Alameda,
5. 2º Izda. Madrid 28014 Teléfono:
91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04
|
|
ZP
en el País de las Maravillas
Luis de Velasco
La Estrella Digital 28 de Abril de 2007
El poderoso mensaje de los símbolos, de las imágenes. No fue en el Congreso ni en el Consejo Económico y Social, ni siquiera ante las Cámaras de Comercio o la CEOE. El presidente del Gobierno presentó su primer informe sobre la economía española en la Bolsa de Comercio, ante un muy selecto auditorio de los máximos directivos de las principales empresas españolas. Si hay un institución representativa del capitalismo es, hay acuerdo unánime, una bolsa de valores. Como dijo un cronista en un destacado medio, la presentación se hizo ante “la sociedad civil”, concepto que lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Si entre los asistentes descontamos a los periodistas y a ministros y altos cargos, la renta per cápita del resto es sensiblemente superior a la nacional. Calificarlos de “la sociedad civil” resulta algo arriesgado o empalagoso. Pero así están las cosas. Cuando, en 1982, el PSOE empezó a gobernar, lo que hoy es la flamante Oficina Económica del presidente era algo mucho más modesto y dirigida por un economista y militante socialista. Con Zapatero, la dirige un ex BBV que ha sustituido a uno similar. Seguro que son profesionales muy capaces pero con unas determinadas ideas, por ejemplo la última de ellas preguntarse por qué existen los impuestos sobre el patrimonio y sucesiones. Ejemplos de una deriva ideológica del PSOE iniciada desde el comienzo de su primer Gobierno y acelerada sensiblemente en los noventa hasta llegar donde estamos.
Sería pedir peras al olmo que el informe presentado hubiese sido medianamente crítico. Es justo reconocer que hace algunas críticas (a datos que están ahí y son bien conocidos) y sería sectario no reconocer que ha habido logros en el devenir económico de estos años, no sólo bajo el actual gobierno. Pero lo que también está claro es que el actual crecimiento económico, basado sobre todo en el ladrillo y el cemento, lleva dentro las semillas de su fracaso y que están empezando a salir a la luz. Como han destacado acreditados medios extranjeros, este crecimiento tiene pies de barro.
El “modelo” tiene efectos nocivos en los planos económico, social y ambiental. En lo primero porque, como es bien sabido, se basa en muy baja productividad y competitividad, en masiva incorporación de mano de obra sobre todo inmigrante con salarios un treinta por ciento inferiores al ya bajo promedio y condiciones precarias de contratación y con preeminencia de la construcción que supone un 28 por ciento del PIB, muy por encima del promedio de la UE. El indicador más gráfico de la baja capacidad de competir de la empresa española, no el único, es los dos déficit exteriores, los más altos del mundo en términos del PIB. El esquema tiene algo de cuerda todavía pero no puede sostenerse así. Lo veremos en el corto plazo.
La distribución de la riqueza y de la renta en nuestro país es cada vez más injusta. No abundan los datos estadísticos al respecto, lo que es ya un síntoma de algo que se quiere ignorar, y este reciente informe es un buen ejemplo. Un solo dato: la participación de los sueldos y salarios en el ingreso nacional sigue descendiendo año a año frente los beneficios empresariales. Eso a pesar de que hay cada vez más asalariados y de que en este sumando entran grandes y crecientes sueldos, a nivel americano, de altos ejecutivos. Pero esto, como no sale a la luz, no existe y no preocupa porque una parte creciente de estos sectores que no llegan a fin de mes, que tienen salarios y pensiones de vergüenza, de ese veinte por ciento de ciudadanos que viven en la pobreza absoluta o relativa, no votan, están “fuera”.
Este crecimiento, basado en gran parte en el “tsumani urbanizador”, tampoco es sostenible si queremos preservar nuestros recursos naturales y respetar a las futuras generaciones, aparte de los efectos nocivos en los valores y los comportamientos éticos. Está claro que hay muchos intereses y muy poderosos en mantener esta situación, intereses que, como siempre, se escudan en la preservación de puestos de trabajo y en el “bien común”.
Poco de esto aparece en el informe. Cuando se vive en la ensoñación y una gran parte de la realidad se fabrica desde el poder y sus medios de comunicación satélites, no vale la pena bajar a la realidad, describir los problemas y encararlos. A eso parece referirse la frase de James F. Clarke que, paradójicamente, abre el informe.