
Alameda,
5. 2º Izda. Madrid 28014 Teléfono:
91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04
Correo
No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
Trogloditas Trogloditas
del Ejército en España
Editorial del New
York Times 25
de Enero de 2006
Un principio básico de la democracia es que el ejército no reta públicamente
la legitimidad del
gobierno electo ni habla de que sus tropas marchen a la capital para dar la
vuelta a las decisiones del Parlamento. Pero eso es lo que ha ocurrido dos veces
este mes en España, cuya historia del siglo XX nos obliga a tomar esas amenazas
en serio, incluso aunque las posibilidades de que las palabras de los
insubordinados lleven a acciones de insubordinación parecen poco probables.
La respuesta del gobierno de centro-izquierda del Presidente, José Luis Rodríguez
Zapatero, ha sido adecuadamente firme, incluyendo el cese y el arresto de uno de
los que ha perpetrado esas acciones, un veterano general del ejército.
Lamentablemente, el partido de centro-derecha, el Partido Popular, el principal
grupo de la oposición parece más interesado en fabricar excusas para esos
oficiales que en defender el orden democrático en el cual tiene un papel vital.
El rápido y suave cambio hacia la democracia moderna tras la muerte de
Francisco Franco en 1975 hace fácil olvidar los horrores de la guerra civil y
la brutal dictadura que las precedieron. Esas pesadillas comenzaron cuando los
oficiales del ala derecha del ejército se rebelaron contra un gobierno de
izquierdas al que consideraban ilegítimo y demasiado considerado hacia las
regiones separatistas.
La sociedad española, los políticos españoles y -en su mayor parte- los
militares españoles han recorrido un largo camino desde aquella era, moderando
sus puntos de vista y profundizando su compromiso con el toma y daca de la
democracia. Pero el Partido Popular está teniendo difícil superar su derrota
electoral hace dos años, días después de los atentados terroristas de los
trenes de Madrid. Nunca ha aceptado realmente la legitimidad democrática de
aquella votacióin. Ha llegado el momento de que el Partido Popular se mire
hacia adelante. La democracia española realmente necesita y merece un vigoroso
apoyo bipartidista.