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A Marlaska lo ovacionan Acebes y los copelares

Verdad de Perogrullo: si los de ETA/Batasuna fueran demócratas no habría habido violencia ni ahora diálogo

Enric Sopena

El Plural 28 de Mayo de 2006

Aquí, hace tres años que ETA no mata y desde el alto el fuego permanente no ha llevado a cabo atentado alguno. Se ha terminado, al 95 por ciento o más, la kaleborroka. A los empresarios vascos y navarros apenas les “llegan cartas con sabor amargo, con sabor a lágrimas (…) con olor a espinas”, como decía aquella cancioncita ramplona que popularizaron Julio Iglesias y Raphael hace unos años. En ninguna de las treguas anteriores se habían aunado tantas condiciones favorables como sucede en la actualidad.

Pero algunos –demasiados-  parecen empeñados en buscarle  al actual proceso de paz los tres pies al gato. Daría la impresión de que, aunque no sea probablemente verdad, y ellos lo nieguen, ciertos influyentes sectores de la sociedad española estuvieran esperando que se hundan de una vez los puentes –todavía frágiles- de la concordia. Así, por ejemplo, el juez Grande-Marlaska –que cada día se aproxima más al estrellato judicial, al estilo Garzón o, si se prefiere, Gómez de Liaño- ha ampliado el auto para interrogar sobre nuevos presuntos delitos a ocho dirigentes de Batasuna, lo que se efectuará entre los días 31 de mayo y 1 de junio.  Ahora les acusa además de “amenazas terroristas”.

Los copelares     
A Marlaska lo ovacionan Acebes, como hizo ayer mismo este popular sheriff de las mentiras, los copelares –síntesis última entre la COPE y el PP, acuñada por el colega  Eduardo Sotillos- y  el resto de medios afines a Génova y/o a FAES. Mientras, el infatigable diputado Jaime del Burgo (UPN), cuando descansa siquiera unos minutos de sus  intensas averiguaciones sobre la autoría del 11-M, donde busca a ETA hasta por   debajo de la mesa, se dedica a denunciar a Otegui y compañía ante la Fiscalía del Estado por haber presentado en Pamplona la comisión negociadora de Batasuna.

Verdad de Perogrullo
No está dispuesta a entender, la derecha de este país, una verdad de Perogrullo. Los terroristas y sus acólitos políticos  -o sea, ETA y Batasuna- no son ni hermanitas de la Caridad, ni seguidores de Santa Teresa de Calcuta, ni devotos de Ghandi, ni de Martin Luther King. Si lo fueran –o simplemente fueran demócratas- no habrían matado a nadie, y menos desde la amnistía de 1977, ni habrían extorsionado, secuestrado, amedrentado como han hecho durante décadas sin contemplaciones, derramando por España cruelmente ríos de sangre inocente. Si lo fueran, no habría habido alto el fuego permanente. Tampoco, obviamente, estaría abierta la posibilidad de diálogo para terminar con la violencia. Sencillamente, no habría habido violencia. Ni en Euskadi ni en el resto de España.

Tan gratificante como imposible   
Claro que sería muy reconfortante que estos pretendidos gudaris , que no lo son, se comportaran en estos decisivos momentos como si fueran miembros exquisitos de la Cámara de los Lores o eruditos catedráticos  del Estado de Derecho. Sería tan gratificante como imposible. Si en el bando de los pacíficos –que no han apretado el gatillo jamás- hay tantas gentes disconformes con la estrategia pacificadora que impulsa el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, y no hacen otra cosa que amontonar obstáculos para que se archive el diálogo, aun a riesgo de regresar a la estremecedora fase denominada militar, ¿qué no estará aconteciendo en el universo del abertzalismo más radical, en el que se alinean numerosísimos fundamentalistas dispuestos a imponer por la fuerza más brutal sus ensoñaciones independentistas y, en buena parte,  étnicas?
                                              
Fuertes divisiones internas
Hay tanto odio, tanto resentimiento acumulado, tanto rencor y, por otra parte, tantas contradicciones internas –con fuertes divisiones que bordean el cisma- que pensar a estas alturas que ETA/Batasuna es  un ejército disciplinado y férreo –¡como aquel que llegó a asesinar  en 1986 a Yoyes por disidente!- supone un ejercicio casi de ciencia-ficción. Batasuna ha de saber –como ha recordado el ministro del Interior, Alfredo Rubalcaba- que existen unas reglas que han de ser cumplidas.  Pero, en paralelo, habría que no desdeñar reflexiones como la siguiente, inserta en el editorial de El País de ayer: “La valoración política muy negativas de las declaraciones o actitudes de los dirigentes de Batasuna no tiene por qué traducirse en medidas judiciales contra ellos. La ley debe aplicarse de acuerdo con el contexto y realidad social del momento”.

Lo que es esencial
La legalidad no ha de transformarse en mero papel mojado. Pero no debe utilizarse tampoco como jarro de agua fría para paralizar las dinámicas que conduzcan al fin de la violencia. La legalidad no es unívoca, como sostienen los integristas de todo género, ni puede leerse cual dogma de fe. Las leyes se interpretan -se han interpretado siempre-  de modo distinto y diverso.  Es el momento de interpretar los códigos vigentes en clave fundamentalmente de búsqueda de la  paz. En ello están de acuerdo la mayoría de los españoles. Salvo quienes priorizan los cálculos electorales, los ajustes de cuentas pendientes y la batalla partidista desdeñando lo que, sin duda, es lo  esencial.

 

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