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V de vota y participa

Hugo Martínez Abarca

Blog III República 27 de Mayo de 2007

 

Hoy hay una cosa muy extraña que se llama "jornada de reflexión". Suponemos que reflexionar durante los tres años y 364 días restantes contraviene la ley electoral. Del mismo modo que votar mañana es asumido por algunos como la forma de abdicar de hacer política el resto de la legislatura.


Supongo que esto último es lo que ha llevado a algunos (que por otra parte participan tranquilamente con los partidos en protestas concretas, sin que les salgan escamas) a llenar Madrid (¿otras ciudades también?) de pegatinas pidiendo que no se vote, porque todos son iguales y todos son corruptos. Ayer, mientras el alcalde de Seseña se enfrentaba al Pocero, el alcalde de Cieza (el pueblo del hombre-anuncio de la constructora Polaris) aprobaba un Plan General de Urbanismo ¡dos días antes de saber si sigue como alcalde o no! Decir que todos son iguales y que todos son corruptos no es propaganda de la abstención electoral, sino que es una incitación a la abdicación intelectual: es una renuncia al pensamiento crítico del mismo grado que afirmar que todos los movimientos sociales están compuestos por trepas que acaban en las ejecutivas de los partidos políticos. Pues mire, no, examinemos caso a caso y no difamemos genéricamente. Que para eso tenemos un cerebrito.


Tengo una sensación ambigua hacia la abstención. Por una parte, me parece absolutamente legítima, especialmente aquella abstención que parte de un juicio crítico con la realidad política (del mismo modo que me resulta interesante el voto que parte de la reflexión y no el inercial: en todo caso cuentan lo mismo y me alegro) y considera que lo mejor que puede hacer es no votar como forma de expresar algo: cuando he leído a abstencionistas de este tipo no he compartido sus argumentos, pero les ofrezco mi respeto más profundo.


Hay otra forma de examinar la abstención, en cambio, que me resulta muy reveladora y preocupante: está más que estudiado que la abstención es inversamente proporcional a la renta, por lo que los más ricos siempre están más representados que los más pobres. La abstención, en conjunto, favorece a las fuerzas políticas que más vayan a fortalecer al poder económico (las que más favorezcan la especulación inmobiliaria, por ejemplo) y perjudicará a las que tuvieran en mente luchar por resolver los problemas sociales (haciendo una política de vivienda decente, por ejemplo). Este tipo de análisis me hace, muchas veces, ser partidario de que el voto sea obligatorio, pero que los votos en blanco y nulos sean representados con escaños vacíos durante toda la legislatura.


Tengo muy claro que ni hoy es un día para reflexionar más que ayer o que mañana, ni mañana es un día para participar más ni menos que hoy o que mañana. En las elecciones tenemos una de las muchas formas de participación en política. Desde luego no es la única ni, necesariamente, la más importante; pero resulta muy extraño que algunos de quienes más participan todos los demás días, quienes ofrecen su juicio crítico en cada manifestación, en cada actividad social, decidan que justo mañana van a ser quienes menos participen.


Votemos, precisamente porque ésa es sólo una forma más de ayudar a que cambien las cosas. Votemos para que el lunes se acuerden de nosotros; para que el martes nos tengan que tomar en cuenta. Para que no les dé igual nuestro cabreo.

 

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