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El pulso con ETA es titánico.
El diario Le Monde lo interpreta diciendo que Zapatero camina
sobre un alambre. Pero esta expresiva imagen es por sí sola insuficiente para
reflejar la dificultad real de lo que tiene entre las manos el presidente del
Gobierno. Zapatero no solo camina sobre un alambre, sino que el poder
judicial español sopla y ha desencadenado un verdadero temporal de viento
huracanado en torno al presidente, el Partido Popular mueve ostensiblemente el
cable y ETA no acaba de desconectar la electricidad que todavía circula por ese
conducto metálico.
En estos momentos, lo único que juega a favor de que persista --no ya que
avance-- el proceso de paz, es que ETA, pese a sus presumibles tensiones
internas, no ha vuelto a matar. Pero muchos pensamos que cada vez hay más
personas poderosas que, queriéndolo o no, multiplican de hecho las palabras y
gestos que pueden acabar convenciendo a los asesinos de que es imposible un
final que sea simplemente su derrota y no una gran humillación. La tenaza que
constituyen determinadas zancadillas políticas y pasos judiciales radicales o
extremistas aprieta cada vez con más fuerza el alambre.
EL PARTIDO Popular cree que tiene derecho a demostrar como sea que sin su
asentimiento no acabará la violencia, ni siquiera si el Gobierno y ETA quieren
hacerlo. Tras el anuncio etarra de que se interrumpían los atentados, parecía
confiar en que los hechos --los protagonizados por el Gobierno y los etarras--
le darían por sí solos la razón, pero luego ha desencadenado una política
declarativa que se ha convertido en una presión factual complementaria, en un
hecho añadido, que condiciona al proceso mismo.
El primer paso de la estrategia popular fue intentar que la opinión pública
olvidase que cuando Aznar gobernaba hizo algunas concesiones verbales y
carcelarias a ETA para intentar dinamizar unos procesos de paz que no llegaron
siquiera a arrancar. El segundo fue predicar que ahora cualquier concesión
verbal o carcelaria sería una alta traición de Zapatero. El tercero, señalar
que el Gobierno socialista ya ha bajado la cabeza ante ETA y transige a sus
demandas. Las repetidas llamadas a Zapatero para "que ponga la ley
por encima de sus intereses particulares" encierra el mensaje subliminal de
que no lo hace, y considerar "una indignidad que el Gobierno acepte el
chantaje de ETA" es una manera como otra cualquiera de insinuar que se está
produciendo. Y temo que también haya dado un cuarto paso: animar implícita o
explícitamente a su entorno mediático y judicial para que simplemente no haya
una paz sin el PP de por medio.
Zapatero únicamente ha hecho tres cosas: aceptar unos contactos
oficiosos para encarrilar las cosas, reiterar públicamente que el Gobierno se
ceñirá a la legalidad en todos los movimientos que haga en este tema, y decir
que está dispuesto a abrir unas conversaciones formales si previamente Batasuna
condena explícitamente la violencia. Como Zapatero cumple esta hoja de
ruta y Batasuna, que debe protagonizar la primera renuncia, no acaba de dar el
paso, el proceso ha quedado estancado. El entorno etarra ha querido desatascarlo
presionando al Gobierno español con la reaparición de la kale borroka,
pero la Moncloa no se arruga, continúa la actuación policial y judicial
ordinaria contra ETA y la partida de póquer sigue adelante.
EN ESTAS ha llegado la actuación judicial extraordinaria. Cargar contra el
etarra De Juana Chaos, que estaba en situación técnica de cumplir el
resto de su condena fuera de la cárcel, era algo cogido por los pelos según
muchos criterios jurídicos, pero pedir para él otra pena de 96 años por unas
amenazas constituía un desafuero y una provocación. Sabiendo las penas que se
dictan en España por muchos delitos socialmente más graves que las amenazas,
la nueva condena final de 12 años a este sujeto tampoco parece una decisión
que vaya a pasar a los libros de las mejores sentencias indiscutibles.
SI ZAPATERO hace honor a su conocida tozudez, el proceso de paz continuará
salvo en el caso de que ETA vuelva a matar. Pero cada vez está más claro que
este proceso será larguísimo y tendrá bastantes momentos duros como el
actual, en que ha rebrotado la kale borroka. Batasuna, primero, y luego
ETA, tendrán que ceder, si es verdad que ya saben y aceptan que la muerte no es
el camino hacia nada. Pero el proceso precisa asimismo que el PP cambie de
estrategia en este asunto, y que los medios judiciales cumplan con sus
obligaciones sin cruzarlas con ningún considerando político. Hay que perder
cierto tiempo para ello.
Porque si desde estas dos esferas no se actúa así, este país prolongará aún
más tiempo el desgaste de este problema. En Irlanda del Norte un sondeo acaba
de revelar que a sus ciudadanos les quedan posiblemente aún bastantes años de
resentimientos antes de que psicológica y políticamente superen lo que les ha
causado su terrorismo. Y van por delante de nosotros.
*Periodista.