal, por lo que sólo cabe hacerse una pregunta más: ¿qué hace que
las muertes de soldados haciendo su trabajo en el Líbano cobre esta
desmesurada importancia que no se le dio a todos aquellos trabajadores que
también murieron en el tajo? No se
me ocurren respuestas que no sean especulativas: quizás un nacionalismo
español al que le preocupa más su ejército que sus ciudadanos, quizás el
poder económico que necesita que no nos tomemos en serio el problema de la
siniestralidad laboral,... Todas las respuestas que se me ocurren son
dudosas.
Acaso los lectores tengáis respuestas que yo no alcanzo a una pregunta que
se me antoja evidente.